sábado, 8 de octubre de 2011

Capitulo 73

Este capitulo fue traducido por Marcelo, realmente se esforso muchisimo en hacerlo perfecto y tambien me pidio que mencionara a su amiga Raquel Villón que le ayudo mucho en la traduccion!!
Bueno pues aqui esta, si si quiera dire como es el capitulo por que no se como describirselos.
Okay rapidamente en otras cosas estoy preparando una entrada que sea como una pequeña clase sobre las reglas mas basicas para usar guiones ya que me lo an pedido.
 
Capitulo 73
Sangre y Tinta

En la Teofanía, Teccam escribe sobre los secretos, llamándolos dolorosos  tesoros de la mente. Explica que lo que la mayoría de las personas  conoce como secretos realmente no es nada por el estilo. Los misterios,  por ejemplo, no son secretos. Tampoco son los hechos poco conocidos o  las verdades olvidadas. Un secreto, Teccam explica, es el verdadero  conocimiento oculto activamente.
Los  filósofos han hecho objeciones acerca de su definición por siglos.  Apuntan a los problemas lógicos con él, las lagunas, las excepciones.  Pero en todo este tiempo ninguno de ellos se las ha arreglado para  tener una mejor definición. Eso, quizá, nos dice más que todas las  sutilezas combinadas.
En  otro capítulo posterior, menos discutido y menos conocido, Teccam explica  que hay dos tipos de secretos. Hay secretos de la boca y secretos  del corazón.
La  mayoría de los secretos son secretos de la boca. Chismes compartidos y  escándalos pequeños murmurados. Estos secretos anhelan ser dejados  sueltos sobre el mundo. Un secreto de la boca es como una piedra en la  bota. Al principio uno apenas es consciente de que la tiene. Luego crece irritante y se vuelve intolerable. Los secretos de la boca crecen aún más grandes cuanto más tiempo se los guarda, hinchándose hasta que presionan contra los labios. Luchan por ser liberados.
Los  secretos del corazón son diferentes. Son privados y dolorosos y no queremos nada más que ocultarlos al mundo entero. No se hinchan y presionan contra la boca. Viven en el corazón y cuanto más tiempo se guardan, más pesados se vuelven.
Teccam  afirma que es mejor tener la boca llena de veneno que un secreto del corazón. Cualquier tonto escupirá veneno, dice, pero acumulamos estos tesoros dolorosos. Tragamos duro contra ellos todos los días,  forzándolos hacia lo profundo dentro de nosotros. Allí se sientan, cada  vez más pesados, supurando. Con suficiente tiempo, no pueden evitar aplastar el corazón que los sostiene.
Los  filósofos modernos desprecian a Teccam, pero son buitres hurgando en  los huesos de un gigante. Objeta todo lo que quieras, Teccam comprendía  la forma del mundo.

***

El  día después que había seguido Denna a través de la ciudad, ella me envió una nota y la encontré fuera de Las Cuatro Velas. Nos habíamos  encontrado docenas de veces allí en el último ciclo, pero hoy algo era  diferente. Hoy Denna llevaba un vestido largo y elegante, no en capas y  cuello alto como en la moda actual, sino ajustado y abierto en el cuello. Era  de un azul intenso y cuando dio un paso pude vislumbrar un largo tramo  de su pierna desnuda debajo.
El  estuche de su arpa se inclinaba contra la pared detrás de ella y tenía  una expresión expectante en sus ojos. Su oscuro cabello era brillante en  la luz del sol, sin adornos a excepción de tres trenzas atadas con una  estrecha cuerda azul. Estaba descalza y sus pies estaban manchados de  hierba. Ella sonrió.
—Esta lista, —dijo, la emoción repiqueteo a través de su voz como un trueno  distante. —Lista lo suficiente como para tocarte una parte de cualquier modo.  ¿Quieres oírla?— Noté un poco de timidez bien escondida en su voz.
Como  ambos estábamos trabajando para mecenas que valoraban su privacidad,  Denna y yo no solíamos hablar de nuestro trabajo. Comparamos nuestros dedos manchados de tinta y lamentamos nuestros apuros, pero  sólo de manera vaga.
—Nada me gustaría más que escucharte, —le dije mientras Denna cogía el  estuche de su arpa y empezó a bajar la calle. Eche a andar a su lado—.  ¿Pero a tu mecenas no le molestará?
Denna  se encogió de hombros demasiado casual. —Dice que quiere que mi primera  canción sea algo que los hombres canten durante cien años, así  que dudo que quiera que se mantenga para siempre embotellada. —Ella me  dio una mirada de reojo—. Vamos a ir a un lugar privado y te dejaré  escucharla. Siempre y cuando no vayas gritándola desde los tejados, Debería ser segura.
Nos  pusimos en marcha hacia la puerta occidental por acuerdo tácito. —Me  habría traído a mi laúd, —dije—, pero finalmente encontré un reparador de laudes en  el que confío. He mandado a arreglar esa clavija suelta.
—Me  servirías mejor como audiencia hoy, —dijo ella—. Siéntate extasiado de  admiración mientras toco. Mañana te miraré yo, toda con ojos llorosos con el asombro.  Me maravillaré de tu destreza, ingenio y encanto. —Ella movió su arpa a  su otro hombro y me sonrió—. Siempre que no los dejaras para que los arreglen en la  tienda.
—Siempre estoy para un dueto, —le sugerí—. Arpa y laúd es raro pero no imposible.
—Eso está finamente formulado. —Ella me miró de reojo—. Pensare sobre eso.
Como me había sucedido una docena de veces antes, luché contra el impulso de  decirle que había recuperado su anillo de Ambrose. Quería contarle la  historia de la misma, con errores y todo. Pero estaba bastante seguro de  que el impacto romántico de mi gesto se vería disminuido por el final  de la historia, donde efectivamente había empeñado el anillo antes de que dejara Imre. Es mejor mantenerlo en secreto por ahora, pensé y  sorprenderla con el propio anillo.
—Así que ¿qué pensarías, —le pregunté, —de contar con el Maer Alveron como tu mecenas?
Denna se detuvo y se volvió a mirarme. — ¿Qué?
—Actualmente estoy en su favor, —le dije—. Y me debe un favor o dos. Sé que has estado buscando un mecenas.
—Yo tengo un mecenas, —dijo con firmeza—. Uno que me he ganado por mi propia cuenta.
—Tú tienes un medio mecenas, —protesté—. ¿Dónde está el escrito de  patrocinio? Tu Maestro Fresno podría ser capaz de darte algún apoyo  financiero, pero la mitad más importante de un patrón es su nombre. Es  como una armadura. Es como una llave que abre…
—Yo sé cómo funciona un mecenazgo, —dijo Denna, cortándome.
—Entonces  sabes que el tuyo te está estafando, —le dije. —Si el Maer hubiera  sido tu mecenas cuando las cosas iban mal en la boda, nadie en ese pequeño pueblo se hubiera atrevido a alzar la voz contra ti, por no  hablar de su mano. Incluso a un millar de kilómetros de distancia el  nombre del Maer te habría protegido. El té hubiera mantenido a salvo. 
Un  mecenas puede ofrecer más que un nombre y dinero, —dijo Denna con un  filo en su voz. —Estoy bien, sin el amparo de un título y honestamente,  me irrita que alguien quisiera vestirme con sus colores. Mi mecenas me da otras  cosas. Él sabe las cosas que necesito saber. —Ella me dio una mirada  irritada cuando sacudió su cabello sobre su hombro. —Te he dicho todo  esto antes. Estoy contento con él por el momento.
—  ¿Por qué no tener ambos? —le sugerí—. El Maer en público y tu Maestro Fresno en secreto. Seguramente no podía oponerse a eso. Alveron  probablemente podría aun mirar a este otro tipo por ti, asegurarse de que no está tratando de ganarte con falsas…
Denna  me miró horrorizada. —No. Dios no. —Se volvió hacia mí, su expresión  seria—. Prométeme que no trataras de averiguar nada sobre él. Podría  arruinarlo todo. Tú eres el único al que se lo he dicho en todo el mundo, pero estaría furioso si supiera que lo había mencionado a  alguien. 
Sentí un extraño brillo del orgullo en esto. —Si realmente lo prefirieres yo no...
Denna  se detuvo y se puso el estuche de su arpa abajo en el pavimento donde  hizo un ruido hueco. Su expresión era muy seria. —Prométemelo.
Probablemente no habría estado de acuerdo si no hubiera pasado la mitad de la noche anterior siguiéndola por la ciudad con la esperanza de descubrir esto  mismo. Pero tuve que. Luego la había escuchado a escondidas, también.  Así que hoy estaba prácticamente sudando con la culpa. 
—Te  lo prometo, —le dije. Cuando su expresión de ansiedad no se evaporó  añadí, — ¿no confías en mí? Lo juraré, Si eso te deja más tranquila.
—  ¿Sobre qué lo jurarías? —Preguntó, empezando a sonreír otra vez—. ¿Qué  es lo suficientemente importante que te hará sujetarte a tu palabra? —
— ¿Mi nombre y mi poder? —le dije.
—Eres muchas cosas, —dijo secamente—. Pero tú no eres Táborlin el Grande.
— ¿Mi buena mano derecha? —le sugerí.
— ¿Sólo una mano? —preguntó ella, la alegría arrastrándose vuelta a su  tono. Estiró la mano y tomó mis manos entre las suyas, dándoles la  vuelta y haciendo un espectáculo de inspeccionarlas de cerca. —Me gusta  la de la izquierda mejor, —decidió—. Jura por esta.
— ¿Mi buena mano izquierda? —le pregunté dubitativamente.
—Muy bien, —dijo—. La derecha. Eres un tradicionalista.
—Juro  que no tratare de descubrir a tu mecenas, —dije con amargura. —Lo juro  sobre mi nombre y mi poder. Lo juro por mi buena mano izquierda. Lo juro  por la luna siempre en movimiento.
Denna  me miró de cerca, como si no estuviera segura si me estaba burlando de  ella. —Muy bien, —dijo con un encogimiento de hombros, recogiendo su  arpa—. Considérame tranquilizada.
Empezamos  a caminar de nuevo, moviéndonos a través de las puertas occidentales  hacia el campo. El silencio entre nosotros se extendía, comenzando a  crecer incómodo.
El silencio puede tornarse incomodo, dije la primera cosa que me  vino a la mente. —Así que, ¿hay nuevos hombres en tu vida?
Denna  se rió entre dientes bajo en su garganta. —Hablas como el Maestro Fresno.  Él siempre está preguntando por ellos. No creo que ninguno de mis  pretendientes sean lo suficientemente buenos para mí.
No podría estar más de acuerdo, pero decidí que no sería prudente decirlo. —Y ¿qué piensa de mí?
— ¿Qué? —me preguntó, confusa—. Oh. Él no sabe de ti, —dijo. ¿Por qué habría de hacerlo?
Traté  de dar un encogimiento de hombros indiferente, pero no pude haber sido  muy convincente cuando ella se echó a reír. —Pobre Kvothe. Te estoy  tomando el pelo. Yo sólo le digo acerca de los que vienen rondando  alrededor, jadeando y olfateando como perros. Tú no eres como ellos. Siempre has sido diferente.
—Siempre me he enorgullecido de mi falta de jadeos y olfateos.
Denna  giró su espalda y dejó que su arpa balanceándose me golpeara en broma. —Tú  sabes lo que quiero decir. Van y vienen con poca ganancia o pérdida. Tú  eres el oro detrás de la escoria arrastrada por el viento. El Maestro  Ash podría pensar que tiene derecho a saber sobre mis asuntos  personales, mis idas y venidas. —Ella frunció el ceño un poco—. Pero no  lo tiene. Estoy dispuesta a concederle un poco de eso, por ahora…
Extendió la mano y se apoderó de mi brazo posesivamente. —Pero tú no eres parte  del acuerdo, —dijo, su voz casi feroz—. Tú eres mío. Sólo mío. Yo no tengo la intención de compartirte.
La  tensión momentánea pasó y nos fuimos de la amplia carretera al oeste lejos de Severen, riendo y hablando de cosas pequeñas. Media milla más  allá la última posada de la ciudad era un parche en la tranquilidad de los árboles con una sola piedra gris alta situada en el centro. La habíamos encontrado mientras buscábamos fresas silvestres y se había convertido en uno de  nuestros lugares favoritos para escapar del ruido y el olor de la  ciudad.
Denna se sentó a la base de la piedra gris y puso su espalda contra ella.  Luego saco su arpa fuera de su estuche y la puso cerca de su pecho, haciendo que su vestido se recogiera y expusiera una cantidad escandalosa de la pierna. Ella arqueó una ceja y me sonrió como si supiera exactamente  lo que estaba pensando.
—Linda arpa, —dije con toda tranquilidad.
Resopló sin delicadeza alguna.
Me senté donde me encontraba, extendiéndome cómodamente sobre la hierba  larga y fresca. Tiré de algunas hebras fuera de la tierra y empecé a  retorcerlas en una trenza distraídamente.
Honestamente,  yo estaba nervioso. A pesar de que habíamos pasado mucho tiempo juntos  en el último mes, yo nunca había escuchado a Denna tocar algo de su propia creación. Habíamos cantado juntos y sabía que tenía una voz como la  miel sobre pan caliente. Sabía que sus dedos estaban seguros y tenía el cronometraje de un músico...
Pero escribir una canción no es lo mismo que tocar una. ¿Qué pasaría si la suya no era buena? ¿Qué le diría?
Denna extendió sus dedos a las cuerdas y mis preocupaciones se desvanecieron con el fondo. Siempre me ha parecido algo poderosamente erótico la  forma en que una mujer pone sus manos en un arpa. Ella comenzó un  glisseo rodando por los hilos de mayor a menor. El sonido de eso era  como martillos sobre campanas, como el agua sobre las piedras, como el  canto de los pájaros en el aire.
Paró  y afinó una cuerda. Tiró, afinó. Ella tocó la fibra fuerte, una cuerda  dura, un acorde prolongado, luego se volvió a mirarme, flexionando los  dedos nerviosamente. — ¿Estás listo?
—Eres increíble, —dije.
La vi sonrojarse un poco y después cepillar su cabello para ocultar su reacción. —Bobo. No he tocado nada aun. 
—Eres increíble a pesar de todo.
—Silencio.  —Ella tocó fuerte una cuerda y dejó que se desvaneciera en una  silenciosa melodía. A medida que subía y bajaba, habló de la introducción de su canción. Me sorprendió con una apertura tradicional.  Sorprendido, pero contento. Las viejas costumbres son las mejores.

Acérquense y escuchen bien, 
Porque tengo una historia de tragedia que contar. 
Yo canto de la propagación de una sombra sutil,
A través de una tierra y del hombre,
Quién le dio la mano a un fin que pocos podrían soportar. 
Buen Lanre: despojado de su esposa, de la vida, del orgullo.
Sin embargo nunca de su propósito se alejó.
Que luchó contra la marea y, cayó y fue traicionado.


Al  principio fue su voz lo que captó mi respiración, luego fue la música. Pero antes de que diez líneas hubieran salido de sus labios  estaba pasmado por razones diferentes. Ella cantó la historia de la caída de Myr Tariniel. De la traición de Lanre. Era la historia que  había oído de Skarpi en Tarbean.
Pero  la versión de Denna era diferente. En su canción, Lanre fue pintado en tonos trágicos, un héroe usado injustamente. Las palabras de Selitos eran crueles y mordaces, Myr Tariniel una madriguera que fue mejor para  el fuego purificador. Lanre no era traidor, sino un héroe caído.
Así  que mucho depende de donde se deja una historia, y ella terminó cuando Lanre fue maldecido por Selitos. Fue el final perfecto para una  tragedia. En su historia Lanre fue tratado injustamente, incomprendido.  Selitos era un tirano, un monstruo loco que arrancó su propio ojo con  furia ante el engaño ingenioso de Lanre. Estaba terriblemente,  dolorosamente mal.
A  pesar de esto, tenía los primeros atisbos de la belleza de ella. Los  acordes bien elegidos. La rima sutil y fuerte. La canción era muy fresca  y había partes ásperas en abundancia, pero podía sentir la forma de la  misma. Vi lo que podría llegar a ser. Que convertiría, las mentes de los hombres. Lo cantarían durante cien años.
Probablemente  la has escuchado, a decir verdad. Mucha gente lo ha hecho. Ella termino llamándola “El Cantar de los Siete Dolores”. Sí. Denna la compuso y yo era la primera persona en escucharla tocarla entera. 
Cuando las últimas notas se desvanecieron en el aire, Denna bajó las manos, dispuesta a encontrarse con mi mirada.
Estaba sentado, inmóvil y en silencio sobre la hierba.
Para  que esto tenga sentido, tienes que comprender algo que cada músico sabe. Cantar una nueva canción es una cosa nerviosa. Más que eso. Es  terrorífico. Es como desvestirse por primera vez en frente de un nuevo  amante. Es un momento delicado.
Necesitaba decir algo. Un elogio. Un comentario. Una broma. Una mentira. Cualquier cosa era mejor que el silencio.
Pero  yo no podría haber estado más sorprendido si ella hubiera escrito un  himno alabando al duque de Gibea. El choque fue simplemente demasiado  para mí. Me sentía crudo como el pergamino reutilizado, como si cada  nota de su canción hubiera sido otro golpe rápido de un cuchillo, raspando  hasta que estuve completamente en blanco y sin palabras.
Miré  hacia abajo calladamente a mis manos. Todavía sujetaban el semicírculo  formado de hierba verde que había estado tejiendo cuando la canción  comenzó. Era una trenza ancha y plana que ya empezaba a curvarse en  forma de un anillo.
Sin  dejar de mirar hacia abajo, oí el rumor de las faldas de Denna mientras  ella se movía. Tenía que decir algo. Yo ya había esperado demasiado  tiempo. Había demasiado silencio en el aire.
—El  nombre de la ciudad no era Mirinitel —dije sin levantar la vista. No era la peor cosa que podría haber dicho. Pero no era la cosa correcta para decir. Hubo una pausa—.
— ¿Qué?
—No  Mirinitel, —repetí—. La ciudad que Lanre quemó era Myr Tariniel.  Perdona que te lo diga. Cambiar un nombre es un trabajo duro. Se  arruinará la métrica en una tercera parte de tus versos. —Me sorprendió  lo tranquilo de mi voz, la forma plana y lo muerta que sonaba en mis  oídos.
La oí tomar aliento sorprendida. — ¿Tú has oído la historia antes?
Miré  a Denna, su expresión emocionada. Asentí con la cabeza, todavía me sentía curiosamente en blanco. Vacío. Hueco como una calabaza seca. —  ¿Qué te hizo escoger esta canción? —le pregunté.
Tampoco  era lo correcto para decir, o bien. No puedo evitar sentir que si  hubiera dicho la cosa correcta a ese momento, todo habría resultado de manera diferente. Pero incluso ahora, después de muchos años de pensar,  no puedo imaginar lo que podría haber dicho que podría haber hecho las cosas bien.
Su  entusiasmo se desvaneció un poco. —He encontrado una versión de la misma en un libro viejo cuando estaba haciendo investigación genealógica para mi mecenas, —dijo—. Casi nadie la recuerda, así que es perfecta  para una canción. No es que el mundo necesite otra historia acerca de  Oren Velciter. Nunca voy a dejar mi huella repitiendo lo que otros  músicos ya han hecho antes más de un centenar de veces.
Denna  me miró con curiosidad. —Pensé que iba a ser capaz de sorprenderte con algo nuevo. Nunca me hubiera imaginado que ya habrías oído hablar de  Lanre.
—La escuché hace muchos años, —dije aturdido. —De un viejo narrador de cuentos en Tarbean.
—Si  yo tuviera la mitad de tu suerte... — Denna movió la cabeza con  desaliento. —Tuve que armarla de un centenar de pequeños desechos. —Hizo un gesto conciliador—. Yo y mi mecenas, debería decir. Él esta ayudado.
—Tu  mecenas, —dije. Sentí una chispa de emoción cuando lo mencionó. Hueco como estaba, fue sorprendente cuán rápidamente la amargura se extendió a  través de mis entrañas, como si alguien hubiera encendido un fuego  dentro de mí.
Denna  asintió con la cabeza. —El fantacea consigo mismo con ser un poco de un historiador, —dijo—. Creo que está pescando para una cita en la corte. No sería el primero en congraciarse dirigiendo una luz sobre el antepasado heroico perdido hace mucho tiempo de alguien. O tal vez él está tratando de inventar un antepasado heroico para sí mismo. Eso  explicaría la investigación que hemos estado haciendo en las genealogías antiguas.
Vaciló por un momento, mordiéndose los labios. —La verdad es, —dijo, como si  confesara algo—. Casi sospecho que el tema es para el mismo Alveron. El  Maestro fresno ha insinuado que ha tenido negocios con el Maer. —Ella me dio una sonrisa pícara—. ¿Quién sabe? Manejándote en los círculos en los que estas. Podrías ya haber conocido a mi mecenas y ni siquiera lo sabes.
Mi  mente pasó sobre los cientos de nobles y cortesanos a quienes había  conocido de paso durante el último mes, pero era difícil concentrarse en sus caras. El fuego en mi interior se extendía hasta mi pecho entero estaba lleno de él.
—Pero  basta de esto, —dijo Denna, agitando las manos con impaciencia. Empujó  su arpa y cruzó sus piernas para sentarse con las piernas cruzadas sobre  la hierba. —Me estas tomando el pelo. ¿Qué te parece?
Bajé  la vista hacia mis manos y ociosamente acaricie la trenza plana de  verde hierba que había tejido. Era suave y fría entre mis dedos. No  podía recordar cómo había planeado unir los extremos para formar un  anillo.
—Sé  que tiene algunas partes ásperas, —escuché decir a Denna, su voz llena de  excitación nerviosa. —Voy a tener que arreglar ese nombre que tú has  mencionado, si estás seguro de que es el correcto. El inicio es áspero y el séptimo verso es un desastre, lo sé. Tengo que ampliar las batallas y su relación con Lyra. El final necesita ajuste. Pero en general, ¿qué  te parece?
Una vez que ella la alisara, sería brillante. Una canción tan buena como las que mis padres podrían haber escrito, pero eso sólo empeoró las cosas.
Me  temblaban las manos y me quedé sorprendido por lo difícil que era hacer que se detuvieran. Aparté la mirada de ellas, hasta Denna. Su nerviosa excitación se desvaneció cuando vio mi cara.
—Vas a tener que rehacer algo más que el nombre. —Traté de mantener mi voz tranquila—. Lanre no era un héroe.
Ella me miró extrañamente, como si no pudiera decir si le estaba haciendo una broma. — ¿Qué?
—Tienes todo el asunto mal, —dije—. Lanre era un monstruo. Un traidor. Es necesario que lo cambies. —
Denna echó hacia atrás su cabeza y se rió. Cuando no me uní a ella, inclinó su cabeza, perpleja. — ¿Hablas en serio? —
Asentí con la cabeza.
El  rostro de Denna fue duro. Sus ojos se estrecharon y su boca formuló una  delgada línea. —Tienes que estar bromeando. —Su boca se movía en  silencio por un momento y luego sacudió la cabeza. —No tendría ningún  sentido. Toda la historia se cae a pedazos si Lanre no es el héroe.
—No es sobre lo que hace una buena historia —dije—. Es acerca de lo que es verdad.
—  ¿Verdad? —Ella me miró con incredulidad—. Esto es sólo un viejo cuento  popular. Ninguno de los lugares son reales. Ninguna de las personas son reales. Es lo mismo que te ofendieras conmigo por hacer una nueva estrofa para "Calderero Curtidor".
Podía  sentir palabras crecientes en mi garganta, calientes como un fuego de  chimenea. Me las tragué hacia el fondo fuertemente en contra ellas. —Algunas historias son sólo  historias, —estuve de acuerdo—. Pero no ésta. No es tu culpa. No hay  manera de que pudieras haber…
—Oh bien, gracias, —dijo mordazmente—. Estoy tan contenta de que esto no es mi culpa.
—Muy bien, —dije bruscamente—. Es tu culpa. Deberías haber hecho más investigación.
—  ¿Qué sabes tú acerca de la investigación que hice? —preguntó ella—. ¡No tienes la menor idea! ¡He estado por todo el mundo desenterrando las  piezas de esta historia!
Fue lo mismo que mi padre había hecho. Había comenzado a escribir una  canción sobre Lanre, pero su investigación lo llevó a los Chandrian.  Había pasado años persiguiendo medio olvidadas historias y desenterrando rumores. Él quería que su canción dijera la verdad sobre ellos y ellos habían matado a mi troupe entera para ponerle fin.
Miré  hacia abajo a la hierba y pensé acerca del secreto que había guardado  durante tanto tiempo. Pensé en el olor de la sangre y el pelo quemado. Pensé en el óxido y el fuego azul y los cuerpos destrozados de mis  padres. ¿Cómo podría explicarle algo tan grande y horrible? ¿Dónde podría empezar? Podía sentir el secreto en lo profundo de mí, enorme y  pesado como una piedra.
—En  la versión de la historia que escuché, —dije, tocando el borde lejano  del secreto—. Lanre llegó a ser uno de los Chandrian. Debes tener  cuidado. Algunas historias son peligrosas.
Denna  me miró durante un momento largo. — ¿Los Chandrian? —Dijo con  incredulidad. Entonces se echó a reír. No era su risa encantadora de  costumbre. Esta era aguda y llena de burla. ¿Qué clase de niño eres?
Sabía  exactamente lo infantil que me hizo parecer. Sentí que me sofocaba de  vergüenza, todo mi cuerpo de repente sentía pinchazos de sudor. Abrí la  boca para hablar y sentía como grietas al abrir la puerta de un horno. —  ¿Yo Soy como un niño? —Escupí—. Qué sabes tú de algo, tu estúpida... —Casi  mordí hasta cortarme la punta de mi lengua para no gritar la palabra puta.
—Crees saberlo todo, ¿no es así? —ella exigió. —Tú has estado en la Universidad por lo que crees que el resto de nosotros…
— ¡Deja de buscar excusas para estar molesta y escúchame! —la espete. Las palabras salían de mí como el hierro fundido—. ¡Estás teniendo un  arranque de cólera como una pequeña niña mimada!
—No  te atrevas. —Me pinchó con un dedo—. No me hables como si yo fuera  algún tipo de chica de campo estúpida. ¡Sé cosas que no enseñan en tu preciosa Universidad! ¡Cosas secretas! ¡No soy una idiota!
—  ¡Estás actuando como una idiota! —Grite con tanta fuerza que las  palabras hirieron mi garganta—. ¡No te callas el tiempo suficiente para  escucharme! ¡Estoy tratando de ayudarte!
Denna se sentó en el centro de un silencio frío. Sus ojos eran duros y  planos. —De eso se trata, ¿no es así? —Dijo con  frialdad—. Sus dedos se movían en su cabello, cada movimiento de sus  dedos rígidos con irritación. Desató sus trenzas, las alisó hacia fuera,  y luego distraídamente las ató con un patrón diferente. —Odias que yo  no acepte tu ayuda. No puedes soportar que no te permita corregir cada pequeña cosa en mi vida, ¿es eso?
—Bueno quizás alguien tiene que arreglar tu vida. —Le espete—. Has hecho un buen lío de ella hasta ahora, ¿no?
Ella seguía sentada, muy quieta, sus ojos furiosos. — ¿Que te hace pensar que sabes algo sobre mi vida?
—Sé  que tienes tanto miedo de acercarte a cualquier persona que no puedes  permanecer en la misma cama cuatro días seguidos, —dije, casi sin saber lo que estaba diciendo de todas formas. Palabras de enojo salieron de mí como la  sangre de una herida—. Yo sé que vives toda tu vida quemando puentes detrás de ti. Sé que resuelves tus problemas corriendo…
— ¿Que te hace pensar que tu consejo vale un fino trozo de una maldición, de todos modos? —Denna estalló—. Hace  medio año tú tenías un pie en una zanja. El cabello todo desgreñado y sólo tres camisas harapientas. No había un noble en un centenar de  kilómetros de Imre que meara sobre ti si estuvieras en llamas. Tuviste  que correr miles de kilómetros para tener la oportunidad de un mecenas.
Mi  cara ardía de vergüenza por su mención de mis tres camisas y sentí mi cólera encenderse ardiente otra vez. —Tienes razón, por supuesto, —le  dije sarcásticamente—. Tu estas mucho mejor. Estoy seguro de que tu  mecenas estaría perfectamente feliz de mear sobre ti…
—Ahora  llegamos al corazón de esto, —dijo levantando sus manos al aire—. No  te gusta mi mecenas, ya que me podrías conseguir uno mejor. No te gusta  mi canción, porque es diferente de la que conoces. —Cogió el estuche de  su arpa, sus movimientos eran rígidos y enojados—. Eres igual que todos los  demás.
— ¡Estoy tratando de ayudarte!
—Estás tratando de arreglarme, —dijo Denna resueltamente cuando guardaba su arpa. —Estás tratando de comprarme. Para organizar mi vida. Quieres  retenerme como si fuera tu mascota. Como si fuera tu perro fiel.
—Yo nunca pensaría en ti como un perro, —dije, dándole una sonrisa  brillante y frágil. —Un perro sabe escuchar. Un perro tiene suficiente  sentido común para no morder la mano que está tratando de ayudarle.
Nuestra conversación descendió en espiral desde allí.

***

En  este punto de la historia estoy tentado a mentir. Para decir que hablé de estas cosas en una rabia incontrolable. Que me sentí abrumado por el  dolor de la memoria de mi familia asesinada. Estoy tentado a decir que sentí el sabor de ciruela y nuez moscada. Entonces tendría una excusa…
Denna respondió del mismo modo, herida y furiosa y mordaz como yo. Los dos  estábamos orgullosos y llenos de ira y con la certeza inquebrantable de la juventud. Nos dijimos las cosas que nunca habríamos dicho de otra  manera, y cuando nos marchamos, no partimos juntos.
Mi  temperamento estaba caliente y amargo como una barra de hierro fundido.  Se quemó mientras caminé todo el camino de regreso a Severen. Se  quemó cuando me abrí paso por la ciudad y esperé los elevadores de  mercadería. Ardió sin llama cuando anduve con paso majestuoso a través  de las propiedades del Maer y cerré de golpe la puerta a mis  habitaciones detrás de mí.
No fue sino horas después que se enfrió lo suficiente para lamentar mis  palabras. Pensé en lo que podría haberle dicho a Denna. Pensé en decirle cómo mi troupe fue asesinada, sobre los Chandrian.
Decidí  que le escribiría una carta. Yo lo explicaría todo, no importaría cuán absurdo o increíble pareciera. Saqué pluma y tinta y coloqué una  hoja de papel blanca y fina sobre el escritorio.
Bajé la pluma y traté de pensar cómo podría empezar.
Mis  padres habían muerto cuando yo tenía once años. Fue un evento tan  grande y terrible que me había conducido casi a la locura. En los años posteriores, nunca había contado a nadie esos eventos. Nunca los había susurrado en una habitación vacía. Era un secreto al que me había  agarrado con tanta fuerza durante tanto tiempo que cuando me atreví a  pensar en él, estaba tan pesado en mi pecho que apenas podía respirar.
Mojé  la pluma otra vez, pero ninguna palabra vino. Abrí una botella de vino,  pensando que podría soltar el secreto dentro de mí. Dadme algo que puedan sostener mis manos para poder rezar. Bebí hasta que la  habitación giró y la punta de la pluma estaba cubierta de la tinta seca.
Horas  más tarde, la hoja en blanco aún se me quedó mirando y golpeé mi puño contra la mesa con furia y frustración, golpeando con tanta fuerza que mi mano sangraba. Así es como un secreto pesado puede llegar a ser. Puede hacer que fluya la sangre más fácil que la tinta.

Capitulo 72

Holaa, este capitulo fue traducido por Camilo!!!! Mañana contesto todos los correos y demas ahorita ya todo lo que quiero es dormir, de hecho ayer me quede dormida >_<
Bueno este es un bastante buen capitulo!!
 
Capitulo 72
Caballos

Varios días después de que Denna y yo tuviéramos nuestro paseo iluminado por la luna en el jardín, termine mi canción para Meluan titulada “Simplemente Rosas”. El Maer la solicito específicamente y hubiera saltado voluntariamente al proyecto sabiendo que Denna se reiría muchísimo cuando la toque para ella.
Deslice la canción del Maer en un sobre y miré el reloj. Había pensado que estaría ocupado toda la noche terminándola, pero la termine con sorprendente facilidad. En consecuencia tenía el resto de la tarde libre, era tarde, pero no terriblemente tarde. No tan tarde para una noche de Cendling en una ciudad viva como Severen. Tal vez no demasiado tarde para encontrar a Denna.
Me puse ropas limpias y salí de allí. Debido a que el dinero en mi bolsa venía de las piezas vendidas del equipo de Caudicus y de jugar cartas con nobles que saben más de moda que de estadística, pague un viaje en los elevadores de caballos, entonces trote media milla hasta la calle Newell. Camine el último tramo, el entusiasmo es halagador pero no quería llegar a la posada de Denna sudando y jadeando como un caballo.
No me sorprendió cuando no la encontré en los Cuatro Conos. Denna no era del tipo de sentarse y girar los pulgares sólo porque yo estaba muy ocupado. Sin embargo, los dos habíamos pasado la mayor parte del mes explorando la ciudad juntos y yo tenía unas buenas conjeturas acerca de dónde podría encontrarla.
Cinco minutos después la vi, ella se movía entre la multitud con un propósito definido, caminando como si tuviera que ir a algún lugar importante.
Empecé a caminar hacia ella y luego vacile. ¿Dónde podría ir tan decida, sola, tan tarde en la noche?
Ella iba a encontrarse con su mecenas.
Me gustaría decir que medite antes de seguirla, pero no lo hice en realidad, la tentación de conocer finalmente la identidad de su mecenas era sencillamente muy fuerte.
Así que me puse la capucha de mi capa y como un fantasma cruce por la multitud detrás de Denna. Es muy sencillo si tienes un poco de práctica, yo solía hacer de ello un juego en Tarbean, ver cuánto podía seguir a alguien sin ser visto. Me ayudo que Denna no fuera tonta y se mantuviera en las buenas partes de la ciudad donde las calles estaban congestionadas y en la penumbra mi capa  parecía de un negro insignificante.
La seguí por media hora, pasamos vendedores ambulantes de castañas y pasteles grasosos de carne. Los guardias se mezclaban con la multitud y las calles estaban alumbradas con farolas dispersas y lamparas colgadas en la puerta de las posadas. Un ocacional músico tocando con un sombrero frente a él y una vez pasamos a un grupo de mimos actuando una obra de teatro en una pequeña plaza empedrada.
Entonces Denna giro a la izquierda y dejo las mejores calles atrás, pronto hubo menos luces y borrachos festejando. Los músicos dieron paso a los mendigos quienes te llamaban o se aferraban tus ropas mientras pasabas por allí. La luz de las lámparas todavía pasaba a través de las ventanas de los bares y hoteles cercanos pero la calle no estaba tan animada. Las personas estaban agrupadas de a dos o tres, las mujeres con corsés y los hombres con miradas duras.
Estas calles no eran peligrosas, en sentido estricto o más bien eran peligrosas como el cristal roto. Los cristales rotos no van a ir a hacerte daño, incluso los puedes tocar si tienes cuidado. Algunas calles son tan peligrosas como los perros rabiosos, donde ningún cuidado te mantiene a salvo.
Estaba empezando a ponerme nervioso cuando vi a Denna parar en la boca de un callejón oscuro. Estiro el cuello como si escuchará algo y entonces mirando a la oscuridad, se lanzo en su interior.
¿Era allí donde se encontraría con su mecenas? ¿Estaría tomando un atajo a una calle diferente? ¿O estaría siguiendo las instrucciones de su paranoico mecenas para asegurarse de que nadie la seguía?
Empecé a maldecir por lo bajo. Si la seguía en el callejón y ella me veía, sería obvio que la seguía. Pero si no la seguía la perdería. Y aunque esa no era la parte verdaderamente peligrosa en la ciudad, yo no la quería dejarla caminar sola en la noche.
Así que examine los edificios cercanos y descubrí una fachada en ruinas, después de echar un rápido vistazo, escale la fachada como una ardilla, otra habilidad útil de mi juventud perdida.
Una vez en el techo, fue simplemente cuestión de correr sobre los techos de los otros edificios, luego esconderse en las sombras de la chimenea, luego de mirar hacia abajo. Hubo un destello de luz sobre mi cabeza y esperaba ver a Denna caminando rápidamente por su atajo o teniendo una reunión silenciosa con su confiable mecenas.
Pero no vi nada de eso, la luz tenue de la lámpara del piso superior mostraba a una mujer extendida inmóvil en el suelo. Mi corazón latió varias veces hasta que me di cuenta que no era Denna, ella usaba camisa y pantalones. Esta mujer tenía un vestido blanco alrededor suyo, sus pálidas piernas contrastaban contra el suelo de piedra oscura.
Mis ojos se movieron alrededor y vi a Denna afuera de la luz de la ventana. Estaba muy cerca de un hombre de anchos hombros con la luna brillando sobre su cabeza calva. ¿Ella lo abrazaba? ¿Era este su mecenas?
Finalmente mis ojos se acostumbraron suficiente para que yo pudiera ver la verdad: los dos estaban muy cerca pero ella no lo abrazaba. Tenía una mano sobre su cuello y vi un brillo metálico allí como una estrella lejana.
La mujer en el suelo empezó a moverse y Denna la llamo. La mujer se levanto tambaleando sobre sus pies, se tambaleo al pisar un poco su vestido y lentamente camino hasta la entrada del callejón.
Una vez la mujer estaba tras ella, Denna dijo algo más. Estaba muy lejos para distinguir las palabras, pero su voz era enojada y lo suficiente dura para elevar el vello de mis brazos.
Denna se alejo del hombre y este retrocedió, con una mano al lado de su garganta. El empezó a maldecir, escupir y hacer movimientos de agarrar con su mano libre. Su voz era más fuerte que la suya pero tan confusa que no pude entender gran parte de lo que dijo, aunque si identifique la palabra “puta” varias veces.
Pero por más que hablará no se acercaba a ella, Denna simplemente lo miraba con los dos pies firmes en el suelo. Ella sostenía su cuchillo frente a ella inclinado en un ángulo, su postura era casi casual. Casi.
Después de maldecir por alrededor de un minuto el hombre dio medio paso al frente arrastrando los pies y agitando un puño. Denna dijo algo e hizo un gesto breve y agudo a la ingle del hombre, el silencio lleno el callejón y los hombros del hombre cambiaron. Ella hizo el gesto de nuevo y el hombre comenzó a maldecir en voz más baja y se fue por el callejón con la mano aún pegada a su cuello.
Denna lo vio alejarse, entonces se relajo y deslizo el cuchillo con cuidado en su bolsillo, luego dio media vuelta y camino a la entrada del callejón.
Yo corrí a la parte delantera del edificio. En la calle vi a Denna y la otra mujer de pie bajo una farola. Con mejor luz vi que la mujer era mucho más joven de lo que pensaba, solo una niña con los hombros agitados por los sollozos. Denna froto su espalda en pequeños círculos y la chica se fue calmando. Después de un momento empezaron a caminar por la calle.
Corrí de nuevo al callejón donde vi un tubo de hierro viejo de desagüe, una forma relativamente fácil de volver a bajar a la calle. Aún así me costó dos minutos y la mayor parte de la piel de mis nudillos para sentir de nuevo las piedras bajo mis pies.
Solo con un gran esfuerzo evite salir corriendo del callejón para seguir a Denna y la niña. Lo último que quería era que Denna descubriese que la había estado siguiendo.
Por suerte no se movían con gran velocidad y pude tenerlas a la vista fácilmente, Denna llevó a la chica a la parte más agradable de la ciudad y la llevo luego a una posada de aspecto respetable con un gallo pintado.
Me quede fuera por un momento, observando la distribución de la posada a través de la ventana. Me coloque la capucha más firme sobre mi cara y camine casualmente alrededor de la parte posterior de la posada y me deslice en un asiento al otro lado de una pared divisoria, justamente a la vuelta de la esquina de Denna y la chica. Si lo hubiera querido me hubiera inclinado hacia adelante pero ninguno de los dos podía ver al otro.
La taberna estaba casi vacía y una chica vino a mi tan pronto como me senté. — ¿Qué te traigo?
Mire el impresionante conjunto de vidrio detrás de la barra. Me acerque a la chica que atendía y hable en voz baja, con un carraspeo de garganta como si me recuperará de una tos. —Tomaré un poco de mejor su whiskey —Dije—. Y una copa de un buen tinto Feloran.
Ella asintió y se marcho.
Gire mis bien afinados oídos espías a la mesa del lado.
—… tu acento, — escuche decir a Denna — ¿De dónde eres?
Hubo una pausa y un murmullo cuando la chica hablo, pero como no estaba vuelta hacia mi no pude oír lo que ella decía.
— ¿Eso está en el farrel occidental, no es cierto? — Preguntó Denna. —Tú estás muy lejos de casa
La chica murmuro de nuevo. Luego vino una larga pausa en la que deje de escuchar, no sabía si ella había dejado de hablar o lo estaba haciendo demasiado bajo para que la pudiera escuchar. Tuve que luchar contra el impulso de inclinarme hacia adelante y ver su mesa.
Luego el murmullo volvió, muy suave.
—  Yo se que él te dijo que te amaba —Dijo Denna con voz suave— Todos dicen eso.
La mesera coloco una copa alta de vino frente a mí. — Dos bits.
Thelu misericordioso, con esos precios no era de extrañar que el lugar estuviera casi vacío.
Me tome el whiskey de un solo trago, luchando con la necesidad de toser, ya que se quemo mi garganta. Saque una plata completa de mi bolsa, puse la pesada moneda en la mesa y la copa vacía boca abajo sobre la misma.
Hice una seña a la mesera para que se acercara. —Tengo una propuesta para usted —Dije en voz baja—. En este momento no quiero nada más que sentarme a tomar mi vino y meditar mis ideas.
Retire la copa boca abajo. —Si me mantengo sin interrupciones, todo esto, menos el costo de las bebidas es tuyo —Sus ojos se hicieron más grandes mientras miraba la moneda— Pero si alguien me pregunta, si me gustaría algo de beber, simplemente pagare y me iré —levante la vista a ella—. ¿Podría usted ayudarme esta noche?
Ella asintió con entusiasmo.
— Gracias — dije.
Ella se alejó y se dirigió inmediatamente a otra mujer detrás de la barra, haciendo algunos gestos en mi dirección. Me relaje un poco estaba razonablemente seguro de que no me tomarían mas atención durante la noche.
Bebí mi vino y escuche.
—… hace tu padre— preguntó Denna. Reconocí el tono de su voz, era la misma voz baja y suave que mi padre había usado cuando se habla con los animales asustadizos. Un tono diseñado para calmar a alguien y tranquilizarlo.
La chica murmuro y Denna respondió —Ese es un buen trabajo. ¿Qué haces aquí entonces?
Otro murmullo.
— ¿Era muy de manos inquietas, cierto? —Denna dijo eso con la mayor naturalidad— Bueno esa es la naturaleza de los hijos mayores.
La chica hablo de nuevo y esta vez con algo de fuego en su voz, aunque todavía no llegaba a entender las palabras.
Yo pulí la superficie de la copa con el borde de mi manto y luego la aleje de mí un poco. El vino era de un color rojo tan oscuro que era casi negro. No era un espejo maravilloso, pero podía ver las pequeñas formas en la mesa girando a la esquina.
Oí a Denna suspirar, cortando los murmullos de la chica. —Déjame adivinar —dijo Denna, sonando exasperada— Robaste la plata o algo similar y salieron huyendo de la ciudad.
El pequeño reflejo de la chica solo se quedo sentada ahí.
— ¿Pero no fue así que pensaste que sería, no es cierto? —Dijo Denna con más gentileza esta vez.
Pude ver temblar los hombros de la chica y una serie de sollozos débiles y desgarradores. Aparte la vista de la copa y la puse en la mesa.
—Aquí —Se oyó el sonido de un cristal golpeado la mesa—. Bebe esto.
Dijo Denna —Te ayudará un poco, no mucho, pero un poco.

El sollozo se detuvo, la chica dio una sorprendida tos, un poco asfixiada.
—Pobrecita —dijo Denna suavemente—. Verte es peor que mirarme en un espejo.
Por primera vez la chica hablo lo suficientemente fuerte para que yo la escuchara —Yo pensé que si él iba a tomarme gratis, podría ir a algún lugar donde recibiera mi pago por eso…
Su voz fue apagándose hasta que ya no podía distinguir las palabras, dejando solamente el sonido de su voz bajando.
¿El rey diezpeniques? — Denna interrumpió incrédula, su tono era más venoso que cualquier cosa que hubiera oído jamás de ella antes. —Kist y Crayle, odio ese maldito juego, estúpidas historias de hadas modeganas, el mundo no funciona así.
—Pero… —Empezó la chica.
Denna la corto —No hay un joven príncipe afuera, vestido con harapos esperando para salvarte. Incluso si lo hubiera, ¿En qué te convertirías? Serias como un perro que encontró en la cuneta. El te poseería, ¿después de llevarte a casa quien te salvaría de él?
Un pequeño silencio y chica volvió a toser, pero solo un poco.
— ¿Entonces que es la que harás? —dijo Denna.
La chica suspiro y dijo algo.
—Si pudieras cuidarte por ti misma, no estarías acá —Dijo Denna.
Hubo un murmullo.
—Es una opción —Dijo Denna— Ellos tendrían la mitad de lo que ganes, pero es mejor que no tener nada y que te corten la garganta. Supongo que ya lo descubriste por ti misma esta noche.
Se escucho el sonido de telas rozando. Trate de ver por mi copa, pero solo vi a Denna haciendo un movimiento poco claro. —Veamos que hay aquí— dijo ella y se oyó el ruido familiar de monedas sobre la mesa.
La chica hizo un murmullo reverencial.
— No, no lo soy, —Dijo Denna—. No es tanto cuando es todo tu dinero en el mundo, tú deberías saber muy bien lo costoso que es un viaje a la ciudad.
Luego hubo un murmullo al final, una pregunta.
Escuche a Denna respirar y dejar salir el aire lentamente. —Porque alguien me ayudo una vez cuando yo lo necesitaba —Dijo— Y porque si nadie te ayuda estarás muerta en un par de días. Tómalo de alguien que ha tomado un par de malas decisiones.
Hubo un sonido de monedas deslizándose en la mesa. —De acuerdo —Dijo Denna— Primera opción, puedes aprender algo, estás un poco mayor, costará pero lo podríamos hacer. Nada del otro mundo, tejido. Trabajarás duro pero tendrás tu habitación, comida y aprenderías un oficio.
Un murmullo de pregunta.
— ¿Con tu acento? —Pregunto Denna con malicia— ¿Puedes peinar el cabello de una dama? ¿Maquillarla? ¿Reparar su vestido? ¿Bordar? —Una pausa — No, tú no estás formada para ser una empleada domestica y yo no sabría a quien sobornar.
Hubo un sonido de monedas reuniéndose. —Opción dos —Dijo Denna— Alquilamos un cuarto hasta que el hematoma haya desaparecido —se deslizaron unas monedas— Entonces te pagas un pasaje a casa —Más monedas— Has estado afuera por un mes. Es la cantidad perfecta de tiempo, para que se preocupen seriamente y cuando regreses solamente se alegren de que estés viva.
Hubo un murmullo.
— Diles lo que quieras — dijo Denna — Pero si tienes dos dedos de frente lo harás con sentido. Nadie va a creerte que el príncipe te envió a casa.
Hubo un murmullo tan suave que apenas lo escuche.
— Por supuesto que va a ser difícil, pequeña muchacha tonta. —Dijo Denna bruscamente— Ellos lo recordarán por el resto de sus vidas. Las personas susurraran cuando camines por la calle. Será difícil que consigas un marido, perderás amigos, pero es el precio que tendrás que pagar por obtener una vida relativamente normal de nuevo.
Las monedas sonaron como si se juntaran de nuevo —Tercera opción. Si tú realmente quieres irte de puta, lo podemos arreglarlo para que no acabes muerta en una zanja. Tienes una cara bonita, pero necesitaras ropa adecuada —Se deslizaron unas monedas— Y alguien que te enseñe buenos modales —Más monedas— Y alguien que se deshaga de tu acento —Más monedas de nuevo.
Hubo un murmullo.
Porque es la única manera sensata de hacerlo —Dijo Denna rotundamente.
Hubo otro murmullo.
Denna dio un suspiro irritada. —De acuerdo, tu padre es maestro de establos, ¿cierto? Piensa en los diferentes caballos que posee el barón, caballos de tiro, caballos de carruaje, caballos para caza…
Hubo un murmullo excitado.
—Exactamente —Dijo Denna—. Si tuvieras que elegir qué clase de caballo serías, un caballo de tiro trabaja duro, ¿pero tiene los mejores establos? ¿La mejor comida?
Hubo un murmullo.
—Eso es, serías un caballo de lujo. Ellos son mimados, alimentados y solo trabajan cuando hay un desfile o alguien se va de cacería.
Denna continuo —Así que si vas a ser una puta, hazlo inteligentemente. No termines en un prostíbulo de puerto, quieres ser una duquesa. Quieres que los hombres de la corte te envíen regalos.
Hubo un murmullo.
— Si regalos, si ellos pagan sienten que te poseen. Tú viste como resulto esta noche, tener tu acento, tu corpiño y marineros que te paguen a un penique la noche. O aprender modales, hacerte un peinado y empezar a atender a señores. Si eres interesante, bonita y sabes escuchar, los hombres desearan tu compañía. Ellos te llevaran bailando hasta la cama, entonces tienes el control. Nadie hace pagar a una duquesa un cuarto por adelantado. Nadie se aprovecha de una duquesa sobre un barril en un callejón para luego darle una patada en el trasero una vez se ha divertido.
Hubo un murmullo.
—No —Dijo Denna con voz sombría, entonces se escucharon monedas entrando a una bolsa— No te mientas a ti misma, incluso un caballo fino es un caballo, eso significa que tarde o temprano te van a montar.
Hubo un murmullo de pregunta.
—Entonces huyes —Dijo Denna— Si ellos quieren más de lo que tú estás dispuesta a dar, es la única manera. Te marchas rápida y silenciosamente en la noche pero si lo haces es para nunca regresar. Ese es el precio que pagas.
Hubo un murmullo indeciso.
 —Yo no puedo decirte eso —Dijo Denna— Tu debes decidir por ti misma. ¿Quieres ir a casa? Hay un precio. ¿Quieres tener control de tu vida? Existe un precio. ¿Quieres tener la libertad de decir no? Existe un precio, siempre hay un precio.
Hubo un sonido de una silla siendo empujada lejos de la mesa, apreté mi espalda contra la pared cuando las escuche levantarse —Es algo que cada uno tiene que averiguar por su cuenta —Dijo Denna, su voz se hizo cada vez más distante — ¿Que quieres más que cualquier otra cosa? ¿Qué deseas tanto que pagarías cualquier cosa por ello?
Me quede sentado por un largo rato luego de que se fueron, tratando de beber mi vino.

jueves, 6 de octubre de 2011

Capitulo 71

Este capitulo fue traducido por nuestro traductor Vicente G, (es mas reciente) 
bueno tengo mucho sueño, espero disfruten este capitulo que,, bueno te deja con mas dudas de las que ya tenias!

Capitulo 71
Interludio — El cofre tres veces cerrado

Kvothe levanto su mano, indicando a Cronista detenerse. El escriba pasó un paño de una tela cercana sobre la punta de su pluma y comenzó a mover su hombro rígidamente. En silencio, Kvothe sacó una baraja de cartas y comenzó a distribuirlas alrededor de la mesa. Bast recogió sus naipes y los examinó curiosamente.
El cronista fruncido el ceño. —Qué…
El ruido de pasos sonó en el porche de madera exterior y la puerta de la taberna se abrió, revelando un hombre calvo, de cuerpo grueso que llevaba puesta una chaqueta bordada.
— ¡El Alcalde Lant! —Dijo el posadero, dejando sus naipes y poniéndose de pie—. ¿Qué puedo hacer por usted? ¿Una bebida? ¿Un poco de comida?
—Una Copa de Vino sería muy apreciada, —dijo el alcalde mientras  entraba a la habitación—. ¿Tienes algún Gremsby rojo por ahí?
El posadero sacudió su cabeza. —Me temo que no —dijo—. Ya sabe cómo están los caminos. Es difícil mantener las cosas almacenadas.
El alcalde asintió. —Entonces tomaré algo rojo —dijo—. Pero no pagaré más de un penique por él.
—Por supuesto que no —dijo el posadero, estrujando sus manos un poco—. ¿Algo para comer?
—No —dijo el hombre calvo—. Realmente estoy aquí por los servicios del escriba. Pensé esperar hasta que las cosas se calmaran un poco y que así hubiera algo de intimidad" —Él miró a la habitación vacía—. ¿Supongo que no te importará prestarme el local por media hora, verdad?
—Para nada. —El posadero sonrío melosamente. Le hizo una señal a Bast—.
Pero tenía una mano con full —Protestó Bast agitando sus cartas.
El posadero miró con el ceño fruncido a su asistente antes de volver a la cocina.
El alcalde dejó su chaqueta sobre el respaldo de la silla mientras Bast recogía el resto de las cartas refunfuñando.
El posadero trajo un vaso de vino tinto, tras lo que cerró la posada con una llave grande de latón. —Me llevaré al chico conmigo arriba, —le dijo al alcalde—, Así tendrá algo de privacidad.
—Es demasiado amable por tu parte, —dijo el alcalde mientras se sentaba enfrente del Cronista—. Te daré un grito cuando acabe.
El posadero asintió con la cabeza y sacó a Bast fuera de la sala común hacia las escaleras. Kvothe abrió la puerta de su habitación y le hizo un gesto a Bast para que entrara.
—Me pregunto qué es lo que el viejo Lant quiere mantener en secreto—dijo Kvothe tan pronto como la puerta se cerró tras de él—. Espero que no tarde mucho.
—Tiene dos hijos en la cesta de la Viuda, —dijo Bast con total naturalidad. Kvothe levantó una ceja—. ¿De verdad?
Bast se encogió de hombros —Todo el mundo en el pueblo lo sabe.
Kvothe lo ignoró mientras se sentó en una silla de grandes tapices. — ¿Qué vamos a hacer nosotros durante media hora? —Preguntó Kvothe.
—Han pasado eras desde que tuve clases —Bast arrancó con fuerza una silla de madera del pequeño escritorio y se sentó sobre el borde—. Podrías enseñarme algo.
—Lecciones, —Kvothe filosofado—. Podrías leer Celum Tinture.
—Reshi, —dijo Bast suplicantemente—.  Es tan aburrido. ¿No tengo inconveniente con las lecciones, pero tienen que ser lecciones de libro?
El tono de Bast  sacó una sonrisa de Kvothe. — ¿Entonces una Lección de acertijo? —La cara de Bast mostró una sonrisa abierta—. Muy bien, déjame pensar por un segundo. —Puso sus dedos contra sus labios y dejo vagar sus ojos por el cuarto. No pasó mucho tiempo antes de que fuesen atraídos por el pie de la cama donde el cofre oscuro yacía.
Él hizo un gesto casual. — ¿Cómo abrirías mi cofre si tuvieras la intención?
La expresión de Bast se puso ligeramente aprensiva. ¿Tu cofre tres veces cerrado, Reshi?
Kvothe miró a su estudiante, luego la risa burbujeó arriba de él. — ¿Mi qué? —preguntó incrédulamente.
Bast se sonrojó y miró al suelo. —Es solo como pienso acerca de él, —dijo entre dientes.
—Como los nombres van... —Kvothe vaciló y una sonrisa estuvo jugando alrededor de su boca—. ¿Bien, es un poco de libro de cuentos, o no lo piensas?
—Tú eres el que hace las cosas, Reshi, —Dijo Bast con mal humor—. Tres cerrojos y madera selecta. No es culpa mía si suena como un libro de cuentos. —Kvothe se inclinó hacia adelante y apoyó una mano sobre la rodilla de Bast—. Es un buen nombre, Bast. Simplemente me cogió con la guardia baja, es todo. —Dijo Kvothe mientras se reclinaba.
Se inclinó otra vez. —Entonces. ¿Cómo tratarías de abrir el cofre tres veces cerrado de Kvothe el Sin sangre?
Bast sonrió. —Suenas como a un pirata cuando lo dices de ese modo, Reshi. —Él lanzó al cofre una mirada especulativa a través del cuarto. — ¿supongo que pedirte las llaves está fuera de consideración? —Preguntó a fin de cuentas.
Kvothe —Correcto, —dijo—. Para nuestros propósitos, asume que he perdido las llaves. Mejor aún, asume que estoy muerto y ahora tienes libertad para escarbar en todas mis cosas secretas".
—Eso es un poco sombrío, Reshi —Dijo Bast gentilmente.
—La vida es un poco sombría, Bast —Respondió Kvothe sin cualquier indicio de risa en su voz—. Es mejor comenzar a acostumbrarse a eso. —Agitó una mano hacia el cofre—. Sigue, tengo curiosidad por ver cómo lo consigues con esta castaña pequeña.
Bast mostró una apariencia lacónica. —Los juegos de palabras son peores que las lecciones del libro, Reshi, —dijo, caminando hacia el cofre. Aproximó alegremente su pie, luego lo dobló y miró las dos placas separadas del cerrojo, una de hierro oscuro, la otra de brillante cobre. Bast empujo la tapa redondeada con un dedo, arrugando su nariz. —No puedo decir como cuidas esta madera, Reshi. Y el cerrojo de hierro es positivamente injusto.
—Esto de por sí, ha sido una lección útil, —dijo Kvothe secamente—. Has deducido una verdad universal: Normalmente las cosas son injustas.
— ¡Tampoco hay bisagras! —exclamó Bast, mirando la parte de atrás del cofre. ¿Cómo puedes tener una tapa sin bisagras?
—Eso llevó un rato, —Comentó Kvothe con un poco de orgullo.
Bast se apoyó en sus manos y rodillas y miró directamente al ojo de la cerradura de cobre. Levantó una mano y la lanzó contra del plato de cobre. Luego cerró sus ojos y se movió muy despacio, como si estuviera escuchando.
Después de esto,  se inclinó hacia adelante y respiró contra el cerrojo. Cuando nada ocurrió, su boca comenzó a moverse. Aunque sus palabras fueron pronunciadas con excesiva suavidad para ser escuchadas, contenían un tono innegable de apelación.
Tras un largo momento, Bast volvió a ponerse en canclillas, frunciendo el ceño. Luego sonrió abiertamente en broma, extendió la mano y dio un golpe a la tapa del cofre. Apenas hizo algún ruido en absoluto, como si golpeara su nudillo contra de una piedra.
—Por curiosidad, —preguntó Kvothe—. ¿Qué harías usted si algo respondiera?
Bast se incorporó, dejó el cuarto, y volvió un momento más tarde con un surtido de herramientas. Se puso sobre una rodilla y, usando un pedazo de alambre doblado, jugueteó con el cerrojo de cobre durante varios minutos. De vez en cuando comenzó a maldecir por lo bajo. Cuando cambió de posición para obtener un ángulo diferente, su mano cepilló la placa frontal de hierro mate del cerrojo y él retrocedió dando tumbos de regreso, enojado y resoplando.
Regresando a su posición original, Bast tiró del hilo y sacó un largo cordón de metal brillante. Él trató de trabajar el extremo delgado de la misma debajo de la tapa, pero no pudo obtener ningún resultado con la costura de pelo fino. Después de unos minutos también abandonó este sistema.
Después, Bast trató de inclinar el cofre sobre un lado para examinar la base, pero sus mejores esfuerzos sólo consiguieron deslizarlo poco más o menos de una pulgada a través del suelo. — ¿Cuánto pesa esto, Reshi? —exclamó Bast, viéndose bastante exasperado—. ¿Unos ciento treinta kilos?
—Sobre ciento ochenta cuando está vacío, — dijo Kvothe—. ¿Te acuerdas del problema que tuvimos subiendo las escaleras?
Suspirando, Bast examinó el cofre durante otro largo momento con expresión aguda. Entonces extrajo un hacha de su paquete de herramientas. No era áspera, con cabeza de cuña como la que se utiliza para cortar leña detrás de la posada. Era delgada y amenazante, con todos los forjados hechos de una sola pieza de metal. La forma del acero recuerda vagamente a una hoja.
Sopesó el arma ligera en la palma de su mano, como si probara su peso. —Aquí es donde iría ahora, Reshi. Si estuviera realmente interesado en el interior. Obsequió a su maestro con una mirada curiosa. —Pero si preferirías que no.... —Kvothe hizo un gesto de impotencia—. No mires a mí, Bast. Estoy muerto. Haz lo que quieras.
Bast sonrió y se llevó el hacha de guerra hacia abajo, con la punta redondeada hacia el cofre. Hubo un extraño ruido suave, el sonido era como una campana acolchada siendo golpeada en una habitación distante.
 Bast paró un momento y luego lanzó una andanada de golpes enojados hacia abajo, a la parte superior del cofre. En primer lugar oscilando bruscamente con una mano, luego con las dos manos en un gran movimiento desde encima de la cabeza hacia abajo, rápidamente, como si estuviera partiendo leña.
El hacha, cuyo filo tenía forma de hoja se negó a morder la madera, cada golpe giró de lado como si Bast estuviera tratando de cortar además un gran bloque de piedra.
 Al rato Bast paró, respirando con dificultad y se inclinó para mirar en la parte superior del cofre, pasando la mano por la superficie antes de volver su atención a la hoja del hacha. Suspiró. —Haces un buen trabajo, Reshi.
 Kvothe sonrió e inclinó un sombrero imaginario.
La estera le dio al pecho una larga apariencia. —Trataría de prenderle fuego, pero sé que la Roah no arde. Tendría más suerte alcanzando suficiente temperatura como para que el bloqueo de cobre se derritiera. Pero para hacer eso, habría que obtener la misma temperatura que se consigue en el fuego de una fragua. —Miró al cofre, grande como el baúl de viaje de un caballero—. Pero tendría que ser una forja más grande que la que tenemos aquí en la ciudad. Y ni siquiera sé cómo de caliente tiene que estar el cobre para fundirse.
—Información como esa, —dijo Kvothe—, sin duda sería un tema de una lección de libro.
 —Y sospecho que has tomado precauciones contra este tipo de cosas.
 —Lo hice, —admitió Kvothe—. Pero fue una buena idea. Muestra pensamiento alternativo.
— ¿Y el ácido? —Dijo Bast—. Sé que tenemos algunas cosas potentes abajo....
—El ácido fórmico es inútil contra la Roah. —Dijo Kvothe—. Como también lo es el muriático. Es posible que tengas un poco de suerte con Aqua Regius. Sin embargo, la madera es bastante gruesa y no tenemos mucho a mano.
—Yo no estaba pensando en la madera, Reshi. Estaba pensando en las cerraduras de nuevo. Con suficiente ácido podía romperlas.
 —Estás asumiendo que son de cobre y de hierro totalmente, —Respondió Kvothe—. Incluso si lo fueran, se necesitaría una gran cantidad de ácido y tendrías que preocuparte de que el propio ácido se derrame en el cofre, destrozando todo lo que hay dentro. Lo mismo ocurre con el fuego, por supuesto.
Bast miró el cofre otro largo rato, acariciando sus labios, pensativo. —Eso es todo lo que tengo, Reshi. Voy a tener que pensarlo un poco más. —Kvothe asintió con la cabeza. Mirándose un poco desanimado, Bast recogió sus herramientas y se las llevó. Cuando regresó, él empujó el cofre, deslizándolo de nuevo una fracción de una pulgada cuadrada hasta que estuvo otra vez a los pies de la cama.
—Fue un buen intento, Bast, —lo tranquilizó Kvothe—. Muy metódico. Fuiste directo, tal como yo lo habría hecho.
 — ¿Hola? —se oyó la voz del alcalde desde la habitación de abajo—. He terminado.
 Bast saltó y corrió hacia la puerta, empujando su silla hacia atrás, debajo de la mesa. El movimiento repentino movió una de las hojas de papel arrugado posada allí, haciendo que se cayera al suelo, donde rebotó y rodó por debajo de la silla.
Bast se detuvo, se inclinó para recogerlo.
 —No, —dijo Kvothe sombrío. — Déjalo. Bast se detuvo con la mano extendida, luego se levantó y salió de la habitación.
 Kvothe lo siguió, cerrando la puerta detrás de ellos.

martes, 4 de octubre de 2011

Pack de capitulos 1-70

Bueno pues despues de mucho esfuerso aqui esta el tan esperado Pack de capitulos! Solo dire que ha estas alturas ya le odio jajaja pero quedo tan bien que me encanto! Esta TODO con guiones.


Pues ha sido para estas alturas mucho trabajo de muchos diferentes traductores, asi que espero que les guste,
Ahi en la carpeta de Megaupload estan los 3 links para que descargen el que quieran n_n, sea en PDF, EPUB o MOBI

lunes, 3 de octubre de 2011

Capitulo 70

Este capitulo es uno de los que ame!! jejeje fue traducido por Marcelo!!!! Voy a subir directamente el pack 70!, emm y gracias por algunas cosas q me dijeron varios ayer y asi n_n

Capitulo 70
Aferrándose

Encontré a Denna fuera de su posada en el callejón de Chalker, en un pequeño lugar llamado las Cuatro Velas. Cuando doblé la esquina y la vi de pie bajo la luz emitida por una lámpara que colgaba sobre la puerta de entrada, sentí una corriente ascendente de alegría por el simple placer de ser capaz de encontrarla cuando fui en su busca.
—Recibí tu nota, —le dije—.   Imagina mi deleite.
Denna sonrió e hizo una reverencia con una sola mano. Ella llevaba una vestido, no uno del tipo complicado que una noble llevaría, sino una extensión simple de tela que podrías llevar esquivando el heno o yendo a un baile de granero. —Yo no estaba segura que pudieras hacerlo, —dijo ella—. Ya había pasado la hora tradicional en que los más civilizados se han echado en sus camas.
—Admitiré que estaba sorprendido, —dije—. Si yo fuera del tipo de hombre que se entromete, me preguntaría qué te mantuvo ocupada hasta esta hora tan impropia.
—Negocios, —dijo con un suspiro dramático—. Un encuentro con mi patrón.
— ¿Él está en la ciudad otra vez? —pregunté.
Ella asintió con la cabeza.
— ¿Y quería que se reúnan a medianoche? —pregunté. —Eso es... raro.
Denna salió de debajo del letrero de la posada, y empezamos a caminar por la calle juntos. —La mano que sostiene el bolso…—Dijo ella, dando un gesto impotente—. Los tiempos raros y los lugares inconvenientes son la regla con el Maestro Fresno. Una parte de mí sospecha que podría ser simplemente un solitario noble, aburrido del mecenaje corriente. Me pregunto si para él añade un poco de sabor, al estar fingiendo que ha concordado una intriga oscura en vez encargarme algunas canciones.
—Entonces, ¿qué tienes planeado para esta noche? —pregunté.
—Solamente pasar el tiempo en tu encantadora  compañía, —dijo Denna, extendiendo la mano y uniendo su brazo con el mío.
—En ese caso, —dije—, tengo algo que mostrarte. Es una sorpresa. Vas a tener que confiar en mí.
—He oído cada uno de esas una docena de veces. —Los ojos oscuros de Denna brillaron perversamente—. Pero nunca de todos juntos y nunca de ti. —Ella sonrió—. Te daré el beneficio de la duda y guardare mis burlas para más adelante. Llévame donde desees.
Así que nos dirigimos a Severen Alta a por la vía de los ascensores de caballos, donde ambos miramos boquiabiertos las luces de la ciudad durante la noche debajo como los cretinos plebeyos que éramos. La llevé a un largo paseo por las calles empedradas, pasando tiendas y pequeños jardines. Luego nos fuimos detrás de los edificios, trepamos por sobre una cerca baja de madera y nos dirigimos hacia la silueta oscura de un granero vacío.
En esto, Denna ya no era capaz de guardar silencio. —Pues, lo has logrado, —dijo ella—.   Me has sorprendido.
Le sonreí con gusto y continué liderando el camino en la oscuridad del establo. Estaba lleno de olor a heno y animales ausentes. La conduje a una escalera, que desaparecía en la oscuridad por encima de nuestras cabezas.
  — ¿Un granero? —preguntó ella, su voz incrédula. Dejó de caminar y me dio una mirada extraña, curiosa. —Es obvio que me has confundido con una muchacha de granja de catorce años llamada... —Su boca se movía silenciosamente por un momento—. Algo rustico.
—Greta, —le sugerí.
—Sí, —dijo ella—. Obviamente me has confundido con una muchacha de granja sin corsé bajo el nombre de Greta.
—Quédate tranquila, —le dije—. Si fuera a tratar de seducirte, ésta no es la forma en que lo haría.
— ¿Es eso cierto? —dijo, pasando su mano por su cabello. Sus dedos empezaron a entrelazar ociosamente su pelo en una trenza, luego se detuvo y la deshizo—. ¿En ese caso, qué estamos haciendo aquí?
—Has mencionado lo mucho que disfrutabas los jardines, —dije—. Y los jardines de Alveron son particularmente buenos. Pensé que podrías disfrutar de una vuelta por el lugar.
—En medio de la noche, —dijo Denna.
—Un paseo encantador iluminado por la luna, —le corregí.
—No hay ninguna luna esta noche, —señaló ella—. O si la hay, es apenas una franja delgada.
—Sea como fuere, —dije, negándome a ser intimidado.  — ¿Cuánta luz de luna en realidad se necesita para disfrutar del suave olor del jazmín floreciendo?
—En el granero, —dijo Denna, su voz llena de incredulidad.
—El granero es la forma más fácil, sobre el techo, —le dije—. De allí hacia las fincas del Maer. De allí al jardín.
—Si tú eres empleado del Maer, —dijo ella, ¿por qué no simplemente le pides que te deje entrar?
—Ah, —le dije dramáticamente levantando un dedo—. Allí está la aventura. Hay un centenar de hombres que simplemente podría llevarte a pasear en los jardines del Maer. Pero solamente hay uno que puede llevarte dentro a escondidas. —Le sonreí—. Lo que te estoy ofreciendo, Denna, es una oportunidad singular.
Ella me sonrió. —Tú conoces mi secreto corazón tan bien.
Extendí mi mano como si estuviera a punto de asistirla en un carruaje. —Mi señora.
Denna tomó mi mano, pero se detuvo tan pronto como puso el pie en el primer peldaño de la escalera. —Un momento, usted no está siendo cortés. Usted está tratando de echar un vistazo a mi vestido.
Le di mi mejor mirada ofendida, apretándome la mano contra el pecho. —Señora, como un caballero le aseguro…
Ella me dio un manotazo. —Ya me has dicho que no eres un caballero, —dijo—. Eres un ladrón y estás tratando de robar un vistazo. —Dio un paso atrás e hizo una parodia de mi gesto cortés de un momento antes. —Mi señor…
Nos abrimos paso a través del granero, sobre el techo y hacia el interior del jardín. La franja de luna por encima de nosotros era delgada como un susurro, tan pálida que no hizo nada para atenuar la luz de las estrellas.
Los jardines estaban sorprendentemente tranquilos para una noche tan cálida y hermosa. Por lo general, incluso en esta hora de retraso parejas se paseaban por los caminos, o murmurando entre sí en los bancos de enramada. Me preguntaba si alguna bola o función cortesana había tirado todo por la borda. Por lo general incluso a esta hora tardía parejas se paseaban por los caminos, o murmuraban entre sí en los bancos de enramada. Me preguntaba si todos ellos salían de algún baile o función distinguida que había concluido con éxito.
Los jardines del Maer eran vastos, con caminos curvos y setos hábilmente colocados que los hacían parecer aún más grandes. Denna y yo caminamos juntos, escuchando el susurro del viento entre las hojas. Era como si fuéramos los únicos en el mundo.
—No sé si recuerdas, —le dije en voz baja, sin querer inmiscuirme en el silencio—. Una conversación que tuvimos hace algún tiempo. Hablamos de las flores.
—Lo recuerdo, —dijo tan suavemente.
—Dijiste que creías que todos los hombres consiguieron sus lecciones en el cortejo del mismo libro usado.
Denna rió por lo bajo, más un movimiento que un sonido. Se llevó la mano a la boca. —Oh. Me había olvidado. Yo he dicho eso, ¿no?
Asentí con la cabeza. —Dijiste que lo único que traían eran rosas. —
—Aun lo hacen, —dijo. —Me gustaría que encuentren un nuevo libro.
—Me hiciste escoger una flor que se te adapte mejor, —le dije.
Ella me sonrió tímidamente. —Recuerdo que yo estaba evaluándote. —Luego frunció el ceño—. Pero tienes lo mejor de mí al escoger una de la que nunca había oído hablar y mucho menos visto.
Doblamos una esquina y el sendero nos condujo hacia el túnel de color verde oscuro de una enramada arqueada. —No sé si la has visto todavía, —le dije—. Pero aquí está la flor selas.
Había solamente estrellas iluminando nuestro camino. La luna tan delgada que casi no había luna. Bajo el enrejado estaba oscuro como el pelo de Denna.
Nuestros ojos estaban muy abiertos y se extendían hacia la oscuridad y donde la luz sesgada de las estrellas a través de las hojas, mostraba cientos de flores selas bostezar abiertas  en la noche. Si el olor de las selas no fuera tan delicado, hubiera sido abrumador.
—Oh, —Denna suspiró, mirando a su alrededor con ojos muy abiertos. Bajo la enramada, su piel era más brillante que la luna. Extendió sus manos a ambos lados. — ¡Son tan suaves!
Caminamos en silencio. A nuestro alrededor se entretejían las enredaderas de selas rodeando todo el enrejado, se aferraban a la madera y el alambre, escondiendo sus caras en el cielo nocturno. Cuando finalmente llegamos al otro lado, me pareció tan brillante como la luz del día.
El silencio se prolongó hasta que empezó a crecer incómodo. —Así que ya conoces tu flor, —le dije—. Me pareció una lástima que nunca hubieras visto una. Son muy difíciles de cultivar, por lo que he oído.
—Quizás me quedan entonces, —dijo Denna en voz baja, mirando hacia abajo. —No echo raíces con facilidad.
Seguimos caminando hasta que el sendero giró y se ocultó  detrás  de nosotros en una enramada.
—Me tratas mejor de lo que merezco, —dijo Denna al fin.
Me reí de lo ridículo de esto. Sólo el respeto por el silencio del jardín me impidió continuar fuera de mí en una fenomenal risa floreciente. En vez de eso la sofoqué tanto como me fue posible, aunque eso afecto mi paso y me hizo tropezar.
Denna me observaba desde un paso de distancia, una sonrisa en su boca.
Con el tiempo me quedé sin aliento. —Tú, quien cantó conmigo la noche que gané mi caramillo. Tú que me has dado el mejor regalo que jamás haya recibido. —Un pensamiento se me ocurrió— ¿Sabías, —le dije—, que tú estuche de laúd me salvó la vida?
La sonrisa se extendió y creció, ancha como una flor. — ¿Lo hizo en verdad?
—Lo hizo, —dije. —Desearía tratarte como te lo mereces alguna vez. Teniendo en cuenta lo que te debo, esto no es sino el más mínimo pago.
—Bueno, creo que es un encantador inicio. —Levantó la vista al cielo y respiró hondo, profundo—. Siempre me han gustado las noches sin luna. Es más fácil decir las cosas en la oscuridad. Es más fácil ser uno mismo.
Empezó a caminar nuevamente y yo eché a andar a su lado. Pasamos por una fuente, una piscina, una pared de pálido jazmín abierta a la noche. Cruzamos un pequeño puente de piedra que nos llevó de vuelta en medio del amparo de los setos.
—Puedes poner tu brazo a mí alrededor, ya sabes, —dijo ella de manera casual—. Estamos caminando en los jardines, a solas. En el claro de luna, que es esto —Denna me miró de reojo, el borde de su boca se curvo hacia arriba —Tales cosas están permitidas, te das cuenta.
Su repentino cambio me sorprendió con la guardia baja. Desde que nos encontramos en Severen la había cortejado con pompa salvaje, desesperada y ella me había emparejado sin perder el ritmo. Cada halago, cada chiste, cada una de las bromas juguetonas volvió a mí, no en un eco, sino una armonía. Nuestro de ida y de regreso, había sido como un dúo.
Pero esto era diferente. Su tono era menos juguetón y más claro. Fue un cambio tan repentino que me quede sin palabras.
—Hace cuatro días me torcí el pie sobre esa losa floja, —dijo suavemente—. ¿Te acuerdas? Caminábamos por el camino de Mincet. Mi pie resbaló y me atrapaste casi antes de que supiera que estaba tropezando. Eso me hizo preguntarme cuán atentamente deberías estar mirándome para ver algo así.
Doblamos una esquina en el sendero y Denna continuó hablando sin levantar la vista hacia mí. Su voz era suave y pensativa, casi como si estuviera hablando consigo misma. —Tenías tus manos sobre mí luego, seguro como nada, me estabilizaste. Tú tenías tu brazo casi alrededor de mí. Fue tan fácil para ti entonces. Una cuestión de centímetros. Pero cuando tuve mis pies debajo de mí, tú recogiste tus manos. Sin dudar. Sin persistir. Nada que yo pudiera tomar a mal.
Comenzó a volver su rostro hacia mí, luego se detuvo y miró hacia abajo de nuevo. —Es algo muy, —dijo—. Hay muchos hombres, todos incesantemente intentan hacerme tropezar. Y hay solo uno de ustedes, probando lo contrario. Asegurándose que mis pies estén firmes por debajo de mí, para que no caiga. —Casi con timidez, extendió la mano—. Cuando me muevo para tomar tu brazo, lo aceptas con facilidad. Puedes incluso poner tu mano sobre la mía, como si la mantuvieras allí.  —Explicó mi movimiento exactamente como yo lo estaba haciendo y luché para mantener el gesto y que no se convirtiera de repente en incómodo.-Pero eso es todo. Tú nunca abusas. Tú nunca presionas. ¿Sabes lo extraño que eso es para mí?
Nos miramos por un momento, allí, en el jardín en silencio bajo la luz de la luna. Podía sentir su calor al permanecer cerca de mí, su mano aferrada a mi brazo.
Inexperto como era con las mujeres, incluso pude leer esta señal. Traté de pensar en qué decir, pero solamente pude maravillarme ante sus labios. ¿Cómo estos podían ser tan rojos? Incluso las selas estaban oscuras bajo la tenue luz de la luna. ¿Cómo eran sus labios tan rojos?
Entonces Denna se congeló. No es que nos movíeramos mucho, pero en un momento se quedó inmóvil, inclinando su cabeza como un ciervo esforzándose por atrapar un sonido medio escuchado. —Alguien viene, —dijo—. Vamos. — Aferrándose a mi brazo, me sacó fuera del sendero, sobre un banco de piedra y a través de una brecha baja y angosta entre los setos.
Finalmente se detuvo en el centro de unos arbustos espesos. Había un hueco cómodo en el que había tanto espacio para ponerse en cuclillas. Gracias al trabajo de los jardineros no existía maleza de que hablar, ningunas hojas secas o ramas que crujieran o chasquearan bajo nuestras manos y rodillas. De hecho, la hierba en este lugar cubierto era espesa y suave como cualquier otro césped.
—Hay miles de chicas que podrían caminar contigo a lo largo de los senderos del jardín iluminado por la luna, —dijo Denna jadeando—. Pero sólo hay una que va a esconderse en los arbustos contigo. —Ella me sonrió, su voz burbujeante divertida.
 Denna miró con atención afuera del seto hacia el sendero y la miré. Su pelo caía de la misma manera que una cortina a un costado de su cabeza y la punta de su oreja se asomaba a través de él. Fue en ese momento, la cosa más hermosa que jamás había visto.
Entonces oí la arena débil de los pasos en el camino. El suave sonido de las voces se cernió a través del seto, un hombre y una mujer. Después de un momento en que llegaron caminando alrededor de la esquina, cogidos del brazo. Los reconocí de inmediato.
Me di vuelta y me acerque, respirando suavemente al oído de Denna. —Ese es el Maer, —le dije—. Y su joven amada.
Denna se estremeció y me encogí de hombros afuera de mi capa de color borgoña, cubriendo luego sus hombros.
Miré de vuelta a ellos dos. Mientras observaba, Meluan rió de algo que él dijo y apoyó su mano en la suya sobre su brazo. Dudaba que tuviera mucha más necesidad de mis servicios si ya estaban en tan familiares condiciones como para eso.
—No para ti, querida, —escuché claramente decir al Maer cuando pasaron cerca de nosotros. —No tendrás nada más que rosas.
Denna se volvió hacia mí, sus ojos muy abiertos. Apretó ambas manos contra la boca para ahogar sus risas.
En otro momento estaban por delante de nosotros, paseando lentamente, caminando al mismo paso. Denna apartó sus manos y respiró hondo varias veces, estremeciéndose. —Él tiene una copia del mismo desgastado libro, —dijo, sus ojos danzarines.
No pude evitar sonreír. —Aparentemente.
—Así que ese es el Maer, —dijo en voz baja, sus ojos negros mirando entre las hojas. —Él es más bajo de lo que me imaginaba.
— ¿Te gustaría conocerlo? —le pregunté—. Yo podría presentártelo.
—Oh, eso sería maravilloso, —dijo con un suave toque de burla. Ella se rió, pero cuando no me uní a su risa, me miró y se detuvo. — ¿Lo dices en serio? —Ella ladeó su cabeza hacia un costado, su expresión atrapada entre la diversión y la confusión.
—Probablemente no deberíamos salir sorpresivamente de los setos hacia él, —admití—. Pero podríamos salir por el otro lado y dar una vuelta alrededor para encontrarnos con él. —Gesticule con la mano la ruta que podríamos tomar. —No estoy diciendo que nos inviten a cenar o algo así. Sin embargo, podemos hacer una inclinación de cabeza formal cuando  pasemos por el sendero.
Denna continuó mirándome fijamente, frunciendo las cejas en un principio débil de un ceño fruncido. —Es en serio, —repitió.
—Lo que haces... — Me detuve al darme cuenta de lo que significaba su expresión—. Pensabas que estaba mintiendo acerca de trabajar para el Maer, —le dije—. Creías que estaba mintiendo acerca de la posibilidad de invitarte aquí.
—Los hombres cuentan historias, —dijo con desdén—. A ellos les gusta presumir un poco. No pensé nada menos de ti por decirme un poco de un cuento.
—Yo no te mentiría, —le dije y luego reconsideré. No, éso no es la verdad. Lo haría. Vales la pena para mentirte. Sin embargo no fue así. Vales la pena para decirte la verdad por mucho.
Denna me dio una sonrisa cariñosa. —Eso es más difícil de conseguir de todos modos.
—Así que ¿te gustaría? —le pregunté—. Conocerlo, quiero decir.
Ella miro fuera del seto hacia el camino. —No—. Cuando ella negó con la cabeza su cabello se movía como sombras a la deriva. —Te creo. No es necesario. —Ella miró hacia abajo—. Además, tengo manchas de hierba en el vestido. ¿Qué pensaría?
—Tengo hojas en mi cabello, —admití—. Sé exactamente lo que él pensaría.
Salimos del seto. Tomé las hojas de mi cabello y Denna cepilló con sus manos la parte delantera de su vestido, haciendo una pequeña mueca mientras las movía sobre las manchas de la hierba.
Hicimos el camino de regreso por el sendero y empezamos a caminar otra vez. Pensé en poner mi brazo alrededor de ella, pero no lo hice. Yo no era un buen juez de estas cosas, pero parecía que el momento ya había pasado.
Denna miró hacia arriba cuando pasamos una estatua de una mujer que cogía una flor. Suspiró. —Era más emocionante cuando yo no sabía que tenía permiso, —admitió con un poco de remordimiento en su voz.
—Siempre lo es, —Estuve de acuerdo.

sábado, 1 de octubre de 2011

Capitulo 69

Bueno pues aqui ahora este capitulo que si es el del dia de hoy traducido por Vicente! quien fue el primer Vicente que se unio a nuestro equipo de traductores, (sabran ustedes que ya mas de uno, no los confundan), bueno el ya se despide con este capitulo ya que estara ocupado este mes hasta mas o menos despues de la fecha de traduccion asi que por favor denle especialment las gracias n__n
Bueno pues es todo, lean, sean felices y jueguen un juego hermoso.. por que si pierdes es lo unico que te queda.
Capítulo 69
Semejante Locura 

Hice varios viajes a Severen Bajo para reunir materiales para el gramo de Alveron. Oro puro. Niquel y hierro. Carbón y ácidos de grabado. Adquirí el dinero para esas compras vendiendo varias piezas de material del taller de Caudicius. Podía haberle pedido dinero al Maer, pero prefería que pensara en mí como alguien independiente con recursos que una carga financiera en curso.

Casi por casualidad, en el transcurso de esta compra y venta, visité muchos de los lugares en los que Denna y yo habíamos pasado tiempo juntos.
Me había acostumbrado tanto a verla que ahora la vislumbraba cuando no estaba allí. Cada día mi esperanzado corazón se salía con la visión de ella doblando una esquina, entrando en una zapatería, alzando su mano para saludarme de punta a punta de un cementerio. Pero nunca era ella de verdad y volvía a los terrenos del Maer cada noche aún más afligido que el día anterior.

Solo hacia las cosas peor el que Bredon hubiera abandonado Severen varios días antes para visitar a algunos parientes cercanos. No me di cuenta de lo mucho que había llegado a depender de él hasta que se marchó.

Como ya he dicho, un gramo no es particularmente difícil de hacer si tienes todo el equipo apropiado, un esquema y un Alar como una hoja de acero Ramston. Las herramientas para trabajar con metal de la torre de Caudicius eran bastante serviciales, pero en ningún sitio son tan buenas como en la Factoría. Lo del esquema tampoco fue difícil, ya que tengo buena memoria para esas cosas.

Mientras trabajaba en el gramo para el Maer, empecé un segundo para reemplazar el que había perdido. Desafortunadamente, dado la relativa vulgaridad de la clase de herramientas con las que estaba trabajando, no tuve tiempo de acabarlo como se debía.

Acabé el gramo del Maer tres días después de hablar con él, seis después de la desaparición de Denna. Al día siguiente abandoné mi inútil búsqueda y me planté en uno de los cafés al aire libre donde bebí café y traté de encontrar la inspiración para la canción que debía al Maer. Pasé diez horas allí y el único acto de creación que logré fue el de convertir cerca de un galón de café en maravilloso, aromático pis.

Esa noche bebí una imprudente cantidad de scutten y me quedé dormido en mi escritorio. La canción de Meluan estaba inacabada. El Maer estaba menos que satisfecho.

***

Denna reapareció el séptimo día mientras vagaba por nuestra ronda en Severen Bajo. A pesar de toda mi búsqueda, ella me vio primera y vino a mi lado riéndose, agitada por contarme sobre una canción que había oído el día anterior. Pasamos el día entero con tanta normalidad como si no se hubiera ido.

No le pregunté sobre su desaparición sin explicaciones. Llevaba conociendo a Denna desde más de un año ya y entendía un poco de los ocultos recovecos de su corazón. Sabía que valoraba su privacidad. Sabía que tenía secretos.

Esa noche, estábamos en un pequeño jardín discurría a lo largo de los bordes de la Pendiente. Nos sentamos en un banco de madera mirando desde arriba a la oscura ciudad a nuestros pies: una desordenada extensión de la luz de una lámpara, de una farola, de una luz de gas, con una poco frecuente, marcada parte de una lámpara simpática disipándose todo el tiempo.

—Lo siento, lo sabes —dijo suavemente.

Habíamos estado sentados, observando en silencio las luces de la ciudad por cerca de un cuarto de hora. Si ella estaba continuando alguna conversación anterior, no podía recordar cual era. — ¿Perdona?

Cuando Denna no dijo nada al momento, me giré para mirarla. No había luna, y la noche era oscura. Su cara estaba tenuemente iluminada por el millar de luces abajo.

—A veces me marcho, —dijo finalmente—. Rápido y silenciosamente en la noche.

Denna no me miró mientras hablaba, manteniendo sus ojos fijos en la ciudad a nuestros pies. —Es lo que hago, —continuó, su voz sosegada—. Me marcho. Sin ninguna palabra ni explicación primero. Sin ninguna explicación luego. A veces es la única cosa que puedo hacer.

Entonces se volvió para encontrarse con mis ojos, su cara seria en la tenue luz. —Espero que lo sepas sin que yo te lo tenga que contar, —dijo—. Espero que no tenga la necesidad de decirlo…

Denna se volvió de nuevo para mirar a las centelleantes luces de abajo. —Pero si sirve para algo, lo siento.

Nos quedamos sentados durante un rato entonces, disfrutando de un cómodo silencio. Quería decir algo. Quería decir que no me molestaba, pero eso sería mentira. Quería explicarle que todo lo que me importaba es que ella estaba de vuelta, pero estaba preocupado de que eso fuera demasiada verdad.

Así que antes que arriesgarme a decir la cosa incorrecta, no dije nada. Sabía lo que pasaba cuando los hombres se aferraban a ella muy estrechamente. Esa era la diferencia entre yo y el resto. No me agarraba a ella, tratar de poseerla. No deslizaba mi brazo alrededor de ella, murmuraba en su oreja. O besaba su desprevenida mejilla.

Ciertamente, pensé en ello. Aún recordaba su calidez cuando me había rodeado con sus brazos cerca del elevador de caballos. Había momentos en los que habría dado mi mano derecha para sostenerla de nuevo.
Pero entonces pensaba en la cara de los otros hombres cuando se daban cuenta de que Denna los estaba dejando. Pensé en todos aquellos que habían intentado atarla al suelo y fallado. Así que resistí enseñarle las canciones y poemas que había escrito, sabiendo que demasiada verdad puede arruinar una cosa.

Y si eso significaba que no era enteramente mía, ¿qué pasaba? Sería aquel al que ella siempre podría volver sin miedo a recriminaciones o preguntas. Así que no traté de ganármela y me contenté con jugar un juego hermoso.

Pero siempre había una parte de mí que esperaba más y por lo tanto, había una parte de mí que fue siempre un idiota.

***

Los días pasaron y Denna y yo exploramos las calles de Severen. Reposamos en cafés, asistimos a actuaciones, fuimos a montar. Escalamos la ladera de la Pendiente por la peor forma de camino sólo para decir que lo habíamos hecho. Visitamos los mercados del muelle, una casa de fieras ambulante y unos curiosos gabinetes.

Algunos días no hacíamos más que sentarnos y hablar y esos días nada llenaba tanto nuestras conversaciones como la música.

Estuvimos debatiendo incontables horas sobre el arte de ella. Sobre como las canciones encajaban. Como el estribillo y el verso juegan contra el otro, sobre tono, modo y métrica.

Esas eran cosas que había aprendido a muy temprana edad y sobre las que pensaba a menudo. Y aunque Denna era nueva a su estudio, eso de algunas formas jugaba en su favor. Había aprendido música antes de que pudiera hablar. Conocía cien mil reglas de melodía y verso mejor de lo que conocía el reverso de mis propias manos.

Denna no los conocía. En algunos casos eso la obstaculizaba, pero en otros, hacía su música extraña y maravillosa…

Estoy haciendo un burdo trabajo explicando esto. Piensa en la música como el gran enmaraño de una ciudad como Tarbean. En los años que pasé viviendo allí, acabé conociendo sus calles. No solo sus calles principales. No solo los callejones. Conocía los atajos y tejados y también parte del alcantarillado. Gracias a esto, podía moverme por la ciudad como un conejo entre las zarzas. Era rápido, astuto e inteligente.

Denna, por otra parte, nunca había sido adiestrada. No sabía nada de los atajos. Tu pensarías que se vería forzada a vagar por la ciudad, perdida e indefensa, atrapada en un laberinto serpenteante de piedras de mortero.

Pero en vez de eso, ella simplemente caminaba por las paredes. Ella no conocía nada mejor. Nadie le había dicho nunca que no pudiera. Gracias a esto, ella se movía por la ciudad como una criatura faerie. Caminaba por caminos que nadie más podía ver y eso hacía su música salvaje, extraña y libre.

***

Al final tomo veintitrés cartas, seis canciones y, aunque me avergüenza decirlo, un poema.

Fue más que eso, en realidad. Cartas solas no pueden ganarse el corazón de una mujer. Alveron hizo una decente parte de su propio cortejo. Después de ello se reveló como el pretendiente anónimo de Meluan, él hizo la aportación del león al trabajo, lentamente galanteando a Meluan a su lado con la dócil veneración que sentía hacia ella.

Pero mis cartas captaron su atención. Mis canciones la llevaron lo suficientemente cerca para que Alveron trabajara con su lento encanto locuaz.

Aún así, sólo puedo tomar una pequeña parte del crédito por las cartas y las canciones. Y en lo que se refiere al poema, sólo hay una cosa en el mundo que pudo moverme a cometer tal locura.

Capitulo 68

Bueno ahora si el capitulo 68, perdon por la equivocacion de ayer, este capitulo lo traduje yo y ahorita enceguida subire el capitulo 69 asi que no digo mas

Capitulo 68
El costo de un pan

Los días que siguieron fueron agradables. Mis horas de luz solar se gastaron con Denna en Severen Bajo, explorando la ciudad y los alrededores. Dedicamos un tiempo a cabalgar, nadar, cantar, o simplemente hablar por las tardes hasta esfumarlas. Le halagaba escandalosamente y sin esperanza, porque sólo un tonto podría esperar capturarla.
Luego regresaría a mis habitaciones y escribiría la carta que había estado creciendo dentro de mí todo el día. O habría de derramar fuera de mí un torrente de canciones para ella. Y en esa carta o canción decía todas las cosas que no me había atrevido a decirle a Denna durante el día. Cosas que yo sabía que sólo la espantarían.
Después de que terminaba la carta o la canción, la escribiría de nuevo. Deslucía sus bordes un poco, quitaba una o dos honestidades. Poco a poco la alisaba y la tejía hasta que se ajustaba a Meluan Lackless perfectamente como un guante de piel de becerro.
Fue idílico. Tenía más suerte en encontrar a Denna en Severen de lo que nunca tuve en Imre. Nos reunimos por varias horas seguidas, a veces más de una vez al día, a veces tres o cuatro días seguidos.
Sin embargo, en aras de la honestidad, las cosas no eran perfectas. Había un poco de rebaba en la manta, como mi padre solía decir.
El primero estaba un joven caballero llamado Gerred que acompañó a Denna en una de nuestras primeras reuniones en Severen-baja. No la conocía como Denna, por supuesto. Él la llamó su Alora y así lo hice yo por el resto del día.
La cara de Gerred llevaba la expresión condenada que había llegado a conocer muy bien. Había conocido lo suficiente a Denna como para enamorarse de ella y estaba empezando a darse cuenta de que su tiempo estaba llegando a su fin.
Miré cuando cometió los mismos errores que yo había visto hacer a otros antes que él. Él puso su brazo a su alrededor posesivamente. Le dio el regalo de un anillo. Mientras paseábamos por la ciudad, si sus ojos se centraban en cualquier cosa por más de tres segundos se ofrecía a comprarlo para ella. Trató de obligarla a concretar la promesa de un encuentro futuro. ¿Un baile en la mansión de Deferre? ¿Cena en la Junta de Oro? ¿El Rey de Diez Peniques se estaba llevando a cabo mañana por los hombres del Conde Abelardo. . .?
Individualmente, cualquiera de estas cosas habría estado bien. Tal vez incluso encantadoras. Pero, en conjunto, se mostraron como pura, que deja blancos los nudillos, desesperación. Se aferró a Denna, como si él se tratara de un hombre que se ahoga y ella una tabla de madera.
Me miró cuando ella no estaba mirando y cuando Denna nos dio a los dos el adiós esa la noche, su rostro estaba estirado y blanco, como si llevara ya dos días muerto.
La segunda rebaba era peor. Después de haber estado ayudando al Maer a cortejar a su esposa por casi dos ciclos, Denna desapareció. Ningún rastro o una palabra de advertencia. Ninguna nota de despedida o una disculpa. Esperé durante tres horas en la librea en la que habiamos accedido a reunirnos. Después de eso fui a su posada, sólo para descubrir que se había ido con todas sus cosas la noche anterior.
Me fui al parque donde habíamos tomado el almuerzo del día anterior y luego a una docena de otros lugares donde habíamos hecho un hábito de la compañía del otro. Era cerca de medianoche cuando tomé el ascensor de vuelta a la cima de la Pendiente. Incluso entonces una parte tonta de mí, esperaba que ella me saludara en la parte superior, corriendo a mis brazos otra vez con su entusiasmo.
Pero ella no estaba allí. Esa noche no escribí ninguna carta o canción para Meluan.
El segundo día vague fantasmalmente a través de Severen Baja durante horas, preocupado y herido. Más tarde esa noche en mi cuarto, sude, maldije y arrugue veinte hojas de papel antes de llegar a tres breves, medio tolerables, párrafos que di al Maer para ocuparlos como él deseara.
El tercer día, mi corazón se sentaba como una piedra en el pecho. Traté de terminar la canción que había estado escribiendo para el Maer, pero no valieron la pena mis esfuerzos. Durante la primera hora las notas que tocaba eran de plomo y sin vida. La segunda hora crecieron discordantes y vacilantes. Seguí insistiendo hasta que cada sonido que hacia mi laúd rallaba como un cuchillo contra los dientes.
Finalmente deje caer mi pobre laúd torturado en silencio, recordando algo que mi padre había dicho hace mucho tiempo: "Las canciones eligen su hora y su propia temporada. Cuando tu melodía es como el estaño, hay una razón. La melodía de una canción es el  temple de tu corazón y no hay agua limpia de un pozo de barro. Todo lo que puedes hacer es dejar que los sedimentos se asienten, o sonará amarga como una campana rota."
Bajé mi laúd en su estuche, sabiendo la verdad de ello. Necesitaba un par de días antes de que pudiera volver a cortejar a Meluan productivamente en nombre del Maer. El trabajo era demasiado delicado para forzarlo o fallar.
Por otro lado, sabía que el Maer no estaría contento con un retraso. Yo necesitaba una distracción, y desde que el Maer era demasiado listo, tenía que ser por lo menos la mitad de legítimo.



***

Oí el suspiro revelador de aire que señalaba al pasaje secreto del Maer abriéndose en mi cuarto de vestir. Me aseguré de que paseaba con ansiedad el momento en que entró por la puerta.
Alveron había continuado subiendo de peso en los últimos dos ciclos y su rostro ya no era hueco y dibujado. Estaba bastante representativo en sus mejores galas, una camisa color crema marfil y una chaqueta rígida de color azul zafiro. —Recibí tu mensaje, —dijo bruscamente—. ¿Has terminado la canción, entonces?
Me volví hacia él. —No, su merced. Algo más importante que la canción ha llegado a mi atención.
—En lo que te corresponde a ti, no hay nada más importante que la canción, —dijo el Maer firmemente, tirando del puño de la camisa para enderezarla—. He escuchado de varias personas que Meluan quedó muy complacida con las dos primeras. Debes centrarte en tu totalidad en tus esfuerzos en esa dirección.
—Su merced, yo soy muy consciente de que---
—Deja los pretextos, —dijo Alveron con impaciencia, mirando a la cara del alto reloj de engranajes que estaba en un rincón de la habitación—. Tengo citas que cumplir.
—Su vida está en un peligro adicional por Caudicus.
Voy concederle  esto al Maer, él podría haber hecho su forma de vida en el escenario. La única interrupción en su compostura fue un momento de duda cuando tiró de la manga en su lugar.
— ¿Y cómo es eso? —Preguntó, aparentemente despreocupado.
—Hay muchas maneras que tiene el para dañarlo aparte del veneno. Cosas que se pueden hacer desde la distancia.
—Un hechizo, quieres decir, —dijo Alveron— ¿El pretende conjurar un envío y ponerlo a endemoniarme?
Tehlu por todos los modos, hechizos y envíos. Era fácil olvidar que ese sutil inteligente y educado hombre era poco más que un niño cuando se trataba de asuntos arcanos. Probablemente creía en las hadas y los muertos vivientes. Pobre tonto.
Sin embargo, tratar de reeducarlo a él sería tedioso y contraproducente. —Existe la posibilidad de ello, su merced. Así como otras amenazas más directas.
Dejó caer algo de su pose despreocupada y me miró a los ojos. — ¿Qué podría ser más directo que un envío?
El Maer no era la clase de hombre que es movido a través de palabras por sí solas, así que cogí una manzana de un plato de fruta y la pulí con la manga antes de entregársela. — ¿Lo sostendría por un momento, su mercd?
Él la tomó, sospechosamente. — ¿De qué se trata esto entonces?
Me acerqué a donde mi preciosa capa borgoña colgaba en la pared y  saque una aguja de uno de sus muchos bolsillos. —Le estoy mostrando el tipo de cosa de la que es capaz Caudicus, su merced. Le tendí la mano para tomar la manzana.
Me la regreso y me miró. Sosteniéndola en un ángulo de luz, vi lo que había esperado, manchada en la piel brillante de la manzana. Murmuré un enlace, enfoqué mi Alar y empujé la aguja en el centro de la huella borrosa que su índice había hecho en la piel de la manzana.
Alveron tembló e hizo un sonido inarticulado de la sorpresa, mirando su mano como si hubiese sido inesperadamente, por ejemplo, se pincha con un alfiler.
Yo medio esperaba que me reprendiera, pero no hizo nada por el estilo. Sus ojos se agrandaron, su rostro pálido. Luego su expresión se quedó pensativa mientras observaba la gota de oleaje de sangre en la yema de su dedo.
Se lamió los labios y poco a poco puso el dedo en su boca. —Ya veo, —dijo en voz baja— ¿Estas cosas pueden evitarse? —En realidad no era una pregunta.
Asentí con la cabeza, manteniendo seria expresión. —Un poco, su merced. Creo que puedo crear un. . . un amuleto para protegerle. Sólo lamento no pensar en esto antes, pero con una cosa y otra---
—Sí, sí. —El Maer me gesticulo con la mano a hacer silencio— ¿Y qué se necesita para un amuleto?
Era una pregunta en capas. En la superficie él estaba preguntando los materiales que necesitaría. Sin embargo, el Maer era un hombre práctico. Él me estaba pidiendo mi precio también.
—El taller de la torre de Caudicus debe tener el equipo que necesito, su merced. Los materiales que no tenga a la mano debería ser capaz de encontrarlos en Severen, llegado el tiempo.
Hice una pausa, teniendo en cuenta la segunda parte de su pregunta, pensando en los cientos de cosas que el Maer podría darme: el dinero suficiente para nadar en él, un laúd de reciente creación de la clase que sólo los reyes podían permitirse. Sentí una descarga correr a través de mí con el pensamiento. Un laúd Antressor. Nunca había visto uno, pero mi padre sí. Había tocado uno una vez en Anilin y a veces, cuando había tenido una copa de vino, llegaba a hablar al respecto, con las manos haciendo formas suaves en el aire.
El Maer podría arreglar este tipo de cosas en un abrir y cerrar de ojos.
Todo eso y más por supuesto. Alveron podría arreglarme el acceso a un centenar de bibliotecas privadas. Un mecenazgo formal no sería poca cosa, viniendo de él. El nombre del Maer abriría puertas tan rapido como el del rey.
—Hay algunas cosas, —dije lentamente—. Que he estado esperando para hablar con su merced. Tengo un proyecto que necesita ayuda para conseguirse correctamente. Y tengo una amiga, una música de talento, que podría utilizar un mecenas bien colocado. . . . —Me apague significativamente.
Alveron asintió con la cabeza, sus ojos grises que muestra que él entendió. El Maer no era ningún tonto. Sabía el costo de un pan. —Voy a poner a Stapes a conseguir las llaves de la torre de Caudicus, —dijo—. ¿Cuánto tiempo tomara hacer este amuleto?
Hice una pausa como si estuviera considerando. —Por lo menos cuatro días, su merced. —Eso me daría tiempo para que las aguas turbias de mi creatividad se despejaran bien. O tiempo de que Denna volviera de cualquier diligencia que la había llevado de pronto a irse. —Si estuviera seguro de su equipo, que podría ser antes, pero voy a tener que moverme con cuidado. No sé lo que Caudicus podría haber hecho para malograr las cosas antes de huir.
Alveron frunció el ceño ante esto. — ¿Serás capaz de continuar tus proyectos actuales también?
—No su merced. Va a ser bastante agotador y requiere mucho tiempo. ¿Sobre todo porque estoy asumiendo que usted preferiría que fuera prudente mientras reúno mis materiales en Severen Baja?
—Sí, por supuesto. — Exhalo fuerte a través de la nariz. —Maldito y molesto, las cosas iban tan bien. ¿A quién puedo traer a escribir cartas mientras estás ocupado?, —Dijo lo último pensativamente, sobre todo para sí mismo.
Tenía que cortar ese pensamiento en la yema. Yo no quería compartir el crédito por el cortejo de Meluan con nadie. —No creo que sea necesario, su merced. Siete u ocho días, tal vez. Pero ahora, como usted dice, tenemos su interés. Ella está muy entusiasmada, ansiosa por el siguiente contacto. Si pasan unos días sin nada de nuestra parte, ella se sentirá decepcionada. Pero lo más importante, ella va a estar ansiosa por el regreso de su atención.
El Maer se alisó la barba con una mano, con una expresión pensativa. Considere hacer una comparación a atrapar un pez con una línea, pero yo dudaba que el Maer hubiera participado nunca en algo tan rústico como la pesca. —No es para presumir, su merced. Pero en su juventud, ¿alguna vez intento ganar el afecto de una joven?
Alveron sonrió a mi fraseo cuidado. —Usted puede presumir.
— ¿Qué le pareció más interesante? ¿Las que saltaron a sus brazos de inmediato, o aquellas que eran más difíciles, a regañadientes, incluso indiferentes a su búsqueda? —Los ojos del Maer se fueron lejos con el recuerdo—. Lo mismo es cierto con las mujeres. Algunas no pueden soportar que un hombre se aferre a ellas. Y todos aprecian el espacio para tomar sus propias decisiones. Es difícil extrañar algo que siempre está ahí.
Alveron asintió con la cabeza. —Hay algo de verdad en eso. La ausencia alimenta el afecto. —Él asintió con la cabeza más firme—. Muy bien. Tres días. —Miró el reloj de la rueda—. Y ahora tengo que estar…
—Una última cosa, tu merced, —le dije rápidamente—. El amuleto que se haga debe ser ajustado específicamente para usted. Se requerirá algo de su cooperación. —Me aclaré la garganta—. Más precisamente, algo de su. . . —Me aclare la garganta—. Sustancia.
—Habla claramente.
—Una pequeña cantidad de sangre, saliva, piel, cabello y la orina. —Suspiré internamente, a sabiendas de que para alguien de la mentalidad Vintica supersticiosa, esto sonaba como una receta para el envío u otra cosa igualmente ridícula.
Como yo había esperado, los ojos del Maer se estrecharon ante la lista. —Si bien no soy un experto, —dijo lentamente—, ésas parecen ser las mismas cosas que debo evitar compartir. ¿Cómo puedo confiar en ti?
Yo podía haber protestado mi lealtad, señalado mi servicio pasado, o llevado a su atención a que yo ya le había salvado la vida. Pero en el último mes había llegado a conocer cómo trabajaba la mente del Maer.
Le di mi mejor sonrisa. —Usted es un hombre inteligente, su merced. Estoy seguro de que sabe la respuesta sin que yo se la diga.
Él me devolvió la sonrisa. —Hazme reír entonces.
Me encogí de hombros. —Usted es de ninguna utilidad para mí, si está muerto, su merced.
Sus ojos grises buscado los míos por un momento y luego asintió, satisfecho. —Muy cierto. Envía un mensaje cuando necesites esas cosas. —Volvió a salir —. Tres días.