miércoles, 21 de septiembre de 2011

Capitulo 61

Hola a todos, ha pasado un tiempo desde el capitulo pasado, me da mucho gusto al fin subir este gracias a Marcelo!! ya que por segunda vez  nos dejaron estos dos capitulos asi sin mas, ya que hay doble capitulo no me extendere mucho mas por que tambien se que ya querran leer :) Bueno muchas gracias Marcelo n_n
 
Capítulo 61
Ortiga muerta

Despues de mi viaje a Severen, deposité el estuche del laúd en mi habitación y me dirigí a las habitaciones privadas de Alveron lo más rápido posible. Stapes no estaba contento de verme, pero se mostró con la eficiencia animada de siempre.
    Alveron estaba tendido en un estupor sudoroso, sus ropas de cama retorcidas en torno a él. Fue solo entonces cuando note qué estaba más delgado. Sus brazos y piernas eran filamentosos y su tez se había desteñido de pálido a gris. Me fulminó con la mirada cuando entré en la habitación.
    Stapes organizó las cubiertas del Maer en una forma más modesta y le ayudó a sentarse, apoyándolo con almohadas. El Maer toleró estos cuidados estoicamente, luego dijo, —gracias, Stapes, —en un tono de despedida. El sirviente partió despacio, dándome una fija mirada descortés.
    Me acerqué a la cama del Maer y saque algunos artículos de los bolsillos de mi capa. —Encontré todo que necesitaba, su merced. Aunque no todo lo que yo esperaba. ¿Cómo se siente?
    Me dio una mirada que decía mucho. —Te tomó mucho tiempo volver maldita sea. Caudicus vino en tu ausencia.
Luché contra una ola de ansiedad. — ¿Qué ocurrió?
—Me preguntó cómo me sentía y yo le dije la verdad. Él miró mis ojos y en mi garganta y me preguntó si había vomitado. Le dije que sí, y que quería más medicina y estar a solas. Se fue y envió un poco más.
Sentí un aumentar mi pánico. — ¿Usted lo bebió?
—Si hubieras estado mucho más tiempo fuera lo habría hecho y al diablo con sus historias de hadas. — Sacó otro frasco de debajo de su almohada. —No puedo ver el daño que podría hacerme. Ya puedo sentirme moribundo. — Lo empujó hacia mí con rabia.
—Yo debería ser capaz de mejorar las cosas, su merced. Recuerde, esta noche será la más difícil. Mañana será malo. Después de eso, todo debería estar bien.
—Si vivo tanto tiempo como eso—se quejó.
Sólo fue la queja caprichosa de un hombre enfermo, pero reflejaba mis ideas tan precisamente que el hielo me recorrió mi espalda. Anteriormente, no había considerado que el Maer podría morir a pesar de mi intervención. Pero cuando lo miré ahora, débil, gris y tembloroso, me di cuenta de la verdad: podría no sobrevivir la noche.
—En primer lugar, tenga esto, su gracia. —Saqué el frasco de bebida alcohólica.
— ¿Brandy? —dijo con anticipación en silencio. Negué con la cabeza y lo abrió. Arrugó su nariz por el olor y se hundió hacia atrás en las almohadas. —Los dientes de Dios. Como si mi muerte no fuera suficientemente mala. ¿Aceite de hígado de bacalao?
Asentí seriamente con la cabeza. —Tome dos buenos tragos, su gracia. Esto es parte de su cura.
No hizo ningún movimiento de tomarlo. —Nunca he sido capaz de soportar estas cosas y últimamente incluso vomito mi té. No me pondré a través del infierno bebiendolo solamente para enfermar y volverlo.
Asentí con la cabeza y volví a tapar el frasco. —Le daré algo para detener eso. — Había una olla de agua en la mesita de noche y empecé a preparar una taza de té.
Estiró débilmente el cuello para ver lo que estaba haciendo. — ¿Qué estás poniendo en eso?
—Algo que le impida estar enfermo y algo para ayudarle a pasar el veneno de su sistema. Un poco de láudano para aliviar su ansiedad. Y té. ¿Su merced toma azúcar?
—Normalmente, no. Pero supongo que esto sabrá a agua de raíz sin ella. —Añadí una cucharada, lo agité y le entregué la taza.
—Tu primero, —dijo Alveron. Pálido y triste, me miraba con sus ojos grises afilados. Esbozó una sonrisa terrible.
Dudé, pero sólo por un momento. —A la salud de su merced. — dije y bebí un buen trago. Hice una mueca y añadí otra cucharada de azúcar.
Su merced lo predijo muy bien. Esto es agua de raíz.
Tomó la copa con ambas manos y comenzó a beber en una serie de rápidos tragos, decididos. —Terrible, —dijo sencillamente. —Pero es mejor que nada. ¿Sabes lo que es un infierno de sed, pero no poder beber por miedo a vomitar? Yo no se lo deseo ni a un perro.
—Espere un poco para terminarlo, —le advertí—.Eso debería mejorar su estómago en unos pocos minutos.
Fui a la otra habitación y añadí el nuevo frasco de medicina a los alimentadores de los revoloteadores. Me sentí aliviado al ver que seguían bebiendo a sorbos en el néctar medicinal. Me había preocupado de que pudiera evitar beberlo debido a un cambio en el sabor o un instinto natural de auto-preservación.
También me preocupaba de que el plomo no pudiera ser tóxico para los colibries. Me preocupaba que pudiera tomar un período en mostrar algún efecto adverso, apenas unos días me preocupaba en el temperamento creciente del Maer. Me preocupaba su enfermedad. Me preocupaba su enfermedad. Me preocupaba por la posibilidad de que podría estar equivocado acerca de todo lo que había supuesto.
Volví a la cama del Maer y lo encontré sosteniendo la taza vacía en su regazo. Mezclé una segunda taza similar a la primera y la bebió rápidamente. Luego nos sentamos en silencio por espacio de quince minutos aproximadamente.
— ¿Cómo se siente, su merced?
—Mejor, —admitió a regañadientes. Detecte un ligero embotamiento en su habla—. Mucho mejor.
—Eso es, probablemente el láudano, —comenté. —Sin embargo, su estómago debería estar mejor por ahora. —Cogí el frasco de aceite de hígado de bacalao—. Dos buenos tragos, su merced.
— ¿Es esto realmente lo único que debo hacer? — preguntó con disgusto.
  —Si tuviera acceso a las farmacias cerca de la universidad, podía encontrar algo más digerible, pero por el momento éste es lo único que se puede hacer.
—Consigue otra taza de té para pasármelo. —Cogió el frasco, tomó dos sorbos y me lo devolvió, su boca trocada en una horrible expresión.
Suspiré interiormente. —Si usted va a sorberlo, estaremos aquí toda la noche. Dos tragos sólidos, de la clase que los marineros utilizan para beber whisky barato.
Frunció el ceño. —No me hables como si fuera un niño.
—Entonces, represente el papel de un hombre, —le dije con dureza, anonadándolo al silencio. —Dos tragos cada cuatro horas. Ese frasco entero debería estar terminado para mañana.
Sus ojos grises estrecharon peligrosamente. —Te recuerdo con quien estás hablando.
—Me dirijo a un hombre enfermo que no va a tomar su medicina, —dije tranquilamente.
La ira estaba latente detrás de sus ojos embotados por el láudano. —Un litro de aceite de pescado no es la medicina, —dijo entre dientes—. Es una petición maliciosa y poco razonable. No puede ser hecha.
Lo mire con mi mejor mirada fulminante y tomé el frasco de su mano. Sin apartar la mirada, me bebí el frasco entero. Trague después de ingerir el aceite paso por mi garganta mientras sostenía la mirada del Maer. Vi cambiar su rostro de enojo a asco y finalmente adopto una expresión de asombro en silencio, asqueado. Puse al revés la botella, pasé un dedo por el interior de ella y lo lamí.
Saqué un segundo frasco de un bolsillo de mi capa. —Esta iba a ser su dosis para mañana, pero usted tendrá que utilizarlo esta noche. Si usted lo encuentra más fácil, un trago cada dos horas debería ser suficiente. —Se lo tendí, todavía manteniendo sus ojos con los míos.
Lo tomó calladamente, bebió dos buenos tragos y cerró el frasco con una total determinación. El orgullo es siempre una mejor palanca contra la nobleza que la razón.
Busqué en uno de los bolsillos de mi costosa capa granate y saque el anillo del Maer. —Me olvidé de devolverle esto antes, tu merced. —Se lo tendí.
Comenzó extender su mano, luego se detuvo. —Guárdalo por ahora, —dijo. —Te lo has ganado con mucho, me imagino.
—Gracias, su merced, —dije, cuidando de mantener mi expresión compuesta. No me invitaba a usar el anillo, pero permitir que yo lo guarde era estar a un paso tangible en nuestra relación. No importa como fuese el cortejo de Lady Lackless, había dado una buena impresión hoy.
Le serví más té y decidí terminar con sus instrucciones mientras tuviera toda su atención. —Usted debe beber el resto de esta olla esta noche, su merced. Pero recuerde, es todo lo que tendrá hasta mañana. Cuando usted envié por mí, le preparare un poco más. Usted debe tratar de beber líquidos tanto como pueda esta noche. Leche sería lo mejor. Agréguele un poco de miel y le bajara más fácil.
Estuvo de acuerdo y parecía estar cediendo hacia el sueño. Sabiendo lo difícil que sería su noche, lo dejé dormido. Recogí mis cosas antes de dejarme fuera.
Stapes estaba esperando en las habitaciones exteriores. Le mencioné que el Maer estaba durmiendo y le dije que no desechara el té de la olla, ya que su merced lo querria, cuando despertara.
Cuando partí, la mirada que Stapes me dio simplemente no era fría, como había sido antes. Estaba llena de odio, prácticamente venenosa. Sólo después de que él cerró la puerta detrás de mí, me di cuenta de lo que esto le debió parecer. Asumió que se estaba aprovechándome del Maer en su momento de debilidad.
Existe un gran número de personas, en el mundo, médicos viajeros que sin reparos se aprovechan de los temores de los enfermos desesperados. El mejor ejemplo de esto es Ortiga muerta, el vendedor de pociones en Tres Peniques por Desear. Fácilmente uno de los personajes más despreciados en todo drama, no hay público que no se alegre cuando Ortiga Muerta  es puesto en ridículo en el cuarto acto.
Con esto en mente, empecé a hacer hincapié en lo frágil y gris que el Maer me había parecido. Viviendo en Tarbean, había visto hombres jóvenes y sanos muertos por abstinencia de ópalo y el Maer no era ni joven ni saludable.
¿Si el muriera, quién sería criticado? Indudablemente no Caudicus su consejero de confianza. Indudablemente no Stapes su amado sirviente...
Yo. Me culparían. Su condición había empeorado poco después de mi llegada. No dudaba que Stapes trajera a la luz el hecho de que había estado pasando tiempo a solas con el Maer en sus habitaciones. Que le había preparado una olla de té justo antes de que pasara una noche muy traumática.
Como máximo parecería un Ortiga Muerta joven. En el peor de los casos, un asesino.
Tal fue el giro de mis pensamientos mientras me abría paso a través de la propiedad del Maer de regreso a mis habitaciones, deteniéndome sólo para asomarme a una de las ventanas que daban a Severen-baja y vomitar un litro de aceite de hígado de bacalao.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Capítulo 60

Hola!!! Bueno ya aquí esta el capítulo traducido por lynda! Me lo mando ayer pero no lo vi por que no estaba, ella se esforzó muchísimo por traducirlo por que aun sigue enferma, espero que lo disfruten mucho :) Están ocupando mi compu ahorita así que no podía revisar y subirlo >_< pero encontré la forma!! Wuuu!! Ahora tengo un procesador de textos en mi iPod :D así desde aquí ando subiendolo jeje, estas maravillas tecnológicas.

Capítulo 60 
Herramienta de Sabiduría   

Los ojos del Maer se agrandaron ante mis palabras y luego se redujeron de nuevo. Incluso en medio de su enfermedad, el ingenio de Alveron era fuerte—. Hiciste bien en hablar tan de cerca y suave. —dijo—. Estás pisando un terreno peligroso. Pero habla, te escucharé.
—Su merced, sospecho que Threpe no mencionó en su carta que soy un estudiante de la Universidad así como músico.
Los ojos del Maer no mostraron reconocimiento, —¿Cuál Universidad?  preguntó.
—La universidad, su merced. —dije. —Soy un miembro del Arcano.
Alveron frunció el ceño. —Eres demasiado joven para hacer tal afirmación, ¿Y por qué Threpe dejo de mencionar eso?
—Usted no buscaba un arcanista, su merced. Y hay un cierto estigma unido a ese tipo de estudios aquí tan al este. —Era lo más cercano que podría llegar hablando con la verdad: que los Vinticos son supersticiosos hasta el punto de la idiotez.
El Maer parpadeó lentamente, endureciendo su expresión. —Muy bien, —dijo. —Realiza algún trabajo de magia si eres lo que dices.
—Sólo soy un arcanista en formación, su merced. Pero si a usted le gustaría ver un poco de magia…—Miré a las tres lámparas de las paredes, me lamí los dedos, me concentré y pellizqué la mecha de la vela que estaba en su mesita de noche.
La habitación se oscureció y escuché su sobresaltada inspiración. Saqué mi anillo de plata y un momento después comenzó a brillar con una luz azul plateada. Mis manos se enfriaron, ya que no tenía otra fuente de calor que mi propio cuerpo.
—Está bien, —dijo el Maer. Si estaba nervioso, no había ningún indicio de ello en su voz.
Cruce la habitación y abrí las ventanas cerradas. La luz del sol inundó la habitación. Había un brote de flores selas, el trino de pájaros. —Siempre he encontrado que tomar un poco de aire es bueno para los problemas del cuerpo, aunque otros no estén de acuerdo. —Le sonreí.
El no respondió —Sí, sí. Eres muy inteligente. Ven aquí y siéntate. —Así lo hice, ocupando una silla cerca de su cama—. Ahora explícate.
—Le dije a Caudicus que estaba compilando una colección de historias de las casas nobles, —dije. —Una buena excusa, ya que también explica porque he estado pasando tiempo con usted.
La expresión del Maer seguía siendo sombría. Vi el dolor borroso en sus ojos como una nube que pasa por delante del sol. —La prueba de que eres un mentiroso hábil no permite ganarte mi confianza. —Un nudo frio comenzó a formarse en mi estómago. Yo había asumido que el Maer podría aceptar la verdad con más facilidad que esto.
—Así es, su merced. Yo le mentí a él y le estoy diciendo la verdad a usted. Ya que pensó que no era más que un ocioso señor inmaduro, me permitió verlo mientras hacia su medicina. —Levanté el frasco de color ámbar. La luz del sol se dispersó en un arco iris de cristal.
Alveron permaneció impasible. Sus ojos normalmente claros empañados con la confusión y el dolor. —Te pido una prueba y me cuentas una historia. Caudicus ha sido un fiel siervo por una docena de años. Sin embargo, consideraré lo que tú has dicho. —Su tono implicaba que podría ser breve, poco amable reflexión. Me tendió una mano por el frasco.
Sentí una pequeña llama de ira comenzar a crecer dentro de mí. Esto ayudó a aliviar el helado miedo instalándose en el estómago. —¿Su merced quiere pruebas?
—¡Quiero mi medicina! —espetó. —Y quiero dormir. Por favor has...
—Su merced, puedo… —¿Cómo te atreves a interrumpirme? —Alveron luchó para sentarse erguido en su cama, su voz furiosa. —¡Vas demasiado lejos! Vete ahora y puedo aun considerar retener tus servicios. —Estaba temblando de rabia, su mano aún intentando alcanzar el frasco. Hubo un momento de silencio. Le tendí el frasco, pero antes de que pudiera cogerlo, dije. —Usted ha vomitado recientemente. Era lechoso y blanco. La tensión en la sala se levantó bruscamente, pero el Maer se quedó inmóvil cuando oyó lo que dije. —Su lengua se siente gruesa y pesada. Su boca esta seca y llena de un extraño, sabor fuerte. Ha tenido necesidad de dulces, de azúcar. Se despierta en la noche y descubre que no puede moverse, no puede hablar. Le ocurren parálisis, con cólicos y pánico irracional. Mientras hablaba la mano del Maer poco a poco se alejó del frasco, su expresión no era furiosa ni enojada. Sus ojos parecían inseguros, casi asustado, pero se hicieron claros una vez más, como si el miedo hubiera despertado alguna precaución dormida. —Caudicus te lo dijo, —dijo el Maer, pero sonaba lejos de estar seguro.
—¿Podría Caudicus discutir los detalles de su enfermedad con un extraño? —Le pregunté con intención. —Mi preocupación es por su vida, su merced. Si he de quebrantar el decoro para salvarlo, lo haré. Deme dos minutos para hablar y le daré una prueba.
Alveron asintió lentamente.
—No voy a decir que se exactamente de qué se trata esto. —hice un gesto con el frasco. —Pero la mayoría de la intoxicación es plomo. Eso explica el dolor en los músculos y las vísceras. Los vómitos y las parálisis. —Yo no he tenido parálisis.
—Hmmmm, —lo miré con un ojo crítico. —Eso es suerte. Pero hay algo más que simple plomo aquí, Supongo que esto contiene un buena cantidad de ópalo, lo cual no exactamente un veneno.
—¿Qué es entonces?
—Es más una medicina o una droga. —¿Qué es eso entonces? —espetó. —¿Veneno o medicina?
—¿Ha su merced tomado alguna vez láudano?
—Una vez cuando era más joven, para ayudarme a dormir por el dolor de una pierna rota. —El ópalo es una droga similar, pero generalmente se evita, ya que es altamente adictiva. —Hice una pausa—. También se le llama resina denner.
El Maer palideció a esto y en ese momento sus ojos se abrieron perfectamente claros. Todo el mundo sabe sobre los comedores-dulces.
—Sospecho que él añade esto porque usted ha estado tomando irregularmente su medicina, dije. —El ópalo podría hacer que lo anhele y aliviarle el dolor al mismo tiempo. Podría también causar su deseo de azúcar, sus sudoraciones y los extraños sueños que ha estado teniendo. ¿Qué otra cosa puso él aquí? —reflexione para mi—. Probablemente stitchroot o Mannun para evitar demasiados vómitos. Inteligente. Horrible e inteligente.
—No es tan inteligente. —El Maer dio una sonrisa rígida. —El no pudo matarme.
Dudé, pero luego decidí decir la verdad. —Matarlo habría sido sencillo, su merced. Fácilmente podría disolver en este frasco suficiente plomo para matarlo. —Lo acerqué a la luz. —Conseguir hacerlo lo suficiente para hacer que usted se enferme sin matarlo o paralizarlo, esa es la dificultad.
—¿Por qué? ¿Por qué me envenena si no me quiere matar?
—Su merced podría tener mejor suerte resolviendo ese enigma. Usted sabe más sobre la política involucrada.
—¿Por qué envenenarme en absoluto? —El Maer sonaba realmente perplejo—. Le pago generosamente. Es un miembro de la corte en alta estima. Tiene la libertad de ejercer sus propios proyectos y viajar cuando desee. ¿Por qué ahora? —Sacudió la cabeza, —Te digo que esto no tiene sentido.
—¿Dinero? —sugerí. —Dicen que todo hombre tiene un precio. El Maer continúo sacudiendo la cabeza.
Luego me miró de repente. —No. Acabo de recordar. Me enfermé mucho antes de que Caudicus comenzara a tratarme. —Se detuvo a pensar. —Sí, es cierto. Me acerqué a él para ver si podía tratar mi enfermedad. Los síntomas que mencionas no aparecieron hasta meses después de comenzar a tratarme. No podría estar haciendo esto.
—El plomo trabaja lentamente en pequeñas dosis, su merced. Si él fuera a envenenarlo, el difícilmente querría que vomitará sangre diez minutos después de tomar su medicina. —De repente recordé con quien estaba hablando. —Estuvo mal decir eso, su merced. Me disculpo.
El asintió con la cabeza en rígida aceptación. —Demasiado de lo que dices está demasiado cerca de un indicio para ignorarlo. Aun así, no puedo creer que Caudicus haría tal cosa. —Pero podemos ponerlo a prueba, su merced.
Me miró. —¿Cómo es eso? —Ordene que le traigan una media docena de pájaros a sus habitaciones. Colibríes serían ideales.
—¿Colibríes?
—Pequeños, cosas brillantes, amarillos y rojos, —Estiré mis dedos hasta dos pulgadas de distancia. —Hay en abundancia en sus jardines. Beben el néctar de sus flores selas.
—Oh. Nosotros lo llamamos revoloteadores.
—Mezclemos el medicamento con su néctar y veamos qué ocurre. Su expresión se tornó sombría. —Si el plomo funciona lentamente, como dices, esto podría llevar meses. No voy a estar sin mi medicina durante meses por un escaso sustento a una fantasía tuya. —Vi su ardiente temperamento cerca de la superficie de su voz.
—Ellos pesan mucho menos que usted, su merced y sus metabolismos son mucho más rápidos. Los resultados se verán en un día o dos a lo sumo. —Espero. 
Pareció considerar esto. —Muy bien. —dijo, levantando una campana de su mesita de noche.
Hablé rápidamente antes de que pudiera hacerla sonar, —¿Podría pedirle a su merced que invente una razón por la cual necesite estas aves?
—He conocido a Stapes de siempre, —dijo el Maer con firmeza, sus ojos claros y nítidos como no los había visto nunca. —Confío en él con mis tierras, mi caja de seguridad y mi vida. No quiero escuchar nunca algo que implique que él no es completamente confiable. —Había una creencia inquebrantable en su voz. Bajé mis ojos. —Sí, su merced.
Tocó la campana y en apenas dos segundos el corpulento criado abrió la puerta. —¿Si señor?
—Stapes, extraño ser capaz de caminar por los jardines. ¿Podrías encontrarme una media docena de revoloteadores?
—¿Revoloteadores, señor?
—Sí, —el Maer lo dijo como si estuviera ordenando el almuerzo.
—Son cosas bonitas. Creo que el sonido de ellos me ayudará a dormir.
—Veré lo que puedo hacer, señor —Antes de cerrar la puerta, Stapes me frunció el ceño. Después de que la puerta estuviera cerrada, mire al Maer. ¿Puedo preguntar por qué su merced?
—Para ahorrarle la necesidad de la mentira. Él no tiene el don para ello. Y hay sabiduría en lo que dijiste. La precaución es siempre una herramienta de la sabiduría. —Vi una fina capa de sudor cubriendo su rostro. —Si estoy en lo correcto, su merced, esta noche será difícil para usted. —Todas mis noches son difíciles últimamente, —dijo con amargura. —¿Qué haría está peor que las anteriores? —El ópalo, su merced. Su cuerpo está deseándolo. En dos días debería pasar la peor parte, pero hasta entonces usted podría estar en considerable… incomodidad.
—Habla claramente.
—Habrá dolor de mandíbula y cabeza, sudoración, nauseas, calambres y espasmos, especialmente en sus piernas y la espalda baja. Puede perder el control de sus intestinos y habrá periodos alternados de intensa sed y vómitos. —Mire hacia abajo a mis manos—. Lo siento, su merced.
La expresión de Alveron era bastante preocupada para el final de mi descripción, pero el asintió amablemente. —Prefiero saberlo.
—Hay algunas cosas que lo harían un poco más tolerable, su merced. Se animó un poco. —¿Cómo cuál?
—Láudano por ejemplo. Sólo un poco, para llevar más fácil la necesidad de su cuerpo. Y algunas otras cosas. Sus nombres no son importantes. Los puedo mezclar en un té para usted. Otro problema es que aún tiene una buena cantidad de plomo en su cuerpo que no desaparecerá por sí sólo. —Esto pareció alarmarlo más que cualquier otra cosa que dijera antes—. ¿No pasa simplemente?
Negué con la cabeza. —Los metales son tóxicos insidiosos. Quedan atrapados en su cuerpo. Sólo con una gran esfuerzo podemos extraer el plomo fuera de usted.
El Maer frunció el ceño. —Malditas y molestas. Odio las sanguijuelas.
—Una forma de hablar, su merced. Sólo los imbéciles y los necios usan sanguijuelas en los días de esta era. El plomo necesita ser retirado de su cuerpo. —Pensé en decirle la verdad, que era probable que nunca se fuera del todo, pero decidí mantener ese parte de la información para mí mismo.
—¿Puedes hacerlo?
Pensé por un largo momento. —Soy probablemente su mejor opción, su merced. Estamos muy lejos de la Universidad. Y apuesto a que ni uno de cada diez médicos que hay aquí haya tenido una respetable formación y no sé quién de ellos podría conocer a Caudicus. —Pensé por un momento más largo luego sacudí mi cabeza—. Puedo pensar en unas cincuenta personas más adecuadas para este trabajo, pero están a cientos de millas de distancia.
—Agradezco tu honestidad.
—La mayoría de lo que necesito puedo encontrarlo en Severen Baja. Sin embargo… —Me calle, esperando que el Maer entendiera lo que quería decir y me salvara de la vergüenza de pedir dinero. Me miró sin comprender. —¿Sin embargo?
—Necesito dinero, su merced. Las cosas que usted necesitará no son fáciles de conseguir.
—Oh, por supuesto. —Sacó una bolsa de monedas y me la pasó. Estaba un poco sorprendido al encontrar que el Maer tenía al menos una bolsa bien provista al alcance de la mano en su cama. Espontáneamente, recordé mi diatriba a un sastre en Tarbean años atrás. ¿Qué le había dicho? ¿Un caballero nunca está lejos de su bolsa? Luché contra un inapropiado ataque de risa. Stapes regresó poco después. En una muestra sorprendente de ingenio, trajo una docena de Colibríes en una jaula con ruedas del tamaño de un armario.
—Mi palabra, Stapes, — exclamó el Maer cuando su sirviente rodó la jaula de fina red a través de la puerta—. Te has superado.
—¿Dónde sería más apropiado, señor?
—Sólo déjanos por ahora. Tendré a Kvothe para moverlo por mí.
Stapes parecía un poco herido. —No es problema.
—Sé que estarías encantado. Pero esperaba que me trajeras una jarra de jugo de manzana en su lugar. Creo que puede sentar mi estómago.
—Desde luego. —Se apresuró de nuevo, cerrando la puerta detrás de él.
Tan pronto como se cerró, me trasladé hacia jaula. Las aves como gemas se precipitaron de una pecha tras otra a una velocidad de imágenes borrosas. —Cosas bonitas, —escuche al Maer susurrar—. Yo estaba fascinado con ellas cuando era un niño. Recuerdo pensando cuan maravilloso debiera ser no comer nada más que azúcar todo el día.
Había tres alimentadores conectados a la parte exterior de la jaula, los tubos de vidrios llenos de agua con azúcar. Dos de ellos tenían picos con forma de diminutas flores selas, mientras el tercero era un estilizado lirio. La mascota perfecta para la nobleza. ¿Quién más podría alimentar a su mascota con azúcar todos los días?
Desenrosque la parte superior de los alimentadores y vertí un tercio de la medicina del Maer en cada uno. Le tendí el frasco vacío a Alveron. —¿Qué es lo que normalmente hace con estos?
Él lo colocó sobre la mesa cerca de su cama. Miré la jaula hasta que vi volar a las aves hacia un alimentador y beber. —Si le dice a Stapes que desea darles de comer usted mismo, ¿impedirá que se entrometa con su comida?
—Sí, Él siempre hace exactamente lo que le digo.
—Bien. Dejé escurrir los alimentadores antes de rellenarlos. Recibirán una dosis mayor de esta manera y veremos los resultados más rápidamente. ¿Dónde quiere que ponga la jaula?
Miró alrededor de la habitación, sus ojos se movían lentamente. —Al lado de la cómoda en la sala de estar, —dijo finalmente. —Debería ser capaz de ver la jaula desde aquí.
Con mucho cuidado rodé la jaula a la habitación de al lado, cuando regresé me encontré con Stapes vertiéndole al Maer jugo de manzana en un vaso. Le hice una reverencia a Alveron. —con su permiso, su merced. —El hizo un gesto de despedida.
—Stapes, Kvothe regresará esta tarde. Déjalo entrar, incluso si estoy durmiendo.
Stapes asintió rígidamente con la cabeza y me dio otra mirada de desaprobación.
—Puede que me traiga unas pocas cosas también. Por favor no menciones esto a nadie.
—Si hay algo que usted requiera…
Alveron dio una sonrisa cansada. —Sé que tu podrías, Stapes. Simplemente estoy poniendo al niño a trabajar. Prefiero tenerte a mano. —Alveron le dio unas palmaditas en el brazo a su sirviente y Stapes pareció apaciguarse. Salí.  

***   

Mi viaje a la baja Severen tomó unas horas más de lo necesario. A pesar de que estaba irritado por la demora, esto era necesario. Mientras caminaba por las calles, vislumbrada gente merodeando detrás de mí.
No me sorprendí. Por lo que había visto de la naturaleza impulsadora de rumores de la corte del Maer, esperaba que tuvieran un empleado o dos viéndome hacer los mandados en Severen Baja. Como he dicho, la corte del Maer estaba bastante curiosa sobre mí por el momento y no tienes idea de lo que la nobleza muy aburrida haría para inmiscuir su nariz en los asuntos de otras personas.
Mientras los rumores no eran de mi interés para mí, sus efectos podrían ser catastróficos. Si Caudicus oía que yo andaba de compras por los boticas después de visitar al Maer, ¿Qué medidas tomaría? Cualquiera que estuviera dispuesto a envenenar al Maer no dudaría en apagarme como una vela.
Por lo tanto, para no levantar sospechas, lo primero que hice cuando llegue a Severen Baja fue comprar la cena. Buen, guiso caliente y pan duro. Estaba harto de la comida elegante que era leche tibia para el tiempo que llegaba a mis habitaciones.
Luego compré dos botellas de mi bebida preferida, la que normalmente tomo con brandy. Luego pase una relajante media hora viendo una pequeña troupe viajera realizar el final de El Fantasma y la Chica Ganso en la esquina de una calle. No eran Edena Ruh, pero hicieron un buen trabajo de ello. La bolsa del Maer fue generosa con ellos cuando pasaron el sombrero.
Finalmente encontré mi camino a una botica bien surtida. Compré varias cosas de una manera nerviosa, al azar. Después de que tenía todo lo necesario y algunas cosas que no lo eran, hice torpemente averiguaciones con el propietario acerca de que puede hacer un hombre si estuviera… teniendo ciertos problemas… en el dormitorio.
El químico asintió con seriedad y me recomendó cosas con una cara totalmente seria. Compré un poco de cada una y luego hice el torpe intento de amenazar y sobornarlo en silencio. En el momento en que finalmente lo deje, él estaba insultado y profundamente irritado. Si alguien le preguntaba, él no tardaría en contar la historia de un rudo caballero interesado en curar la impotencia. No era algo que estaba dispuesto a agregar a mi reputación, pero al menos no habría ninguna historia llegándole a Caudicus sobre mi comprando láudano, deadnetlle, bitefew y otro fármacos igual de sospechosos.
Por último, compré mi laúd de vuelta con un día entero de sobra. Estuve a punto de vaciar la bolsa del Maer, pero era mi misión final. El sol se estaba poniendo en el momento que hice mi camino de regreso a pie a la Pendiente.
Había solo un puñado de opciones para hacer tu camino entre Severen Alta y Severen Baja. Los más comunes eran las estrechas escaleras que iban de ida y vuelta hasta encontrarse en la Pendiente. Estaban viejas, en ruinas y estrechas en algunos lugares, pero era gratis y por lo tanto, la opción habitual para la gente común que vivía en Severen Baja.
Para aquellos que no le gustaba la idea de subir doscientos metros de estrechas escaleras, había otras opciones. El montacargas que era ejecutado por un par de ex-estudiantes de la Universidad. No eran arcanistas al completo, pero eran hombres inteligentes que sabían suficiente simpatía e ingeniería para manejar la tarea mas mundana de transportar carros y caballos arriba y abajo de la Pendiente en una plataforma de madera.
Para los pasajeros, el transporte costaba un penique subir y bajar un céntimo, aunque de vez en cuando había que esperar que algún comerciante terminara de cargar o descargar sus mercancías antes de que el ascensor pudiera hacer su viaje.
La nobleza no hacía uso de los transportadores. Los vinticos supersticiosos de todas las cosas que de forma remotamente eran arcanas, tomaban los elevadores de caballos. Estos estaban elaborados por un equipo de veinte caballos enganchados a una compleja serie de poleas. Esto significaba que se elevaba un poco más rápido y un costaba un octavo de plata subirse. Lo mejor de todo, cada mes algún lord menor borracho caía a su muerte desde ellos. Añadiéndole popularidad, mostrando el mejoramiento de la clientela.
Puesto que el dinero en mi bolsa no era mío, decidí usar los elevadores de caballos.
Me uní a los cuatro caballeros y una dama que ya estaban en la fila, esperando que el elevador bajara, luego entregue mi penique de plata y subí a bordo.
No era más que una caja abierta por un lado con una barra de lado alrededor, Gruesas cuerdas de cáñamo conectaban las esquinas, dándole cierta estabilidad, pero cualquier movimiento extremo hacía que se balanceara de la manera más inquietante. Un niño vestido elegante subía y bajaba con cada carga de pasajeros, abría la puerta y señalaba a los conductores de caballo en la parte superior para que comenzaran a tirar.
Es costumbre de la nobleza ponerse de espalda a Severen cuando subían a los elevadores. No se sorprendían como la gente común lo hacía. No me preocupa lo que los nobles pensaran de mí, yo estaba  en el frente del carril. Mi estomago hacia cosas raras cuando se levantó del suelo. Vi a Severen extenderse a sus pies. Era una ciudad antigua y orgullosa. El alto muro de piedra circular que hablaba de largos y difíciles tiempos pasados. Decía mucho del Maer que incluso en tiempos de paz mantenía las fortificaciones mantenidas en excelente estado. Las tres puertas estaban vigiladas y se cerraban a la puesta del sol todas las noches.
Cuando el elevador continúo pude ver las diferentes secciones de Severen tan claramente como si estuviera mirando un mapa. Había un vecindario rico, espacioso con jardines y parques, todos los edificios de ladrillos y piedras antiguas. Había un barrio pobre, calles estrechas y retorcidas, donde todos los tejados eran de madera y alquitrán. Al pie del acantilado, una cicatriz negra marcaba donde un fuego había reducido la ciudad en algún  momento del pasado, dejando poco más que los cimientos de los edificios calcinados. Muy pronto el viaje había terminado. Deje que las otras personas bajaran primero y me apoye en la barandilla, mirando a la ciudad a lo lejos.
—¿Señor? —el chico quien subía en el elevador débilmente. —Todos salen.
Me volví, bajé del ascensor y vi a Denna de pie al frente de la fila.
Antes de que tuviera tempo para hacer otra cosa que mirar con asombro, ella giró y encontró mis ojos. Su rostro se iluminó. Grito mi nombre, corrió hacia mí y se encontraba en mis brazos antes de que supiera lo que estaba sucediendo. La rodeé con mis brazos y apoye la mejilla contra su oreja. Nos reunimos con facilidad, como su fuéramos bailarines. Como si hubiéramos practicado una y mil veces. Ella era cálida y suave.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunto. Su corazón latía emocionado contra mi pecho. Me quedé sin palabras cuando ella se alejó de mí. Solo entonces me di cuenta de un antiguo hematoma amarillo desvanecidose en lo alto de la mejilla. Aun así, ella era la cosa más hermosa que había visto en dos meses y miles de millas.
—¿Qué estás haciendo aquí? —le pregunté. Ella rio con su risa de plata y llegó a tocar mi brazo. Luego sus ojos se pasaron sobre mi hombro y cambio su rostro. —¡Espera! —grito al chico que estaba cerrando la puerta del elevador.
—Tengo que tomar este o llegaré tarde, —dijo ella, con la cara de sentidas disculpas cuando paso delante de mi hacia el elevador. —Ven a verme.
El chico cerró la puerta detrás de ella y mi corazón cayo cuando el elevador comenzó a perderse de vista. —¿Dónde debería buscar? —Di un paso al borde de la Pendiente, viéndola bajar.
Ella estaba mirando hacia arriba, su rostro blanco en la oscuridad, su cabello una sombra en la noche. —La segunda calle al norte de la principal: Calle Tinnery.
Las sombras se la llevaron y de repente me quede solo. Me detuve, el olor de ella aun estaba en el aire a mi alrededor, su calidez desvaneciéndose en mis manos. Aun podía sentir el retumbar se su corazón, como un pájaro enjaulado contra mi pecho.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Capitulo 59

Holaa bueno aqui esta este capitulo del que no les quiero decir ni una palabra, se que hara volar su imaginacion jeje bueno sobre el pack de capitulos realmente he querido tenerlo listo pero ya se me adelantaron los capitulos y buenoo creo que siempre si tomare en concideracion lo que me sugirio alguien, de que mejor ya subiera directamente el pack 60, se que vale la pena por como se ve pero realmente ya lo odio un poco jajaja.. tantos guiones odiables (Para quien no se ha enterado me mandaron un archivo con los guiones puestos y otras cosas corregidas, pero todos los guionsitos se tienen que corregir por que estan mal colocados XP)
Bueno este capitulo fue traducido por Lynda que andaba enfermita asi que por ello se demoro, otra vez : mejorate Lynda y gracias el capitulo (Siii y los guionsitos de esta vez los puso ella) 

Capítulo 59
Propósito 

Al dejar las habitaciones del Maer, consideré enviar primero un mensajero con mi tarjeta y anillo a Caudicus. Luego deseché la idea. Estaba en un recado para el Maer. Seguramente podría perdonarse un leve incumplimiento de la etiqueta. A partir de los rumores, yo sabía que el arcanista de Alveron había sido parte permanente de la corte del Maer por más de una docena de años. Pero aparte del hecho que vivía en una de las torres al sur de la finca, no tenía idea de qué esperar del hombre. Llamé a la gruesa puerta de madera. —Un momento, —llegó una voz débilmente. Se oyó el sonido del cerrojo más tarde y la puerta se abrió para revelar a un hombre delgado con una larga, aguileña nariz y rizado cabello negro. Vestía una larga, oscura prenda que recordaba vagamente la túnica de un maestro. — ¿Si? —Me preguntaba si podría quitarle un momento de su tiempo, ¿Señor? —dije, mi nerviosismo era sólo medio fingido. El me miró desde arriba, deteniéndose en mis finas ropas. —No hago pociones de amor. Puedes encontrar ese tipo de cosas en la baja Severen. —La pesada puerta comenzó a cerrarse unas pulgadas. —Pienso que estarías mejor con un poco de baile y algunas rosas si me lo preguntas. —Estoy aquí por otra cosa, —dije rápidamente. —Dos cosas en realidad. Una para el Maer y otra para mí. —Levanté mi mano, revelando el anillo de hierro en mi palma, el nombre de Alveron centelleó a través de la brillante cara de oro. La puerta dejó de cerrarse. —Será mejor que entres, entonces, —dijo Caudicus. La habitación lucía como una pequeña Universidad contenida en una sola sala. Iluminada con el familiar resplandor rojo de las lámparas simpáticas, había estanterías llenas de libros, mesas llenas de materiales de vidrio retorcidos y lejos en la parte trasera, medio oculto por la pared curva de la torre, pensé que podría ver un pequeño horno o caldera. — ¡Dios mío! —exclamé, tapándome la boca con una mano. — ¿Es eso un dragón? —Señale un enorme cocodrilo disecado que colgaba de unas vigas del techo. Tienes que entender, algunos arcanistas son más territoriales que tiburones, especialmente aquellos quienes han logrado alcanzar lujosas posiciones en la corte como este. No tenía idea de cómo podría reaccionar Caudicus a un joven arcanista en formación invadiendo su territorio, así que decidí que era más seguro interpretar el papel de un agradable tonto, nada amenazante señor inmaduro. Caudicus cerró la puerta detrás de mí, riéndose entre dientes. —No. Se trata de un caimán. Bastante inofensivo te lo aseguro. —Me dio un poco de susto, —dije. — ¿Cuál es el uso de una cosa así? — ¿Honestamente? —Miró hacia arriba a ella. —No lo sé exactamente. Perteneció al arcanista quien vivió aquí antes que yo. Me pareció una pena desecharlo. Impresionante espécimen, ¿no te parece? Le di una mirada nerviosa. —Absolutamente. — ¿Cuál es el asunto que has mencionado? —Hizo un gesto a una gran, acolchada silla y se sentó en una similar frente a mí. —Me temo que sólo dispongo de unos minutos antes de ocuparme en atender otros asuntos. Hasta entonces mi tiempo es tuyo… —Se interrumpió inquisitivamente. Pude ver qué sabía muy bien quien era yo: El misterioso joven con quien el Maer se había estado reuniendo. Supuse que él estaba tan ansioso como el resto de averiguar por qué yo estaba en Severen. —Kvothe, —dije. —En realidad, la medicina del Maer es la mitad de mi asunto. —Vi una línea tenue, irritada aparecer entre las cejas y se apresuró a corregir lo que sea que pudiera estar pensando. —Estaba hablando con el Maer antes —Di la más ligera pausa, como si yo estuviera excesivamente orgulloso de ello. —Y él me preguntó si yo podría llevarle su medicamento después de que terminara de hablar con usted. La línea desapareció. —Por supuesto, —Caudicus dijo fácilmente. —Esto me ahorraría el viaje a sus habitaciones. Pero, ¿qué es el asunto del que tú deseas hablarme? —Bueno, —me incliné hacia delante con entusiasmo. —Estoy haciendo una investigación sobre la historia de las familias nobles de Vintas. Estoy pensando en escribir un libro, como puede ver. — ¿Una genealogía? —Vi como el aburrimiento comenzó a empañar sus ojos. —Oh no. Hay genealogías en abundancia. Yo estaba pensando en una colección de historias relacionadas con las grandes familias. —Estaba muy orgulloso de esa mentira. No sólo explicaba mi curiosidad acerca de la familia de Meluan, además daba una razón del por qué gastaba tanto tiempo con el Maer. —La Historia tiende a ser más bien seca, pero todo el mundo disfruta de una buena historia. Caudicus asintió para sí mismo. —Inteligente idea. Ese podría ser un libro interesante. —Escribiré un breve prefacio histórico para cada familia, así como una introducción a las historias que siguen. El Maer mencionó que usted era una autoridad en cuanto a las viejas familias y dijo que le complacería si lo visitaba. El cumplido tuvo el efecto deseado y Caudicus se hinchó ligeramente. —No sé si me considero a mí mismo una autoridad, —dijo con falsa modestia. —Pero soy en parte un historiador. —Elevó una ceja hacia mí —Deberías tener en cuenta que las familias probablemente serian una mejor fuente de información. —Uno podría pensar eso, —dije con una mirada de reojo. —Pero las familias tienden a ser reacios a compartir sus historias más interesantes. Caudicus me dio una amplia sonrisa. —Supongo. —La sonrisa se desvaneció con la misma rapidez. —Pero ciertamente no conozco alguna historia de ese tipo relacionada con la familia del Maer. —dijo seriamente. — ¡Oh, no, no, no! —Agite mis manos en violenta negación. —El Maer es un caso especial. No se me ocurriría… —desvanecí mi voz, tragando visiblemente. —Esperaba que usted fuera capaz de iluminarme sobre la familia Lackless. Estoy a oscuras acerca de ellos. — ¿En serio? —dijo, sorprendido. —Ellos ya no son lo que una vez fueron, pero ellos tienen un tesoro oculto de historias. —Su mirada se perdió lejos y se tocó los labios con los dedos distraídamente. —Qué tal esto, voy a repasar su historia y tú puedes volver mañana para una conversación más larga. Es casi la hora de la medicina del Maer y no debería retrasarse. Se puso de pie y comenzó a arremangarse la camisa. —Hay una cosa se me viene a la mente, si no te importa que divague mientras preparo la medicina del Maer. —Nunca he visto como se hace una poción, —dije entusiastamente. —Si no le resulta demasiado molesto… —No en absoluto. Podría prepararla dormido. —Se movió detrás de una mesa de trabajo y encendió un par de velas de llama azul. Me ocupe de mirar muy sorprendido, aunque sabía que era solo para impresionar. Caudicus sacudió una porción de hojas secas en una pequeña balanza de mano y la peso. — ¿Tienes problemas para aceptar rumores en tu investigación? —No si son interesantes. Se quedó en silencio mientras media cuidadosamente una pequeña cantidad de líquido claro de una botella de vidrio con tapón. —Por lo que yo entiendo, la familia Lackless tiene una reliquia. Bueno, no exactamente una reliquia, pero una cosa antigua que se remonta a los comienzos de su línea. —No es muy extraño eso. Las antiguas familias están llenas de reliquias. — ¡Shhh! —dijo irritado. —Hay más que eso. —Vertió líquido en un plano recipiente de plomo con algunos rudimentarios símbolos tallados en el exterior. Este burbujeaba y silbaba, llenando el aire con un ligero, olor acre. Decantó el líquido en un cazo sobre las velas. A partir de ahí, añadió las hojas secas, un pizca de algo y una medida de polvo blanco. Añadió un poco de líquido que supuse era simplemente agua, la agitó y vertió el resultado a través de un filtro en un frasco de vidrio transparente tapándolo con un corcho. Sostuvo el resultado para que lo viera: un líquido color ámbar claro con un ligero tono verdoso. —Aquí lo tienes. Recuérdale beberlo todo. Tome el frasco caliente. — ¿Qué era esa herencia? Caudicus se enjuago las manos en un tazón de porcelana y las agito para secarlas. —He oído que una de las partes más antiguas de los territorios Lackless, en la parte más antigua de su patrimonio ancestral, hay una puerta secreta. Una puerta sin mango ni bisagras. —Me miró para asegurarse que le estaba poniendo atención. —No hay manera de abrirla. Está cerrada, pero al mismo tiempo, sin cerradura. Nadie sabe que es lo que hay al otro lado. El hizo un gesto con la cabeza hacia el frasco en mi mano. —Ahora dale eso al Maer. Será mejor si se lo bebe mientras está caliente. —Me escoltó hasta la puerta. —Vuelve mañana. —Sonrió un poco. —Conozco una historia sobre el Menebras que volverá tu rojo cabello, blanco. —Oh, sólo trabajo en una familia a la vez —dije, no queriendo arriesgarme a quedar estancado en los interminables chismes de la corte. —Dos es absolutamente demasiado. Ahora estoy trabajando en Alveron y Lackless. No podría permitirme comenzar una tercera también. —Le di una insípida sonrisa. —Me haría todo un lío. —Es una lástima, —dijo Caudicus —Yo viajo bastante, veras. Muchas de las casas nobles están ansiosas de hospedar al propio arcanista del Maer. —Me dio una mirada astuta. —Eso me pone al tanto de algunos hechos muy interesantes. Piensa en ello. El abrió la puerta. Y vuelve mañana. Yo tendré más de Lackless de todas formas. Estaba en la puerta de la habitación del Maer antes de que el frasco tuviera la oportunidad de enfriarse. Stapes abrió la puerta a mi llamada y me dejo entrar a las habitaciones del Maer. El Maer Alveron estaba durmiendo en la misma posición en que lo había dejado. Cuando Stapes cerró la puerta tras de mi, uno de los ojos del Maer se abrió y me llamo débilmente. —Te tomaste tu tiempo. —Su merced, yo… Él hizo un gesto hacia delante otra vez, mas bruscamente esta vez. —Dame mi medicina —dijo él —Luego déjame. Estoy cansado. —Me temo que esto es más importante, su merced. Abrió ambos ojos y la ardiente ira estaba ahí otra vez. — ¿Qué? —espetó. Me trasladé al lado de la cama y me incliné. Antes de que él pudiera protestar por mi impropiedad, susurré, —Su merced, Caudicus esta envenenándolo.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Capitulo 58

 Holaaaa este capitulo fue traducido por Franco!! y le salio fluido como el agua, no le cambie nada mas que la forma de llamar al Maer como su merced como lo estamos usando :)
Buenoo ahora... como veran en este capitulo ya estoy poniendo mis recien adquiridas habilidades con los guiones (Dioooos! al fiiin los entiendo, aunque los sigo odiando... jajaja )
Aun no puedo acabar de corregir los guiones para el pack de capitulos de 50!!! ¬¬UU pero sera el pack mas bonito de todos ya veran, de una vez menciono a Marcelo que le corrigio bastantes cosas y sobre el que me mando estoy trabajando.
Bueno ya lean y por favor yo se que soy odiable a veces jaja pero no se desesperen, mejor agradescan a Franco este capitulo n_n

Capítulo 58
Cortejo

Eel Maer no me había llamado en dos días. Estaba atrapado en mi cuarto, casi enloqueciendo de aburrimiento e irritación. Lo peor era el hecho de que no sabía por qué el Maer no me estaba llamando. ¿Estaba muy ocupado? ¿Lo había ofendido? Pensé en enviarle una tarjeta junto con el anillo de oro que Bredon me había dado. Pero si Alveron estuviera poniendo a prueba mi paciencia, ese podría ser un grave error.

Pero yo era impaciente. Había venido aquí para ganar un mecenas, o por lo menos un poco de ayuda en mi búsqueda de los Amyr. Hasta ahora, todo lo que tenía después de mi tiempo al servicio del Maer era un culo profundamente aplastado. Si no hubiera sido por Bredon, juro que me habría vuelto loco.

Peor aún, mi laúd y el precioso estuche de Denna estaban a solo dos días de convertirse en propiedad de alguien más. Para este punto esperaba haber ganado lo suficiente del favor del Maer para pedirle prestado el dinero que necesitaba para salir del paso. Yo quería que estuviera en deuda conmigo, no al revés. Una vez que le debes algo a un miembro de la nobleza, es muy difícil librarte de sus deudas.

Pero si la causa de que Alveron no me llamara era indignación, parecía estar lejos de sus favores. Me estrujé la memoria, tratando de pensar en que podría haber dicho en nuestra última charla que pudiese haberlo ofendido.

Yo había sacado una tarjeta del cajón y estaba tratando de pensar en una forma políticamente correcta de pedirle dinero al Maer cuando llamaron a la puerta. Pensando que era mi almuerzo que había llegado temprano, le dije al chico que lo dejara sobre la mesa.

Hubo un significativo silencio que me sacó de mi ensimismamiento. Corrí hacia la puerta y me sobresalté al ver al mayordomo del Maer, Stapes, parado afuera. Las citaciones de Alveron habían sido siempre entregadas por un mensajero.

—Al Maer le gustaría verlo,” —dijo. Noté que el mayordomo parecía estar al borde de la fatiga. Sus ojos lucían cansados, como si no hubiera estado durmiendo lo suficiente.
— ¿En el jardín?
—En sus habitaciones, —dijo Stapes—. Te llevaré allí.

Si los chismes de los cortesanos eran ciertos, Alveron raramente recibía visitas en su habitación. Cuando comencé a caminar detrás de Stapes, no pude dejar de sentir alivio. Cualquier cosa era mejor que esperar.

***

Alveron estaba acostado en su gran cama de plumas. Parecía más pálido y delgado que la última vez que lo había visto. Sus ojos estaban aún claros y nítidos, pero hoy tenían algo más, alguna emoción endurecida.
Hizo un gesto hacia una silla cercana. —Kvothe. Entra. Siéntate. —Su voz era más débil también, pero aún tenía el peso de una orden. Me senté a su lado, sintiendo que no era el momento adecuado para darle las gracias por el privilegio.
— ¿Sabes cuantos años tengo, Kvothe? —Dijo sin preámbulos.
—No, su merced.
— ¿Cuánto supones? ¿Qué tan viejo me veo? —Capté el endurecimiento en sus ojos de nuevo: Ira. Una lenta, y ardiente ira, como brasas debajo de una fina capa de ceniza.
Mi mente corrió, tratando de decidir cuál sería la mejor respuesta. No quería arriesgarme a ofenderlo, pero la adulación irritaba al Maer a menos que fuera hecha con consumada sutileza y habilidad.
Mi último recurso entonces. Honestidad. —Cincuenta y uno, su merced. Tal vez cincuenta y dos.
El asintió lentamente, su ira parecía desvanecerse como un trueno en la distancia. —Nunca le preguntes a un hombre joven tú edad. Tengo cuarenta, con un cumpleaños el siguiente ciclo. Tienes razón, sin embargo, Me veo de cincuenta años si me vez hoy en día. Algunos podrían incluso decir que estas siendo generoso. —Sus manos alisaron las sábanas distraídamente—. Es algo terrible, envejecer antes de tiempo.
Se puso rígido de dolor, haciendo una mueca. Pasó después de un momento, y respiró hondo. Un brillo tenue de sudor cubría su rostro. —No sé cuánto tiempo seré capaz de hablar contigo. No parezco estar haciéndolo muy bien hoy.
Me levanté. — ¿Debería ir a buscar a Caudicus, su merced?
—No, —espetó—. Siéntate.
Lo hice.
—Esta maldita enfermedad se me ha contagiado en este último mes, agregando años y haciéndomelos sentir. He pasado mi vida cuidando mis tierras, pero he sido negligente en un sentido. No tengo familia, ni heredero.
— ¿Quiere decir contraer matrimonio, su merced?
Él se apoyó en las almohadas. —El rumor por fin se ha difundido, ¿no es así?
—No, su merced. Lo supuse por lo que ha dicho en algunas de nuestras conversaciones.
Me dirigió una mirada penetrante. — ¿Realmente? ¿De una conjetura y no de un rumor?”
—En verdad, su merced. Hay rumores, cargándose toda la corte, si usted de disculpa la expresión.
— “Cargándose toda la corte.” Eso es bueno. —Sonrió levemente.
—Pero la mayoría de ellos se refiere a un misterioso visitante del oeste. —Realicé una pequeña reverencia desde la silla—. No hay nada de matrimonio. Todos lo ven como el soltero más codiciado del mundo.
—Ah, —dijo, mostrando el alivio en su cara—. Ese solía ser el caso. Mi padre trato de casarme cuando era más joven. Era bastante cabeza dura sobre no casarme nunca. Ese es otro problema con el poder. Si posees demasiado, la gente no se atreve a señalar tus errores. El poder puede ser algo terrible.
—Lo imagino, su merced.
—Te quita tus opciones, —dijo—. Le da a un hombre oportunidades, pero al mismo tiempo le quita otras. Mi situación es difícil, por decir lo menos.

A través de mi vida he estado hambriento demasiadas veces como para sentir mucha empatía por la nobleza. Pero el Maer se veía tan pálido y débil mientras yacía allí que sentí un destello de simpatía. — ¿Qué situación es esa, su merced?

Alveron luchó para sentarse sobre las almohadas. —Si debo casarme, debe ser con la persona adecuada. Alguien de una familia de buena posición como la mía. No sólo eso, no puede ser un matrimonio por alianza. La mujer debe ser lo suficientemente joven para… —Se aclaró la garganta, con un sonido apergaminado—. Producir un heredero. Varios si es posible. —Me miró—. ¿Comienzas a ver mi problema?
Asentí lentamente. —Solo una pequeña parte de él, su merced. ¿Cuántas de esas mujeres hay?
—Unas pocas, —dijo Alveron, una pizca del viejo fuego volvió a su voz—. Pero no puede ser una de las jóvenes que el rey tiene bajo su control. Fichas de negociación y selladoras de tratados. Mi familia ha luchado para mantener nuestros plenos poderes desde la fundación de Vintas. Nunca negociaré con ese bastardo de Roderic por una esposa. No le cederé ni un grano de poder.
— ¿Cuántas mujeres están fuera del control del rey, su merced?
—Una. —La palabra cayó como plomo—. Y eso no es lo peor de todo. La mujer es perfecta en todos los sentidos. Su familia es respetable. Ella es educada. Joven. Hermosa. —La última palabra pareció ser difícil para él.
—Ella es perseguida por una multitud de cortesanos enamorados, hombres jóvenes y fuertes, con miel en sus lenguas. Ellos la quieren por cada razón, su nombre, sus tierras, su ingenio. —Hizo una larga pausa—. ¿Cómo respondería ella a los cortejos de un hombre viejo y enfermo que camina con un bastón si es que puede? —Torció la boca, como si las palabras fueran amargas.
—Pero sin duda su posición. . . —Comencé.
Levantó una mano y me miró a los ojos. — ¿Te casarías con una mujer que hubieras comprado?
Bajé la vista. “No, su merced.”
“Tampoco yo. La idea de usar mi posición para persuadir a esta mujer a casarse conmigo es. . . De mal gusto.”
No quedamos en silencio por un momento. Afuera por la ventana vi a dos ardillas perseguirse una a la otra alrededor del alto tronco de un fresno. —Su merced, si voy a ayudarlo a cortejar a esta dama. . . —Sentí el calor de la ira del Maer antes de volverme a verlo—. Le ruego me perdone, su merced. Me he sobrepasado.
— ¿Es esta otra de tus suposiciones entonces?
—Si, su merced.
Pareció luchar consigo mismo por un momento. Entonces suspiró y la tensión en la habitación se desvaneció. —Debería pedir tu perdón. Este dolor desgarrador vuelve mi temperamento sensible y no es mi costumbre discutir cuestiones personales con extraños, mucho menos que ellos adivinen lo que pienso. Dime el resto de lo que imaginas. Se valiente, si es necesario.
Respiré un poco mejor. —Creo que quiere casarse con esta mujer. Para cumplir con su deber, principalmente, pero también porque usted la ama.
Hubo otra pausa, no tan mala como la última, pero tensa sin embargo. —Amor, —dijo lentamente—, Es una palabra que los tontos usan con demasiada frecuencia. Ella es digna de amor, eso es seguro. Y tengo un cariño por ella. —Él se veía incómodo—. Eso es todo lo que diré. —Se volvió a mirarme— ¿Puedo contar con tu discreción?
—Por supuesto, su merced. ¿Pero por qué tanto secreto al respecto?
—Prefiero moverme en un momento de mi propia elección. Los rumores nos fuerzan a actuar antes de que estemos listos, o arruinan una situación antes de que haya madurado completamente.
—Entiendo. ¿Cuál es el nombre de la dama?
—Meluan Lackless, —dijo su nombre cuidadosamente—. Bien, he descubierto por mí mismo que eres encantador y de buenos modales. Lo que es más, el Conde Threpe me asegura que eres un gran escritor e intérprete de canciones. Esas cosas son exactamente lo que necesito. ¿Entraras a mi servicio en ese aspecto?
Dudé. — ¿Exactamente qué uso me dará su merced?
Me dirigió una mirada escéptica. —Yo creía que sería obvio para un adivinador tan bueno como tú.
—Sé que espera cortejar a la dama, su merced. Pero no sé cómo. ¿Me quiere para escribir una carta o dos? ¿Escribirle canciones? ¿Voy a subir balcones a la luz de la luna para dejar flores en su ventana? ¿Bailar con ella usando una máscara, usando su nombre como el mío? —Le dirigí una pálida sonrisa. —No sé bailar mucho, su merced.
Alveron rió, con una risa profunda y honesta, pero incluso a través de su sonido alegre, podía decir que reírse le provocaba dolor. —Estaba pensando más en los dos primeros, —admitió, hundiéndose de nuevo en las almohadas, con sus ojos pesados.
Asentí. —Voy a necesitar saber más acerca de ella, su merced. Tratar de cortejar a una mujer sin conocerla sería peor que tonto.
Alveron asintió con gesto cansado. —Caudicus te contara lo básico. Él sabe mucho sobre la historia de las familias. La familia es la base sobre la cual un hombre se encuentra. Necesitaras saber de dónde viene si estas cortejándola. —Me hizo un gesto para que me acercara y extendió un anillo de hierro, con el brazo temblando por el esfuerzo de permanecer en el aire. “Muéstrale esto a Caudicus y él sabrá que estas en mis asuntos.
Lo tomé con rapidez. — ¿Sabe él que usted planea casarse?
— ¡No! —los ojos de Alveron se abrieron completamente—. ¡No le hables de esto a nadie! Inventa alguna razón para tus investigaciones. Trae mi medicina.
Se recostó, cerrando sus ojos. Al salir le oí decir vagamente: —A veces ellos no lo dan conscientemente, a veces no lo dan de buena gana. Sin embargo. . . todo poder.”
—Si, su merced, —dije, pero él ya había caído en un sueño irregular antes de que dejara la habitación.

Capitulo 57

Este capitulo fue traducido por David!!! y realmente interpreto muy bien lo que patrick escribio :)
(PD:Si te conteste en el capitulo anterior, anonimo uno n_n)

Capítulo 57
Un puñado de Hierro

Conocí a Bredon en mi cuarto día en Severen, era temprano y sin embargo estaba paseando por mi habitación, casi enloquecido de aburrimiento. Había desayunado y faltaban horas para el almuerzo,

Hasta ese momento solo me habían importunado tres cortesanos, que quisieron entrometerse en mis asuntos, tuve que lidiar con ellos dando la vuelta a la conversación en cada oportunidad que se presentaba. ¿Entonces, de donde eres mi muchacho? Oh, usted sabe cómo es esto, uno viaja tanto ¿Y tus padres? Si, en realidad los tengo…dos de hecho ¿Que te trajo a Severen? Un coche la mayor parte del camino, pero camine también un poco, pienso que caminar está bien, es bueno para los pulmones, usted sabe. Y, ¿Que estás haciendo aquí? Disfrutando de una buena conversación por supuesto, conociendo gente interesante, Enserio, ¿Como quién? De, todo tipo, incluyéndolo a usted Lord, Praevek, es usted una persona fascinante…”

Etcétera, etcétera, no paso mucho tiempo antes de que el chismoso más tenaz, se cansara y se fuera.

Lo peor de todo, es que estos breves intercambios, serian la parte más interesante de mi día, si el Maer no enviaba por mí. Hasta el momento solo habíamos conversado, en un almuerzo ligero, tres veces mientras dábamos breves paseos por el jardín, y una vez tarde en la noche mientras las personas más sensibles permanecen en cama. Dos veces el mensajero de Alveron me despertó de mi profundo sueño antes que el cielo tomara el color azul del inicio del amanecer. Sé cuándo me están poniendo a prueba, Alveron quería ver si yo realmente estaba dispuesto a ponerme a su disposición en cualquier momento, ya fuera de día, o de noche, estaba viendo si me impacientaba o irritaba por su uso ocasional de mí.

Así que jugué su juego, fui encantador e infaliblemente educado, fui cuando me llamo y me fui tan pronto tuvo suficiente de mí. No hice preguntas impertinentes, no le hice ninguna petición, y pasaba el resto de mi día rechinando los dientes, paseando por mis amplias habitaciones y tratando de no pensar acerca de cuantos días tenía antes de que expirara la nota que tenía para el estuche de mi Laúd.

No es de extrañarse que un extraordinariamente débil golpe, hiciera que me abalanzara hacia la puerta, esperando que fuera una citación del Maer, pero en ese punto cualquier distracción era bienvenida.

Abrí la puerta, en donde se revelo ante mí un hombre mayor, un caballero enjuto hasta los huesos, sus ropas le daban cierta distinción, pero lo más importante era el hecho de que llevaba su riqueza con la cómoda indiferencia de quien ha nacido con ella. Verán, los nuevos y pretenciosos nobles y los ricos mercaderes, simplemente no pueden lucir de la misma manera. El sirviente de Alveron por ejemplo, tenía ropas más finas que la mitad de la nobleza, sin embargo pese a la confianza que poseía, solo lucia como un panadero que llevaba su mejor traje en un día de fiesta.

Gracias a los sastres de Alveron yo estaba vestido tan bien como cualquiera, con colores que me sentaban bien, verde hoja, negro y borgoña, con elaboraciones de plata en los puños y el cuello. Sin embargo, a diferencia de Stapes, yo lucia mis ropas con la facilidad informal de la nobleza. Ciertamente el brocado picaba, es cierto que los botones, las hebillas y el sinfín de capas de mi indumentaria eran rígidas e incomodas como las del traje de cuero de un mercenario, pero yo me adapte a él tan fácilmente como si fuera una segunda piel, en ese traje y en cómo me veía desarrolle mi papel como solo un miembro de la Troup lo puede hacer.

Como estaba diciendo, abrí la puerta y vi a caballero de avanzada edad de pie en el corredor.
“Así, que tú eres Kvothe, ¿verdad?”, el pregunto.

Asentí con mi cabeza ya que me habían tomado ligeramente fuera de lugar. La costumbre en el norte de Vintas era enviar a algún lacayo para concretar cualquier reunión, el mensajero lleva con él una nota y un anillo con el nombre del noble inscrito en el. Envías un anillo de oro cuando te vas a reunir con un noble de rango superior al tuyo, de plata para alguien que ostenta el mismo rango, y hierro para alguien con rango inferior, yo no tenía ningún grado por supuesto, ni títulos, ni tierras, ni familia, ni sangre noble, yo era un mal nacido, pero aquí nadie lo sabía. Todo el mundo asumía que el misterioso hombre del cabello rojo que pasaba el tiempo con Alveron era algún favorecido de la nobleza, y mi origen y posición eran temas muy debatidos. Lo realmente importante es que hasta el momento no había sido oficialmente presentado a la corte, realmente no tenía ningun titulo oficial. Por lo tanto los anillos que me enviaban eran de hierro, y no es usual rehusar una solicitud enviada con un anillo de hierro, a no ser que quieras ofender a tu superior, así que fue una rara sorpresa encontrar a este anciano caballero de pie fuera de mi puerta, obviamente un noble pero sin previo aviso y sin invitación.

“Puedes llamarme Bredon”, dijo mirándome a los ojos, “¿Sabes cómo Jugar TAK?”.

Negué con la cabeza, inseguro de que debía hacer.

Dio un pequeño suspiro decepcionado

“Pues bien, te puedo enseñar”.

El arrojo un saco de terciopelo negro hacia mí y yo lo tome con ambas manos, pude sentir como si estuviera lleno de pequeñas y lisas piedras.

Bredon hizo un gesto tras el y dos hombres jóvenes entraron afanosamente en mis habitaciones, llevando consigo una pequeña mesa, yo me hice a un lado fuera de su camino, y Bredon abrió la puerta a su paso.

“Pónganla junto a la ventana”.

Se dirigió a ellos señalándoles con su bastón.

“Y traigan unas sillas, pero no de las reclinables”.

En un instante todo estaba arreglado según sus órdenes, los dos sirvientes se fueron y Bredon se volvió hacia mí con una mirada de disculpa en su rostro.

“Espero que puedas perdonar la espectacular entrada de un anciano”.

“Por supuesto”, dije graciosamente,

“Por favor tome asiento” hice un gesto señalando la nueva mesa en mi ventana.

“Cuanto Aplomo”, se echó a reír apoyando su bastón contra el alfeizar de la ventana en donde la luz del sol se reflejó en la empuñadura de plata pulida con forma de cabeza de lobo gruñendo

Bredon era viejo, de ninguna manera un anciano, pero si de alguna forma me recordaba a lo que yo consideraba un abuelo, sus colores no eran de un tono absoluto, simplemente Gris Ceniza y carbón oscuro, su pelo y su barba eran del blanco más puro, cortados a la misma medida, haciendo que su rostro se enmarcara, y mientras estaba allí sentado viéndome con sus vivos ojos marrones que me hicieron recordar un búho.

Me senté frente a él mientras me preguntaba ociosamente de qué manera intentaría sonsacar información sobre mí, el, obviamente trajo un juego tal vez para tratar de que yo me abriera, eso sería un nuevo enfoque al menos.

El me sonrío, una sonrisa sincera la cual me vi devolviendo antes de darme cuenta de que lo estaba haciendo.

“Debes tener una colección de anillos para este momento” dijo.

Yo asentí con mi cabeza.

Se inclinó hacia delante con curiosidad “¿Pensarías que es terrible si te pido que me los dejes ver?”.

“Para nada”, me dirigí a la otra habitación y traje conmigo un puñado de anillos, poniéndolos encima de la mesa.

El los miro asintiendo con la cabeza para sí mismo.

“Has tenido que lidiar con nuestros mejores chismosos, Veston, Praevek y Temenlovy no han desperdiciado oportunidad.”.

Enmarco sus cejas al ver el nombre en otro anillo “Dos veces Praevek, y ninguno de ellos tiene una pizca de información sobre ti, ni siquiera un leve susurro”.

Bredon me miro “Eso me dice que estas manteniendo la lengua bien apretada entre tus dientes, y que eres muy bueno en eso, ten la seguridad de que no estoy aquí en un vano intento de entrometerme en tus secretos”.

No le creí del todo, pero era agradable de oír.
“Admito que es un alivio”, dije.
“Haciendo un paréntesis…”, el menciono casualmente.

“Te voy a decir que tradicionalmente los anillos se colocan en la puerta junto a la sala de estar, para mostrarlos como un símbolo de estatus”.

Yo no sabía eso, pero tampoco quería admitir que no estaba familiarizado con las costumbres de la corte local, ya que esto le haría saber que era o bien un extranjero o bien que no era de la nobleza.

“Realmente no hay ningún estatus en un puñado de hierro” dije despectivamente.

El conde Threpe me había explicado los conceptos básicos de los anillos antes de dejar Imre, pero él no era de Vintas y obviamente no conocía los detalles.

“Hay algo de verdad en eso”, dijo Bredon con facilidad,

“Pero tampoco es enteramente cierto, veras, los anillos de oro indican que los que están por debajo de ti, están trabajando para ganarse tus favores, los de plata indican una relación saludable con tus pares.”

El hizo una hilera con los anillos sobre la mesa.

“Sin embargo el hierro significa que tienes la atención de tus superiores, lo que indica que eres deseable”.

Yo asentí con la cabeza lentamente.

“Por supuesto”. Dije,

“Cualquier anillo que el Maer envíe será un anillo de hierro”.

Exactamente Asintió Bredon.

“Tener un anillo del Maer es una marca de gran favoritismo”.

Empujó los anillos hacia mí en la mesa de mármol pulido.

“Pero no hay ningún anillo aquí que realmente sea significativo”. Añadió el.

“Parece que no te son ajenas las políticas cortesanas”, señale.

Bredon cerró los ojos y asintió con su cabeza de una manera cansada.

“Estaba muy encariñado con esto cuando era joven, conseguir poder por cualquier medio, y todas esas cosas, pero ahora, no tengo ni las maquinaciones para avanzar, ni el gusto para realizar esas maniobras”.

Me miro de nuevo, directamente a los ojos.

“Tengo gustos simples ahora, Viajo, degusto vinos, tengo conversaciones con personas interesantes, incluso estoy aprendiendo a bailar”.

Sonrió gustosamente de nuevo y golpeo con sus nudillos en la mesa.

“Pero más que nada me gusta jugar al TAK, pero la mayoría de las personas no tienen ni el tiempo ni el ingenio para jugarlo apropiadamente”.

Levanto una ceja hacia mí.

Yo dude, uno podría suponer que una persona bien calificada en el sutil arte de la conversación podría utilizar largos tramos de charla ociosa para obtener información de una víctima inocente.

Bredon sonrió.

“Por los nombres en estos anillos te puedo decir que no he visto en ti otra cosa que los que ya han pasado por aquí han visto, que estas demasiado receloso de tus secretos sean cuales sean”.

Nuevamente se inclinó hacia delante.

“Los que se te han acercado son como las urracas que graznan y solapan a tu alrededor con la esperanza de arrebatarte algo brillante para llevarlo a casa con ellos”.

Entorno los ojos con desdén.

“Que hay de provechoso en esto, ¿algún tipo de elevación en su pequeño grupo de compañeros chismosos?”

Bredon pasó una mano por su barba blanca.

“Yo no soy una urraca, no necesito nada brillante, no me interesa lo que las malas lenguas hablen, yo, prefiero jugar un juego más sutil”.

Empezó a soltar el cordón que sujetaba la bolsa de terciopelo negro.

“Se, que eres un hombre ingenioso, también sé que el Maer no pierde su tiempo con tontos, sé que ya tienes la merced del Maer o que tienes posibilidades de obtener esa merced, Entonces, este es mi plan.”

Me dio una sonrisa de nuevo.

“¿Te gustaría escuchar mi plan?”.

Me encontré a mí mismo sonriendo sin querer como ya lo había hecho antes.

“Eso sería inusualmente amable de su parte” respondí

“Mi plan es insinuar mi favoritismo por ti ahora, y serte útil entreteniéndote con mi conversación para que pases el tiempo”.

En ese momento regó un grupo de piedras redondas sobre el tablero de mármol.

“Entonces cuando finalmente tu estrella finalmente se alce en el cielo del Maer, yo me encontraría a mí mismo contando con un amigo inesperadamente útil”.

Empezó a ordenar las piedras en sus diferentes colores.

“Y si tu estrella falla en levantarse, yo seré aún más rico por las partidas de TAK que jugaremos”

“También me imagino que no le hará nada de daño a tu reputación el pasar varias horas a solas conmigo” Mencione. “Teniendo en cuenta que las demás conversaciones que hasta el momento he sostenido han sido de cosas tan improductivas, probablemente no hayan pasado más del cuarto de hora”

“Hay algo de verdad en eso también”.

Dijo el mientras comenzó a disponer las piedras y sus curiosos ojos marrones me sonreían nuevamente

“Oh sí creo que voy a tener un poco de diversión jugando contigo”

***

Mis siguientes horas las invertí aprendiendo a jugar TAK, incluso si no hubiera estado casi loco del aburrimiento, lo hubiera disfrutado. El TAK es el mejor tipo de juego, simple en sus reglas, complejo en estrategia.

Bredon me venció fácilmente en las cinco partidas que jugamos, pero estoy orgullosos de decir que nunca me golpeo de la misma manera dos veces

Después del quinto juego se echó hacia atrás dando un suspiro de satisfacción.

“Este se aproximó mucho a lo que es un buen juego, tenías inteligentemente esta esquina”.

Movió los dedos en el borde del tablero

“No lo suficientemente inteligente” dije.

“Inteligente, no obstante, a lo que intentaste hacer se le llama la caída BROOKER, solo para que lo sepas”.

“Y cuál es el nombre de la maniobra con la que escapaste de ella” , pregunte.

“Yo la llamo defensa Bredon”. Dijo el sonriendo elegantemente.

“Pero le llamo así a cualquier maniobra que me saque de un aprieto tan inteligentemente montado”

Me eche a reír y comencé a separar las piedras.

“¿Otro Juego?”

Bredon Suspiro.

“¡Ay!, tengo una cita ineludible, no es necesario que salga a toda prisa por esa puerta, pero no tengo el tiempo suficiente para otro juego, no sería lo más apropiado”.

Me miro por encima con sus ojos marrones cuando empezó a guardar las piedras en la bolsa de terciopelo.

“No voy a insultarte preguntándote si estas familiarizado con las costumbres locales” Dijo Bredon.

“Sin embargo, pienso que podría darte algunos pequeños consejos generales, en la remota posibilidad de que pudieran llegar a serte de utilidad” Él me sonrió.

“Sería mejor que los escucharas, si te niegas revelarías tu desconocimiento de estas cosas”

“Por supuesto”, le dije con el rostro serio

Bredon abrió el cajón de la mesa y saco el puñado de anillos de hierro que había apartado para despejar nuestro tablero de juego.

“La presentación de los anillos es de gran importancia. Si están mezclados todos juntos en un recipiente por ejemplo, implica que te falta interés en los aspectos sociales de la corte. Él dispuso los anillos con los nombres grabados hacia mí.

“Presentados de esta forma, les muestras que estas orgulloso con sus conexiones” Me miro y sonrió.

“De cualquier manera un recién llegado suele dejarlos solos en la sala de estar con algún pretexto, esto te da oportunidad para que a través de husmear en tu colección puedan saciar su curiosidad”

Encogiéndose de hombros, Bredon empujo los anillos hacia mí.

“Por supuesto siempre puedes ofrecer devolver los anillos a sus propietarios”

Fue cuidadoso al no convertirlo en una pregunta.

“Por supuesto” Dije sinceramente. Threpe lo sabía.

“Es la cosa más cortes por hacer”.

El me miro, con sus ojos cafés como los de una lechuza desde la aureola de su cabello y barba blancos.

“¿Has usado alguno de ellos en público?”

Levante mis manos.

“Usar un anillo puede indicar una deuda, o que estas tratando de ganarte el favor de alguien”. El me miro. “Si el Maer se niega a tomar de vuelta su anillo, podría ser una señal de que el está dispuesto a hacer una conexión más formal”

“Y no llevar puesto su anillo sería visto como un desaire” le dije,

Bredon sonrio.

“Tal vez. Una cosa es mostrar un anillo en una sala de estar, pero otra muy distinta es llevarlo en tu mano, usar el anillo de alguien de más jerarquía puede ser visto como algo muy presuntuoso; además, si llevas el anillo de otro noble durante tu visita al Maer, lo podría tomar a mal, es algo como si alguien cazara furtivamente en su bosque.”

Él se reclino en su silla.

“Menciono estas cosas como puntos generales de conversación”, dijo.

“Pero sospecho que esta información es bien conocida por ti, y que tú eres muy cortes al dejar divagar a un viejo”

“Quizás todavía me estoy recuperando de una serie de apabullantes derrotas en el TAK”, le dije.

Hizo un gesto quitándole importancia a mi comentario, y me di cuenta de que no llevaba anillos en las manos.

“Lo aprendiste tan rápido, como un Barón aprende en un burdel, tal vez seas un desafío para mí en algo menos de un mes”.

“Espera y veras”, le dije.

“Te voy a vencer la próxima vez que juguemos”

Bredon rio entre dientes.

“Me gusta escuchar eso”.

Busco en sus bolsillos y saco una pequeña bolsa de terciopelo.

“También he traído un pequeño regalo”.

“No podría”, dije por reflejo. “Ya me has dado toda una tarde de entretenimiento”

“Por favor”. Dijo.

Poniendo la bolsa encima de la mesa.

“Debo insistir, son tuyos, sin compromisos, es un regalo, sin costo alguno”

Abrí la bolsa y tres anillos resonaron en la palma de mi mano, Oro, Plata y Hierro. Y cada uno tenía mi nombre grabado en el Metal. Kvothe.

“Escuche un rumor sobre tu equipaje perdido” Dijo Bredon.

“Y pensé que podrían serte de utilidad”, Sonrió

“Especialmente si deseas otro Juego de TAK”

Di vuelta a los anillos ociosamente en mi mano, preguntándome si el anillo de oro sería de oro sólido, o simplemente estaría enchapado

“¿Y que anillo debería enviar a mi nuevo conocido si deseara su compañía?”

“Bueno” dijo Bredon lentamente,

“Es complicado, por mi premura al irrumpir en tus aposentos, he olvidado hacer una presentación apropiada e informarte de mí rango y mi título”.

Sus ojos cafés miraron dentro de los míos seriamente

“Y sería de mala educación indagar sobre esos temas”

Dije lentamente, no muy seguro de a que estaba jugando.

El asintió.

“Entonces, por ahora, tú debes asumir que no tengo ni título ni rango, esto nos coloca en una curiosa situación: Tú no te presentaste con la corte, y yo mismo no me presente contigo, por lo tanto sería apropiado que me envíes un anillo de plata, si en el futuro, te gustaría compartir un almuerzo o amablemente perder otro juego de TAK.”

Di vueltas al anillo de plata entre mis dedos, si se lo enviaba correría el rumor de que estaba afirmando un rango igual al suyo, y no tenía idea de cuál era este, “¿Que diría la gente?”

Sus Ojos bailaron un Poco, “¿Que importa?”

Así que el día paso, el Maer me llamo para una conversación formal y las nobles urracas me enviaron sus cartas y anillos para reunirnos para un cortés y formal parloteo.

Bredon me ayudo impidiendo que mi enjaulado aburrimiento creciera. Al día siguiente le envié mi nuevo anillo de plata con una tarjeta que decía: “En su tiempo libre lo espero en mis aposentos.”, Cinco minutos después llego con su mesa de TAK y la bolsa de piedras, me devolvió el anillo y yo lo acepte tan amablemente cómo fue posible, no me hubiera importado que él lo conservara sin embargo sabía que solo tenía uno.

Nuestro quinto juego se vio interrumpido cuando fui convocado por el Maer con su anillo de hierro posado en la bandeja de plata pulida de su mensajero, di mis disculpas a Bredon y me apresure hacia los jardines.

Más tarde esa noche Bredon me envió su propio anillo de plata y una tarjeta que decía: “en tus habitaciones después de la cena”, escribí: “Encantado” en la tarjeta y la devolví.

Cuando llegó me ofrecí a devolvérselo, el declino la oferta cortésmente y lo puso junto al resto en el tazón junto a mi puerta, lo dejo allí para que todos lo vieran, plata brillante entre un puñado de hierro.

jueves, 1 de septiembre de 2011

capitulo 56

 Holaaa! pues aqui ya el capitulo 56!!! No puede ser! y yo aun no subo el pack 50!!!! este capitulo fue traducido por Franco!!!!

Capitulo 56
Poder

Alveron envió por mí de nuevo el día siguiente y pronto los dos estábamos paseando nuevamente por los senderos del jardín, con su mano apoyada suavemente sobre mi brazo. “Vamos hacia el lado sur.” El Maer señaló con su bastón. “Escuché que las selas florecerán pronto.”

Tomamos el camino de la izquierda y el tomo aire. “Hay dos tipos de poder: el inherente y el concedido,” Dijo Alveron, dejándome saber el tema de nuestra conversación de hoy. “El poder inherente es el que posees como parte de ti mismo. El poder concedido es aquel dado o prestado por otra persona.” Me miró de reojo. Yo asentí.

Viendo que estaba de acuerdo, el Maer continuó. “El poder inherente es algo obvio. La fuerza del cuerpo.” Dio unas palmaditas en mi brazo. “La fuerza de la mente. La fuerza de la personalidad. Todas esas cosas se encuentran dentro de una persona. Ellas nos definen. Ellas determinan nuestros límites.”

“No completamente, su merced,” Protesté amablemente. “Un hombre puede siempre mejorarse a sí mismo.”

“Ellas no limitan,” dijo el Maer firmemente. “Un hombre con una sola mano nunca luchará en los ruedos. Un hombre con una sola pierna nunca correrá tan rápido como un hombre con dos.”

“Un guerrero Adem con una sola mano puede ser más letal que un guerrero común con dos, su excelencia.” Señalé. “A pesar de su deficiencia.”

“Cierto, cierto,” dijo enojadamente. “Podemos mejorarnos, ejercitar nuestros cuerpos, educar nuestras mentes, prepararnos cuidadosamente.” Se pasó una mano por su inmaculada barba. “Porque incluso la apariencia es un tipo de poder. Pero siempre hay límites. Mientras que un hombre con una sola mano puede convertirse en un guerrero aceptable, el no podría tocar el laúd.”

Asentí lentamente. “Tiene usted un buen punto, su merced. Nuestro poder tiene límites que podemos extender, pero no indefinidamente.”

Alveron levantó un dedo. “Pero ese es solo el primer tipo de poder. Estamos limitados solo si nos basamos en el poder que poseemos nosotros mismos. Aun esta el tipo de poder que es dado. ¿Entiendes que quiero decir con poder concedido?”

Pensé un momento. “¿Impuestos?”

“Hmm,” dijo el Maer, sorprendido. “Ese es un ejemplo bastante bueno, en realidad. ¿Has pensado mucho en este tipo de cosas antes?”

“Un poco,” Admití. “Pero nunca en esos términos.”

“Es una cuestión difícil,” dijo, sonando complacido con mi respuesta. “¿Cual piensas que es el tipo de poder más grande?”

Solo tuve que pensarlo por un segundo. “El inherente, su excelencia.”

“Interesante. ¿Por qué dices eso?”

“Porque un poder que posees por ti mismo no puede ser te quitado, su excelencia.”

“Ah.” Levantó un dedo largo como si me advirtiera. “Pero ya hemos convenido en que ese tipo de poder es muy limitado. El poder concedido no tiene límites.”

“¿Ningún límite, su excelencia?”

Alveron asintió con la cabeza en concesión. “Muy pocos límites, entonces.”

Todavía no estaba de acuerdo. El Maer debió verlo en mi cara porque se inclinó hacia mí para explicar. “Digamos que tengo un enemigo, joven y fuerte. Digamos que ha robado algo que me pertenece, algo de dinero. ¿Me sigues?”

Asentí.

“Ningún tipo de entrenamiento me haría el adversario de un pendenciero de veinte años. ¿Entonces qué hago? Le digo a uno de mis jóvenes y fuertes amigos que vaya y le dé una paliza. Con esa fuerza puedo lograr algo que de otra manera sería imposible.”

“En lugar de eso su enemigo podría darle una paliza a su amigo,” Señalé al doblar una esquina. Un enredado arco convirtió el camino delante de nosotros en un túnel de sobra, grueso con hojas de color verde profundo.

“Digamos que tengo tres amigos juntos,” modificó el Maer. “¡De repente se me ha concedido la fuerza de tres hombres! Mi enemigo, aun si es muy fuerte, nunca podrá ser tan fuerte como eso. Mira las selas. Terriblemente difíciles de cultivar, según me dicen.”

Entramos en la sombra del túnel enrejado donde cientos de pétalos color rojo profundo habían florecido a la sombra de las hojas y el arco. El olor era dulce y tembloroso. Pasé la mano por una de las flores color rojo oscuro. Era indescriptiblemente suave. Pensé en Denna.

El Maer volvió a nuestra discusión. “Te estás perdiendo el punto, de todos modos. El préstamo de la fuerza es solo un pequeño ejemplo. Algunos tipos de poder sólo se pueden dar.”

Hizo un gesto sutil a un rincón del jardín. “¿Ves al Contador Farlend allí? Si le preguntas sobre su título, él dirá que lo posee. Diría que es una parte de él tanto como su propia sangre. Una parte de su sangre, de hecho. Casi cualquier noble diría lo mismo. Ellos argumentarán que su linaje les infundió el derecho a gobernar.”

El Maer me miró, sus ojos brillaban con diversión. “Pero ellos están equivocados. Ese no es un poder inherente. Es concedido. Podría quitarles sus tierras y dejarlos en la miseria de la calle.”

Alveron me hizo una seña para que me acercara, y me incliné un poco. “Aquí hay un gran secreto. Incluso mi título, mis riquezas, mi control sobre la gente y la tierra. Es sólo un poder concedido. No me pertenecen más de lo que me pertenece la fuerza de tu brazo.” Él acarició mi mano y me sonrió. “Pero yo sé la diferencia y es por eso que siempre tengo el control.”

Se enderezó y habló en un tono normal. “Buenas tardes, Contador. Hermoso día para estar en el sol, ¿no le parece?”

“En efecto, su excelencia. Las selas son bastante impresionantes.” El Contador era un hombre fuerte con papada y un grueso bigote. “Mis felicitaciones.”

Después de que el contador se nos adelantó, Alveron continuó. “Notaste que me felicitó por las selas? Nunca he tocado una pala en mi vida.” Me miro de reojo, con una expresión un poco petulante. “¿Aun crees que el poder inherente es el mejor de los dos?”

“Usted tiene un atractivo argumento, su merced,” dije. “Sin embargo—”

“Eres difícil de convencer. Un último ejemplo, entonces. ¿Estamos de acuerdo en que nunca seré capaz de dar a luz a un niño?”

“Creo que es seguro decirlo, su merced.”

“Sin embargo, si una mujer me concede el derecho a casarme con ella, yo puedo dar a luz a un hijo. A través del poder concedido, un hombre puede hacerse tan rápido como un caballo, tan fuerte como un buey. ¿Puede el poder inherente hacer eso por ti?”

Yo no podría argumentar a eso. “Me inclino ante su argumento, su excelencia.”

“Me inclino ante tu sabiduría al aceptarlo.” Rió entre dientes y al mismo tiempo el sonido tenue de la hora se escucho a través del jardín. “Que molestia,” dijo el Maer, agriándose su expresión. “Debo ir a tomar mi espantoso medicamento o Caudicus estará completamente inmanejable por un par de días.” Le dirigí una mirada burlona y se explicó. “De alguna manera descubrió que tiré la dosis de ayer en el orinal.”

“Su excelencia debe ser consciente de su salud.”

Alveron frunció el ceño. “Te sobrepasas,” espetó.

Me ruboricé de vergüenza, pero antes de que pudiera disculparme me indico con la mano que guardara silencio. “Tienes razón, por supuesto. Conozco mi deber. Pero suenas igual que él. Un Caudicus es suficiente para mí.”

Se detuvo para inclinar la cabeza hacia una pareja que se acercaba. El hombre era alto y apuesto, unos pocos años mayor que yo. La mujer tenía cerca de treinta años, con ojos oscuros y una boca elegante y malvada. “Buenas noches, Lady Hesua. ¿Confío en que su padre continua mejorando?”

“Oh si,” dijo ella. “El cirujano dijo que debería poder levantarse antes de que termine el ciclo.” Ella me llamó la atención brevemente, su boca roja curvada en una sonrisa de complicidad.

Luego se fue por delante de nosotros. Me encontré sudando un poco.

Si el Maer lo notó, lo ignoró. “Terrible mujer. Un hombre nuevo cada pocos días. Su padre fue herido en un duelo con el Escudero Higton por un comentario ‘inapropiado’. Un comentario cierto, pero eso no cuenta mucho una vez que las espadas están fuera.”

“¿Y el escudero?”

“Murió al día siguiente. Una lástima también. Él era un buen hombre, pero no lo suficientemente listo como para medir su lengua.” El suspiró y miró la torre de la campana. “Como estaba diciendo. Un médico es suficiente para mí. Caudicus cacarea sobre mí como una gallina a sus polluelos. No me gusta tomar la medicina cuando ya estoy en vías de recuperación.”

El Maer parecía mejor hoy. Él no había necesitado realmente la ayuda de mi brazo durante nuestro paseo. Sentí que sólo se apoyó en mí para darnos una excusa para estar hablando tan cerca. “Su salud mejorada parece ser prueba suficiente de que sus cuidados están curándolo,” dije.

“Si, si. Sus medicamentos ahuyentan mi enfermedad por días. A veces por meses.” Suspiró con amargura. “Pero siempre regresan. ¿He de beber pociones el resto de mi vida?”

“Tal vez la necesidad de ellas terminará, su excelencia.”

“Tenía la misma esperanza. En sus recientes viajes Caudicus reunió algunas hierbas que funcionaron maravillosamente bien. Su último tratamiento me dejó sano casi por un año. Pensé que por fin estaba libre de esto.” El Maer frunció el ceño mirando su bastón. “Sin embargo, aquí estoy.”

“Si yo pudiera ayudar de cualquier manera, su excelencia, lo haría.”

Alveron volvió la cabeza para mirarme a los ojos. Después de un momento asintió para sí mismo. “Creo que lo harías,” dijo. “Que extraordinario.”

***

Siguieron varias conversaciones de tipo similar. Me di cuenta de que el Maer estaba tratando de hacerse una idea de mí. Con toda la habilidad que se aprende en cuarenta años de intrigas cortesanas, el dirigió la conversación de manera sutil, aprendiéndose mis opiniones, para determinar si era o no digno de su confianza.

Aunque no tenía la experiencia del Maer, yo era un buen conversador. Era siempre cuidadoso con mis respuestas, siempre cortés. Después unos días, un respeto mutuo comenzó a crecer entre nosotros. No una amistad como la que tenía con el Conde Threpe. El Maer nunca me animó a descartar su título o a sentarme en su presencia, pero nos acercábamos cada vez más. Mientras Threpe era un amigo, el Maer era como un abuelo lejano: amable pero más viejo, serio, y reservado.

Tenía la impresión de que el Maer era un hombre solitario, obligado a permanecer al margen de sus súbditos y los miembros de su corte. Casi sospechaba que podría haber enviado a Threpe en busca de un acompañante. Alguien inteligente, pero retirado de la política de la corte para poder tener una conversación honesta de vez en cuando.

Al principio descarte tal idea como poco probable, pero los días continuaban pasando y el Maer aun evitaba cualquier mención sobre el uso que planeaba darme.

Si hubiera tenido mi laúd me podría haber pasado el tiempo agradablemente, pero todavía yacia en el bajo Severen, a siete días de pertenecerle a la casa de empeño. Así que no había música, solo mi habitación con eco y mi maldita ociosidad inútil.

Como se difundieron rumores sobre mí, varios miembros de la corte vinieron de visita. Algunos pretendieron darme la bienvenida. Otros demostraron querer chismes. Incluso sospechaba que había unos pocos intentos de seducción, pero en ese momento de mi vida, yo sabía muy poco de las mujeres, así que era inmune a ese tipo de juegos. Un caballero incluso trató de pedirme dinero prestado y tuve me costó mucho no reírme en su cara.

Contaban diferentes historias y usaban diferentes grados de sutileza, pero todos estaban allí por la misma razón: para obtener información de mí. Sin embargo, teniendo instrucciones del Maer acerca de cerrar la boca sobre mí mismo, todas las conversaciones eran breves y poco satisfactorias.

Todas excepto una, debo decir. La excepción confirma la regla.

Capitulo 55

Holaaa puff hasta ahorita me di tiempo de subir el capitulo, ya son casi las tres aca, okas este capitulo igual que el pasado, tambien fue traducido por Alfonso!!!
Okas ire a dormir yaa! solo siento no he subido el pack de los 50 capitulos, mañana sin falta lo subire.

Capitulo 55
Merced

Avisté al Maer a través de una brecha en el arbolado. Estaba sentado en un banco de piedra debajo de la sombra de un arbol de sus jardines, luciendo en cada parte un caballero en sus manchas anchas y su chaleco. Llevaba los colores de la casa de Alveron: zafiro y marfil. Pero mientras que su ropa era fina, no eran ostentosas. Llevaba un anillo de oro, pero ningun otro tipo de joyas. En comparación con muchos otros en su corte, el Maer vestia de manera simple.

Al principio esto parecía implicar que Alveron desdeñaba las modas de la corte. Pero después de un momento, vi la verdad. El marfil sin defectos de su camisa color crema y el zafiro vibrante de su chaleco. Yo habría apostado mi pulgar a que no habían sido usados más de una media docena de veces.

Como una muestra de riqueza, era sutil y sorprendente. Una cosa era ser capaz de comprar ropa fina, pero ¿cuanto costaria mantener un guardarropa que nunca mostrara el más mínimo indicio de desgaste? Cai en la cuenta de que lo Threpe había dicho acerca de Alveron: Rico como el Rey de Vintas.

El propio Maer se veia igual que antes. Alto y delgado. Canoso y con un peinado impecable. Noté cansancio en las líneas de su rostro, en el ligero temblor de sus manos y en su postura. Se ve viejo, me dije a mí mismo, pero no lo es.

El campanario comenzó a tocar la hora. Di un paso atrás de la cerca y caminé alrededor de la esquina para encontrar al Maer.

Alveron asintió con la cabeza, sus ojos fríos me buscaron con cuidado. "Kvothe, estaba mas que esperanzado de que vendrias."

Di una reverencia semi-formal. "Tuve el placer de recibir su invitación, su merced."

Alveron no hizo ningún gesto para que me sentase, por lo que permaneci de pie. Supuse que estaba poniendo a prueba mis modales. "Espero que no te importe que nuestra reunión sea en el exterior. ¿Has visto los jardines ya? "

"No he tenido la oportunidad, su merced." Había estado atrapado en mi condenada habitacion hasta que había enviado por mi.

"Debes permitir que te lo muestre todo." Cogió un bastón pulido que se apoyaba a la sombra del árbol . "Siempre he encontrado que tomar un poco de aire es bueno para lo que preocupa al cuerpo, aunque otros no están de acuerdo." Él se inclinó hacia adelante para ponerse de pie, pero una sombra de dolor cruzó su rostro y suspiro, fue una exalacion dolorosa que paso entre los dientes. Enfermo. Me dije. No viejo, enfermo.

Yo estaba a su lado en un instante y le ofrecí mi brazo. "Permítame, su merced."

El Maer esbozo una sonrisa forzada. "Si yo fuera más joven, me gustaría rechazar tu oferta", suspiró. "Pero el orgullo es el lujo de los fuertes." Paso una mano sobre mi brazo delgado y me uso de apoyo para levantarse. "Tengo que conformarme con ser elegante en su lugar."

"La elegancia es el lujo de los sabios", le dije con facilidad. "Por lo tanto, puede mostrar que su sabiduría le da la gracia."

Alveron dio una sonrisa irónica y me palmeó el brazo. "Eso hace que sea un poco más fácil de soportar, supongo."

"¿Le gustaria su baston, su merced?" Le pregunté. "¿O deveriamos caminar juntos?"

Él solto la misma risa seca. "'Caminar juntos. Eso es delicado." Tomó el bastón en la mano derecha mientras la izquierda me cogio del brazo en un apretón sorprendentemente fuerte.

"Señor y señora", juró por lo bajo. "No me gusta ser visto tambaleante. Es menos irritante apoyarse en el brazo de un joven que cojear por mi solo. Es una cosa horrible que tu cuerpo te falle. Nunca piensas en eso cuando eres joven."

Empezamos a caminar y nuestra conversación arrullada por el sonido de salpicaduras de agua en las fuentes y los pájaros cantando en los setos. En ocasiones, el Maer destacaba una pieza en particular de las estatuas y decia cuál de sus antepasados la habían encargado, hecho, o (él hablaba de estos de una manera más tranquila, en tono de disculpa) saqueado de países extranjeros en tiempos de guerra.

Caminamos por los jardines la mayor parte de de una hora. El peso de Alveron en mi brazo se redujo gradualmente y pronto me estaba usando más para mantener el equilibrio que de apoyo. Pasamos por varios nobles que se inclinaron o hicieron un gesto hacia el Maer. Después de que estuvieron fuera del alcance del oído mencionaba quiénes eran, cómo se clasificaban en la corte y un fragmento o dos de chismes divertidos.

"Se estan preguntando quién eres", dijo después de que una de esas parejas habían pasado detrás de un seto. "Esta noche va a ser el centro de toda la charla. ¿Eres un embajador de Renere? Un joven noble en busca de un feudo rico y una esposa? Quizás tú eres mi hijo perdido, un remanente de mi juventud salvaje." Rió entre dientes para sí mismo y me dio unas palmaditas en el brazo. Él podría haber continuado, pero tropezó con una loza que sobresalia y casi se cae. Se tranquilizó rápidamente y se sento en un banco de piedra junto al camino.

"Maldito y molesto", maldijo, obviamente avergonzado. "¿Cómo se habria visto, el Maer arrastrandose por ahí como un escarabajo de espaldas?" Miró alrededor de mal humor, estabamos solos. "¿Harías a un viejo un favor?"

"Estoy a su disposición, su merced."

Alveron me dirigió una mirada astuta. "¿Estas de verdad? Bueno, es una cosa pequeña. Manten en secreto quién eres y cuales son tus asuntos aqui. Se que le hara maravillas a tu reputación. Lo menos que les digas, más desearan todos saber de ti. "

"Voy a mandenerme en secreto , su merced. Pero tendria mas suerte evitando el tema de por qué estoy aquí, si yo supiera lo que era. . . . "

La expresión de Alveron fue astuta. "Es cierto. Pero este es un lugar demasiado público. Has mostrado una gran paciencia hasta ahora. Ejercitala un poco mas. "Él me miró. "¿Serías tan amable de acompañarme hasta mis habitaciones?"

Le tendí el brazo. "Desde luego, su merced."

***

Después de regresar a mis habitaciones, me quité la chaqueta bordada y la colge en el armario de palo de rosa tallada. La enorme pieza de mobiliario estaba forrada con madera de cedro y sándalo. Con grandes espejos colgados en el interior de las puertas.

Caminé por el suelo de mármol pulido y me sente en un sofá de terciopelo rojo a descansar. Inquieto, me puse de pie y me movi por la habitación. Habia pinturas en las paredes, retratos y escenas pastorales hechas con habilidad. Una de las paredes tenia un enorme tapiz que mostraba una gran batalla naval con minucioso detalle. Ocupó mi atención durante casi media hora.

Echaba de menos mi laúd.

Había sido muy difícil empeñarlo, como cortarse la mano. Estaba enfermo de preocupación por si pasaban los diez dias y no podria volver a comprarlo por los intereses.

Pero sin quererlo, el propio Maer había tranquilizado un poco mi mente. En el armario habia colgados seis trajes, lo suficientemente buenos para cualquier señor. Cuando fueron enviados a mi habitacion me sentí relajar. Lo primero que pensé al verlos fue que ahora podía mezclarme cómodamente con la sociedad cortesana. Pensé que si a lo peor le siguiera el peor de los casos, podía venderlos y asi tener suficiente dinero para recuperar mi laúd.

Por supuesto, si yo hiciera tal cosa, quemaria todas mis opciones con el Maer. Haría mi viaje a Severen un sin sentido y avergonzaría a Threpe tan profundamente que nunca podría hablarme de nuevo. Sin embargo, esa opción me dio un delgado hilo de control sobre la situación. Fue suficiente para que yo pudiera dejar de estar completamente loco de preocupación.

Echaba de menos mi laúd, pero si pudiera obtener el patrocinio del Maer, el camino de mi vida se haria de repente liso y recto. El Maer tenía dinero suficiente para yo poder continuar mis estudios en la Universidad. Sus conexiones podrían ayudarme a continuar mi investigación sobre los Amyr.

Tal vez lo más importante era el poder de su nombre. Si el Maer fueran mi mecenas, yo estaría bajo su protección. El padre de Ambrose podría ser el barón mas poderoso de todo vintas, a una docena de pasos de la realeza. Pero Alveron era prácticamente un rey por derecho propio. ¿Cuánto más sencilla sería mi vida sin esperar infinitamente a que Ambrose clavase estacas en mis ruedas? Era un pensamiento increible.

Echaba de menos mi laúd, pero todas las cosas tienen su precio. Para tener la oportunidad de tener el Maer como mecenas, estaba dispuesto a apretar los dientes y pasar un lapso de aburrimiento y ansiedad, sin música.

Alveron resultó estar en lo correcto acerca de la naturaleza curiosa de su corte. Después de que él me llamó a su estudio por la noche, el rumor estalló como un incendio forestal a mi alrededor. Yo podía entender por qué el Maer disfrutaba de este tipo de cosas. Era como ver las historias nacer.