jueves, 20 de octubre de 2011

Capitulo 78

Bueno aqui ya esta este capitulo que traduje yo y pues mañana en la noche subo el otro que ya me mando chio :) siganme pidiendo capitulos! es su ultima oportunidad por que ya estamos a nada de que salga el libro!! (Me encanta Tempi xD)

Capitulo 78
Otro camino, otro bosque

Me tomé un cierto oscuro placer en ver a Dedan con bastante resaca por el camino antes de que el sol estuviera totalmente en el cielo a la mañana siguiente. El gran hombre se conducía con delicadeza, pero para darle el debido crédito, no ofreció una palabra de queja, a menos que los ocasionales gemidos por lo bajo se puedan contar como una palabra.
Ahora que estaba viéndolo más de cerca, vi las marcas del amor ciego de Dedan. La forma en que decía que el nombre de Hespe. Los chistes burdos que hacía al hablar con ella. Cada pocos minutos encontraría una excusa para echar un vistazo en su dirección. Siempre con un pretexto: un estiramiento, una mirada ociosa al camino, un gesto a los árboles que nos rodeaban.
A pesar de esto, Dedan se mantuvo ajeno al cortejo esporádico que Hespe le estaba pagando a cambio. A veces era divertido de ver, como una tragedia Modegana bien orquestada. A veces quería ahorcarlos a ambos.
Tempi viajó sin decir palabra entre nosotros como un mudo, un buen comportado cachorro. Vio todo: los árboles, el camino, las nubes. Si no fuera por la mirada, sin duda, inteligente en sus ojos, lo habría tomado por un tonto para ese punto. Las preguntas que le hice aún se encontraron con torpes movimientos nerviosos, asentimientos con la cabeza, encogimientos de hombros o sacudidas de cabeza.
Todo el tiempo mi curiosidad me fastidiaba. Yo sabía que el Lethani era sólo un pedazo de libro de cuentos sin sentido, pero parte de mí no podía dejar de preguntarse. ¿Estaba realmente guardando sus palabras? ¿Realmente podía usar su silencio de armadura? ¿Se movía rápido como una serpiente? La verdad es que después de coger destellos de lo que Elxa Dal y Fela podían hacer llamando a los nombres del fuego y la piedra, el pensamiento de alguien guardando palabras para quemarlas como combustible no parecía tan tonto como antes.


***

Nosotros cinco nos dimos a conocer unos a otros a cuentagotas, cada vez familiarizándonos con las peculiaridades de los demás. Dedan cuidadosamente preparaba el terreno donde ponía su saco de dormir, no sólo quitaba ramas y piedras, sino pisando fuerte aplanaba cada matojo de hierba o una masa de tierra.
Hespe silbaba desafinando cuando creía que nadie la estaba escuchando y se hurgaba los dientes metódicamente después de cada comida. Marten no comería carne que tuviera el más ligero pedacito de rosa o bebería agua que no hubiera sido hervida o mezclada con vino. Él nos decía al resto de nosotros por lo menos dos veces al día que estábamos locos por no hacer lo mismo.
Pero en términos de comportamiento extraño, Tempi fue el ganador del premio mayor. Él no me miraba a los ojos. No sonreía. No fruncía el ceño. No hablaba.
Desde que salimos de la Pennysworth, había hecho un solo comentario por su propia voluntad. “La lluvia convertirá este camino en otro camino, el bosque en otro bosque." Él dijo claramente cada palabra, como si hubiera estado deliberando sobre esa declaración todo el día. Por lo que sabía, lo había hecho.
Él se lavaba obsesivamente. El resto de nosotros aprovechaba de un baño cuando nos deteníamos en una posada, pero Tempi se bañaba todos los días. Si había una corriente muy útil, se bañaría tanto en la noche y como otra vez después de que despertara. De lo contrario, se lavaría con un paño y algo de su agua potable.
Y dos veces al día, sin falta, realizaba un elaborado ritual de estiramiento, con las manos haciendo formas y patrones cuidadosos en el aire. Me recordaba a los bailes lentos de corte que se llevan a cabo en Modeg.
Eso obviamente lo mantenía ágil, pero era extraño de ver. Hespe hizo bromas acerca de cómo si los bandidos nos invitaban a bailar, nuestro mercenario dulce y con buen aroma sería de gran ayuda. Pero ella lo decía en voz baja, cuando Tempi no podía oírnos.
En cuanto a los caprichos, supongo que no estaba en posición para lanzar piedras. Toque con mi laúd la mayoría de las noches, en que no estaba demasiado cansado por caminar. Me atrevo a decir que no mejoró la opinión de los demás sobre mí como un líder táctico o arcanista.
Cuando nos acercábamos a nuestro destino, yo estaba cada vez más ansioso. Marten era el único de nosotros realmente adecuado para este trabajo. Dedan y Hespe serían buenos en una pelea, pero eran problemáticos para trabajar. Dedan era discutidor y testarudo. Hespe era perezosa. Rara vez ayudó a preparar la comida o limpiar después a menos que se le pidiera, e incluso entonces su ayuda era a tan mala gana que era apenas ninguna ayuda en absoluto.
Y luego estaba Tempi, un asesino a sueldo que no me miraba a los ojos o mantenía una conversación. Un mercenario del que creía firmemente que podía aspirar a una carrera decente en el teatro Modegano. . . .


***

Cinco días después de salir de Severen, llegamos a la zona en la que los ataques habían sido realizados. Un tramo de veinte kilómetros de camino sinuoso que corría a través del Eld: sin pueblos, ni posadas, ni siquiera una granja abandonada. Un tramo del camino del rey totalmente aislado en el centro de un antiguo bosque sin fin. El hábitat natural de osos, ermitaños locos y cazadores furtivos. El paraíso de un salteador de caminos.
Marten fue a explorar, mientras que el resto de nosotros armó el campamento. Una hora más tarde salió de entre los árboles, sin aliento, pero de buen humor. Él nos aseguró que no había encontrado señal de cualquier otra persona cercana.
—No puedo creer que estoy defendiendo a los recaudadores de impuestos, —murmuró Dedan a disgusto. Hespe dio una risa gutural.
—Eres la defensa de la civilización, —le corregí—. Y estas manteniendo los caminos seguros. Por otra parte, el Maer Alveron hace cosas importantes con los impuestos. —Sonreí—. Como pagarnos.
Eso es por lo que estoy luchando, —dijo Marten.
Después de la cena, delineé la única estrategia a la que había sido capaz de llegar en cinco largos días de pensar en ello. Dibujé una línea curva en el suelo con un palo. —Está bien. Aquí está el camino, a unas veinte millas del mismo.
Mielles. —Era la voz suave de Tempi.
— ¿Perdón? —Le pregunté. Esta fue la primera cosa que yo le había oído decir en un día y medio.
¿Miills? —Su acento era tan denso alrededor de la palabra desconocida que me tomó un segundo para comprender que estaba diciendo "millas".
—Millas. —Dije claramente. Señalé en la dirección del camino y levanté un dedo—. A partir de aquí el camino está a una milla. Hoy caminamos quince millas.
Él asintió con la cabeza.
Me volví hacia mi dibujo. —Es seguro asumir que los bandidos están dentro de un radio de diez millas desde la carretera. —Dibuje un cuadro alrededor de mi crudo esbozo del camino—. Eso nos da cuatrocientas millas cuadradas de bosque a buscar.
Hubo un momento de silencio en todo el mundo absorbía parte de la información. Por último, habló Tempi, —Eso es grande.
Asentí con la cabeza muy en serio. —Nos llevaría meses buscar en todo ese territorio, pero no debemos hacerlo. — Añadí un par de líneas a mi dibujo—. Todos los días Marten reconocerá el terreno para nosotros. —Levanté la vista hacia él—. ¿Cuánto terreno se puede cubrir de manera segura en un día?
Él pensó por un segundo, mirando a los árboles que nos rodeaban. — ¿Este bosque? ¿Con tanta maleza? Alrededor de un kilómetro cuadrado.
— ¿Cuántas si eres cuidadoso?
Él sonrió. —Siempre soy cuidadoso.
Asentí con la cabeza y dibujé una línea paralela a la carretera. —Marten se encargara de buscar en una franja de unos dos kilómetros y medio de ancho, a alrededor de un kilómetro y medio atrás desde el camino. Él va echar un ojo fuera en busca de su campamento o sus centinelas para que el resto de nosotros no tropiece con en ellos accidentalmente.
Hespe negó con la cabeza. —Esto no es bueno. Ellos no estarán tan cerca del camino. Si están buscando permanecer ocultos, estarán más atrás. Por lo menos dos o tres millas.
Dedan asintió con la cabeza. —Me gustaría asegurarme de que estoy a por lo menos cuatro kilómetros de la carretera antes de que agazaparme y hacerme con el hábito de matar gente.
—Yo también lo creo, —Estuve de acuerdo—. Pero tienen que dirigirse al camino tarde o temprano. Tienen que haber instalado puestos de observación y viajar de ida y vuelta para las emboscadas. Necesitan reabastecerse. Ya que han estado aquí durante varios meses, sería raro que no hubieran dejado algún tipo de rastro.
Añadí un pequeño detalle a mi mapa de tierra con mi rama. —Después de que Marten haya explorado, dos de nosotros vamos a ir y hacer una búsqueda cuidadosa detrás de él. Vamos a cubrir una delgada franja de bosque, buscando alguna señal de su rastro. Los otros dos mantendrán un ojo en el campamento.
—Podemos cubrir aproximadamente un poco más de tres kilómetros al día. Vamos a empezar en el lado norte del camino y buscaremos de oeste a este. Si no encontramos un rastro, cruzaremos hacia el lado sur de la carretera y trabajaremos dirigiéndonos de regreso de este a oeste. —Terminé de dibujo en el suelo y di un paso atrás—. Encontraremos su rastro un ciclo y días. Tal vez dos, dependiendo de nuestra suerte—. Me eché hacia atrás y lleve mi vara al suelo.
Dedan miró con expresión sombría hacia el tosco mapa. —Necesitaremos más suministros.
Asentí con la cabeza. —Vamos a mover el campamento, cada cinco días. Dos de nosotros van a caminar de regreso a Crosson para obtener suministros. Los otros dos moverán el campamento. Marten descansará.
Marten habló. —Vamos a tener que tener cuidado con nuestros fuegos de ahora en adelante, también, —dijo—. El olor a humo nos delatara de inmediato si estamos a favor del viento hacia ellos.
Asentí con la cabeza. —Vamos a necesitar un pozo para el fuego cada noche y vamos a querer mantener un ojo en busca de árboles Rennel. —Miré a Marten—. Sabes cómo se ve un Rennel, ¿no? —Su expresión era sorprendida.
Hespe miró de ida y vuelta entre nosotros. — ¿Qué es Rennel? —Preguntó.
—Es un árbol, —dijo Marten—. Bueno para leña. Se quema limpio y caliente. No hay humo del que hablar y difícilmente huele a humo tampoco.
—Incluso cuando la madera es de color verde, —le dije—. Lo mismo pasa con las hojas. Es algo útil. No crece en todas partes, pero he visto algunos por aquí.
— ¿Cómo un chico de ciudad como tú sabe algo así? —Preguntó Dedan.
—Saber cosas es lo que hago, —le dije en serio—. ¿Y que en el mundo te hace pensar que crecí en una ciudad?
Dedan se encogió de hombros, mirando a otro lado.
—Esa debe ser la única madera que quemaremos de aquí en adelante, —le dije—. Si es escasa, la vamos a ahorrar para el fuego con el que cocinamos. Si no tenemos ninguna, vamos a tener que comer frío. Así que mantengan los ojos abiertos.
Todos asintieron, Tempi un poco más tarde que el resto.
—Por último, es mejor que tengamos nuestras historias perfectamente preparadas en caso de tropiecen con nosotros mientras estamos buscándolos. —Señalé a Marten—. ¿Qué vas a decir si alguien te atrapa cuando no estás fuera rastreando?
Pareció sorprendido, pero no dudó en su respuesta. —Soy un cazador furtivo. —Señaló a su arco sin cuerda apoyado en un árbol—. No va a estar lejos de la verdad.
— ¿Y de dónde eres?
Hubo un atisbo de duda. —Crosson, a sólo a un día al oeste de aquí.
— ¿Y tu nombre es?
—M-Meris, —dijo torpemente. Dedan se echó a reír.
Sonreí  abiertamente. —No mientas sobre tu nombre. Es difícil hacerlo convincentemente. Si te pillan y te dejan ir, está bien. Eso sí, no los lleves de regreso a nuestro campamento. Si ellos quieren llevarte de vuelta con ellos, haz lo mejor con ello. Haz de cuenta que te gustaría unirte al grupo. No trates de correr.
Marten parecía inquieto. — ¿Solo me quedo con ellos?
Asentí con la cabeza. —Ellos esperan que escapes en la primera noche si piensan que eres estúpido. Si piensan que eres inteligente, ellos esperan que escapes en la segunda noche. Pero la tercera noche deberán confiar en ti un poco. Espera hasta la medianoche, a continuación, inicia algún tipo de perturbación. Prende fuego a un par de tiendas de campaña o algo así. Estaremos esperando a la confusión y haremos que se separen desde el exterior.
Miré a mí alrededor a los otros tres. —El plan es el mismo para cualquiera de ustedes. Esperar hasta la tercera noche.
— ¿Cómo van a encontrar su campamento? —preguntó Marten con una fina capa de sudor en su frente. No lo culpo. Era un juego peligroso el que estábamos jugando—. Si me atrapan, no voy a estar allí para ayudar a rastrearlos.
—No voy a encontrarlos a ellos, —le dije—. Voy a encontrarte a ti. Yo puedo encontrar cualquiera de ustedes en el bosque.
Miré alrededor del fuego, esperando al menos una queja de Dedan, pero ninguno de ellos parecía poner en duda mis habilidades arcanas. Vagamente, me pregunté cuánto pensaban que yo era capaz de hacer.
La verdad es que furtivamente había recogido un pelo de cada uno de ellos en los últimos días. Por lo que podría fácilmente crear un péndulo de zahorí improvisado para cualquier persona del grupo en menos de un minuto. Teniendo en cuenta la superstición Vintica, dudé de que estuvieran felices de saber los detalles específicos.
— ¿Cuáles deberían ser nuestras historias? —Hespe golpeo a Dedan en el pecho con la palma de su mano, sus nudillos hicieron un ruido hueco en su chaleco de cuero duro.
— ¿Crees que podrían convencerlos de que eran guardias descontentos caravana que decidieron convertirse en bandidos?
Dedan resopló. —Caray, yo he pensado en ello una o dos veces. —A una mirada de Hespe, bufó—. No me digas que no has hecho lo mismo. Ciclo tras ciclo de caminar bajo la lluvia, comiendo frijoles, durmiendo en el suelo. ¿Todo por un penique al día? —Se encogió de hombros—. Los dientes de Dios. Me sorprende que la mitad de nosotros no nos vayamos por las ramas.
Sonreí. —Lo harás muy bien.
— ¿Qué pasa con él? —Hespe señalo con el pulgar a Tempi—. Nadie va a creer que está fuera de control. Los Adem ganan diez veces más de lo que ganamos por un día de trabajo.
—Veinte veces, —se quejó Dedan.
Había estado pensando la misma cosa. —Tempi, ¿qué vas a hacer si te encuentran los bandidos?
Tempi se inquietó un poco, pero no dijo nada. Me miró un instante y luego rompió el contacto visual, mirando hacia abajo y hacia los lados. No podría decir si estaba pensando, o simplemente confundido.
—Si no fuera por sus rojos de Adem, no se vería como algo especial, —dijo Marten—. Incluso la espada no se ve como mucho.
—No se ve como veinte veces más que yo, eso es seguro, —Era la voz de Dedan por lo bajo, pero no tan baja que todo el mundo no pudiera oírla.
Yo también estaba preocupado por la vestimenta de Tempi. Había intentado involucrar al Adem en una conversación varias veces con la esperanza de discutir el problema con él, pero era como tratar de tener una charla con un gato.
Sin embargo, con el hecho de que no había conocido la palabra "millas" me di cuenta de algo que debería haber pensado mucho antes. El Aturano no era su lengua materna. Habiendo recientemente  luchado para hablar en Siaru fluidamente en la Universidad, yo podría entender el impulso de guardar silencio en lugar de hablar y hacer el ridículo.
—Podría intentar interpretar, lo mismo que nosotros, —dijo Hespe dudosa.
—Es difícil mentir convincentemente cuando no estás bien con el idioma, —le dije.
Los ojos claros de Tempi se lanzaron hacia cada uno de nosotros a medida que hablábamos, pero no ofreció ningún comentario.
—La gente subestima a una persona que no puede hablar bien, —dijo Hespe—. ¿Tal vez se podría clasificar de. . . tonto? ¿Actuar confuso como si estuviera perdido?
—No tendría que hacerse el tonto, —continuó Dedan en voz baja—. Podría simplemente ser tonto.
Tempi miró a Dedan, aún sin expresión, pero con más intensidad que antes. Tomo a una respiración lenta y deliberada, antes de hablar. —Tranquilo, no es estúpido, —dijo, su voz llana—. ¿Tú? Siempre habla. Chek chek chek chek chek. —Hizo un movimiento con una mano, como una apertura y cierre de la boca—. Siempre. Como perro ladrando toda la noche al árbol. Tratar de ser grande. No. Sólo ruido. Solo perro.
No me habría reído, pero me pilló completamente por sorpresa. En parte porque pensaba en Tempi como tan tranquilo y pasivo, y en parte porque tenía toda la razón. Si Dedan fuera un perro, sería un perro que ladraba sin parar ante nada. Ladrando sólo para oírse a sí mismo otra vez.
Aun así, no debería haberme reído. Pero lo hice. Hespe también se rió y trató de ocultarlo, lo que era peor.
La cara de Dedan se ensombreció con ira y que se puso de pie. —Ven aquí y dímelo.
Aún sin expresión, Tempi se puso de pie y caminó alrededor del fuego hasta que se paró al frente de Dedan. Bueno. . . Si digo que estaba frente a él, se llevarían una impresión equivocada. La mayoría de la gente se para a dos o tres pasos de distancia al hablar contigo. Pero Tempi caminó hasta que estuvo a menos de un paso de distancia de Dedan. Para estar más cerca, él habría tenido que darle un abrazo o subirse a él.
Podría mentir y decir que esto sucedió demasiado rápido para que yo interviniera, pero eso no sería cierto. La simple verdad es que yo no podía pensar en una manera fácil de romper la situación. Pero la verdad más complicada fue que yo también estaba bastante cansado con Dedan para este punto.
Lo que es más, esto era lo máximo que había oído nunca hablar a Tempi. Por primera vez desde que lo conocí, él se estaba comportando como una persona, no sólo como una muñeca muda ambulante.
Y yo tenía curiosidad por verlo pelear. Había oído mucho acerca de las proezas legendarias de los Adem y tenía la esperanza de verlo golpear algunos de los murmullos hoscos de la torpe cabeza de Dedan.
Tempi se acercó a Dedan, lo suficientemente cerca para poner sus brazos alrededor de él. Dedan era una cabeza completa más alto, más ancho de los hombros y más grueso en el pecho. Tempi lo miró sin dejar rastro de cualquier cosa que pudieras esperar ver en su rostro. Ni bravura. Ni sonrisa burlona. Nada.
—Sólo perro, —dijo Tempi suavemente, sin inflexión particular—. Gran ruidoso perro. —Él levantó su mano e hizo una boca de nuevo—. Chek. Chek. Chek.
Dedan levantó una mano y la empujó con fuerza contra el pecho de Tempi. Yo había visto este tipo de cosas en innumerables ocasiones en las tabernas cerca de la Universidad. Era el tipo de empujón que envía a un hombre tambaleándose hacia atrás, fuera de balance y con tendencia a tambalearse y hacerlo tropezar.
Excepto que Tempi no se tambaleó. Él sólo. . . dio un paso atrás. Entonces él se acercó casualmente  y golpeo a Dedan a un lado de la cabeza, de la forma en la que los padres podrían corregir a un niño rebelde en el mercado. Ni siquiera era lo suficientemente fuerte para mover la cabeza de Dedan, pero todos pudimos escuchar un suave sonido como haciendo paff, y el pelo de Dedan se revolvió como una vaina de algodoncillo al que alguien le hubiera soplado.
Dedan se detuvo por un momento, como si él no pudiera entender qué había sucedido. Luego frunció el ceño y levanto las dos manos para dar un empujón más violento a Tempi. Tempi se apartó de este también y luego dio un manotazo a Dedan en el otro lado de la cabeza.
Dedan frunció el ceño, gruñó y levanto las manos, haciendo puños. Él era un hombre grande y sus pieles de mercenario crujieron y se tensaron en los hombros, mientras levantaba sus brazos. Esperó un momento, obviamente, con la esperanza de que Tempi diera el primer paso, luego pisoteó hacia adelante, sacó su brazo hacia atrás y lanzó un puñetazo, duro y pesado como un peón balanceando un hacha.
Tempi lo vio venir y se apartó por tercera vez. Pero a mitad de su torpe swing, todo lo relacionado con Dedan había cambiado. Él se levantó sobre la punta de sus pies y su trabajado y poderoso puñetazo se evaporó. De repente, ya no parecía un toro pesado y en su lugar, se lanzó hacia adelante y rompió con tres golpes rápidos, rápidos como el ala de un pájaro aleteando.
Tempi eludió uno, paro el del otro lado, pero el tercero le toco arriba del hombro, girándolo media vuelta y moviéndolo hacia atrás. Dio dos pasos rápidos fuera del alcance de Dedan, recuperó el equilibrio y se sacudió un poco. Entonces se rió, alto y encantado.
El sonido suavizó la expresión en el rostro de Dedan y sonrió a su vez, aunque no bajó las manos o deshizo su postura con las puntas de sus pies. A pesar de esto, Tempi se intensifico, evitó otro golpe y golpeó a Dedan en la cara con la palma de la mano. No a través de la mejilla, como si fueran peleas de amantes en el escenario. La mano de Tempi llegó desde arriba y golpeó Dedan en la parte delantera de la cara, desde la frente hasta la barbilla.
—Arrhhgh, —gritó Dedan—. Maldito ennegrecido. —Se tambaleó distanciándose, aferrándose a su nariz—. ¿Qué te pasa? ¿Me acabas de cachetear? —Él se asomó a Tempi  por detrás de su mano—. Luchas como una mujer.
Por un momento, Tempi parecía como si fuera a objetar. Luego dio la primera sonrisa que jamás había visto de él, dio un pequeño asentimiento con la cabeza y se encogió de hombros en su lugar. —Sí. Lucho como una mujer.
Dedan vaciló, luego se rió y palmeo a Tempi bruscamente en el hombro. Yo casi esperaba que Tempi rehuyera de su toque, pero en lugar de eso el Adem le devolvió el gesto, hasta el punto de agarrarse del hombro de Dedan y zarandearlo en broma.
La escena me pareció extraña viniendo de alguien que había sido tan reservado en los últimos días, pero decidí no mirar a caballo regalado el diente. Cualquier otra cosa que el silencio inquieto del Adem era una bendición.
Incluso mejor, ahora tenía una medida de la capacidad de lucha de Tempi. Lo quisiera Dedan admitir o no, Tempi, obviamente, había podido con lo mejor de él. Supuse que la reputación Adem era más que aire vacío.
Marten vio a Tempi regresar a su asiento. —Esa ropa sigue siendo un problema, —dijo el hombre de los bosques, como si nada hubiera sucedido. Miró la camisa y los pantalones color rojo sangre de Tempi—. Bien podríamos correr agitando una bandera tanto como usar esa ropa entre los árboles.
—Voy a hablar con él sobre esto, — le dije a los demás. Si Tempi era medio consciente de su Aturano, supuse que nuestra conversación sería más fácil sin una audiencia—. Y voy a trabajar en lo que va a hacer si se encuentra con ellos. Ustedes tres pueden ir a instalarse y comenzar a preparar la cena.
Los tres se dispersaron, buscando reclamar los mejores lugares para sus sacos de dormir. Tempi los vio partir y luego se volvió para mirarme. Miró hacia el suelo y dio un pequeño paso alejándose, arrastrando los pies.
— ¿Tempi?
Él inclinó la cabeza y me miró.
—Tenemos que hablar de tu ropa.
Sucedió de nuevo tan pronto como empecé a hablar. Su atención poco a poco se alejó de mí, sus ojos a la deriva hacia abajo y hacia los lados. Como si no se molestara en escuchar realmente. Como si fuera un niño malhumorado.
No necesito decirles lo exasperante que es tratar de tener una discusión con una persona que no te mira a los ojos. Sin embargo, yo no podía darme el lujo de ofenderme o posponer esta charla. Ya había retrasado esta conversación demasiado.
—Tempi. — Luché con la necesidad de chasquear los dedos para llamar su atención hacia mí—. Tu ropa es de color rojo, —le dije, tratando de mantenerlo lo más simple posible—. Es fácil de ver. Peligroso.
No dio respuesta durante un largo rato. A continuación, sus ojos claros se lanzaron hacia los míos y él asintió con la cabeza, una simple sacudida de la cabeza.
Empecé a tener la horrible sospecha de que en realidad no podía entender lo que estábamos haciendo aquí en el Eld. —Tempi, ¿Sabes lo que estamos haciendo aquí, en el bosque?
Los ojos de Tempi se mudaron a mi boceto en el suelo, luego de vuelta hacia mí. Se encogió de hombros e hizo un gesto vago con las dos manos. — ¿Qué es mucho pero no todo?
Al principio pensé que me estaba pidiendo alguna extraña cuestión filosófica, entonces me di cuenta de que me estaba pidiendo la palabra. Yo levanté la mano y agarré dos de mis dedos. — ¿Algo? —Me tomé tres dedos—. ¿La mayoría?
Tempi vio mis manos atentamente, asintiendo con la cabeza. —La mayoría, —dijo, jugueteando—. Sé la mayoría. Hablar es rápido.
—Estamos buscando a unos hombres. —Sus ojos se deslizaron lejos tan pronto como empecé a hablar y luché contra el impulso de suspirar. —Estamos tratando de encontrar a unos hombres.
Asentimiento. —Sí. Cazando a unos hombres. —Hizo hincapié en la palabra—. Cazar visantha.
Por lo menos él sabía por qué estábamos aquí. — ¿Rojo? —Me estire y toqué la correa de cuero rojo que sujetaba la tela de su camisa ajustada a su cuerpo. Era sorprendentemente suave—. ¿Para cazar? ¿Tienes otra ropa? ¿No roja?
Tempi miró a su vestimenta, inquietud. Luego asintió y se acercó a su mochila y sacó una camiseta de andar gris claro. La levantó para mí. —Para la caza. Pero no la lucha.
No estaba seguro de lo que significaba su distinción, pero yo estaba dispuesto a dejarlo pasar por ahora. — ¿Qué vas a hacer si visantha te encuentra en el bosque? —Le pregunté—. ¿Hablar o pelear?
Parecía que pensar en ello por un momento. —No bueno en hablar, —admitió— ¿Visantha? Luchar.
Asentí con la cabeza. —Uno de los bandidos, luchar. Dos, hablar.
Se encogió de hombros. Poder luchar contra dos.
— ¿Luchar y ganar?
Dio otro indiferente encogimiento de hombros y señaló a donde Dedan estaba recogiendo cuidadosamente las ramas del césped. — ¿Igual que él? Tres o cuatro. —Tendió la mano, la palma hacia arriba, como si me ofreciera algo—. Si tres bandidos, luchar. Si cuatro, trato mejor de hablar. Espero hasta las tres noches. Entonces. . .  —Hizo un extraño gesto elaborado con las dos manos—. Fuego en tiendas de campaña.
Me relajé, me alegre de hubiera seguido nuestro análisis anterior. —Sí. Bien. Gracias.
Nosotros cinco teníamos una tranquila cena de sopa, pan y un queso como de goma nada impresionante que habíamos comprado en Crosson. Dedan y Hespe discutieron de manera amistosa y yo especulé con Marten sobre qué tipo de clima podríamos esperar en los próximos días.
Aparte de eso, no había mucho parloteo. Dos de nosotros ya habíamos llegado a los golpes. Habíamos recorrido un centenar de millas desde Severen y todos éramos conscientes de la labor sombría delante de nosotros.
—Un momento, —dijo Marten—. ¿Qué pasa si te pillan a ti? —Miró hacia mí—. Todos tenemos un plan si los bandidos que nos encuentran. Nos vamos con ellos y nos rastreas al tercer día.
Asentí con la cabeza. —Y no se olviden de la distracción.
Marten parecía ansioso. — ¿Pero lo que si te pillan? No tengo ningún tipo de magia. No puedo garantizar que será capaz de seguirles la pista para la tercera noche. Probablemente, si seguramente. Pero el rastreo no es una cosa cierta. . . .
—Yo sólo soy un músico inofensivo, —le aseguré—. Me metí en algunos problemas con la sobrina del Baronet Banbride y pensé que sería mejor si me quedaba en el bosque por un tiempo. —Sonreí—. Puede ser que me roben, pero como no tengo mucho, probablemente sólo me dejen ir. Soy un hombre persuasivo y no me veo como una gran amenaza.
Dedan murmuró algo entre dientes que me alegré de no poder oír.
—Pero ¿y si? —Presiono Hespe—. Marten tiene razón. ¿Qué pasa si te llevan de vuelta con ellos?
Eso era algo que no había pensado todavía, pero en lugar de terminar la noche con una nota amarga, sonreí mi más confiada sonrisa. —Si a mí me llevaran de regreso a su campamento, yo debería ser capaz de matarlos yo solo sin muchos problemas. —Me encogí de hombros con exagerada indiferencia. —Los vería en el campamento después de que el trabajo estuviera hecho. —Golpeé el suelo a mi lado, sonriendo.
Lo había propuesto como una broma, seguro de que Marten al menos se reiría con mi respuesta impertinente. Pero yo había subestimado cómo de profunda tiende a ser la superstición Vintica y mi comentario fue recibido con un silencio incómodo.
Hubo poca conversación después de eso. Nos echamos a suertes para vigilar, apagamos el fuego y uno a uno nos quedamos dormidos.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Capitulo 77

Holaa! Este capitulo fue traducido por Marcelo!! :D  Lo hizo muy rapido y muy bien n__n (Tambien quisiera mencionar un poco a Chio que me lo mando sin pedirmelo despues pero bueno ya tenia el de marcelo)
Hoy en la noche subo el siguiente como toca y pues ya eso es todo :)
 
Capitulo 77
Pennysworth

El crepúsculo se estaba asentando cuando doblamos una curva en el camino. Escuché aplausos y fuertes pisadas mezcladas con música, gritos y carcajadas. Luego de diez horas de marcha, el sonido me levantó el ánimo a un nivel casi alegre.
Ubicado en el último cruce importante al sur del Eld, la Posada Pennysworth  era enorme. Construida de madera toscamente labrada, tenía dos pisos y un puñado de tejas que apuntaba a una más pequeña, por encima de eso un tercer piso. A través de las ventanas vislumbraba hombres y mujeres bailando, mientras un violinista oculto aserraba una melodía loca e intensa.
Dedan tomó una respiración profunda. — ¿Puedes oler eso? Os digo que hay una mujer en este lugar que podría cocinar una piedra y hacerme rogar por más. Dulce Peg. Por estas manos, espero que todavía este por aquí. —Hizo un ademán curvo, mostrando el doble sentido de sus palabras cuando empujó a Marten con el codo.
Los ojos del Hespe se entrecerraron mientras miraba a la parte posterior de la cabeza de Dedan.
Ajeno, Dedan continuó, —esta noche voy a dormir con un atracón de carne de cordero y brandy. Aunque dormir un poco menos podría resultar un poco más entretenido, si en mi último viaje aquí capte alguna indicación.
Vi la tormenta amenazante en el rostro de Hespe y hablé rápidamente. —Lo que sea que haya en la olla y una litera para cada uno de nosotros, —dije con firmeza—. Todo lo demás sale de sus propios bolsillos.
Dedán miró como si no pudiera creer lo que escuchaba. —Venga ya. Hemos estado durmiendo a la intemperie durante días. Además, “Mancha tu dinero, no seas tacaño con él".
—No hemos hecho nuestro trabajo aún, —dije tranquilamente—. Ni siquiera una parte de él. No sé por cuánto tiempo podemos estar aquí, pero sé que no soy rico. Si gastamos el monedero del Maer demasiado rápido vamos a tener que cazar lo que comemos. —Miré a todos. — ¿A menos que alguien tenga suficientes monedas para mantenernos alimentados y le importe compartir?
Marten sonrió tristemente ante la sugerencia. Los ojos de Hespe fueron para Dedán, que continuaba ceñudo en mi dirección.
Tempi se movió, con una expresión indescifrable como siempre. Evitando mis ojos, echó un vistazo a todos por turno, su expresión en blanco. Sus ojos se movieron, no de cara en cara, pero en las manos de Dedán y luego los pies de Dedán. Luego a los pies de Marten, luego a los de Hespe, luego a los míos. Cambió el peso y se trasladó medio paso más cerca de Dedán.
Esperando disipar la tensión, ablandé mi tono y dije, —Después de que todo este hecho podríamos dividir lo que este en la bolsa. De esta manera cada uno de nosotros tendrá un poco más en el bolsillo antes incluso de volver a Severen. Cada uno podrá gastar su monto cuando quiera. Entonces.
Podía distinguir que Dedan no estaba contento y esperó ver si presionaría el punto.
En su lugar, fue Marten quien tomó la palabra. —Después de un día de largas caminatas, —dijo con voz pensativa, como si hablara consigo mismo—. Una bebida caería bien.
Dedán miró a su amigo y luego de nuevo hacia mí, expectante.
—Creo que la bolsa puede soportar una ronda de bebidas, —reconocí con una sonrisa—. No creo que el Maer esté tratando de hacer sacerdotes de nosotros, ¿verdad?
Esto consiguió una risa ronca de Hespe, mientras que Marten y Dedán rompieron en sonrisas. Tempi me miró con sus ojos claros, inquieto, y aparto la mirada.

***

Luego de unos minutos de regateo tranquilo conseguimos cinco literas comunes, una cena simple y una ronda de bebidas por un poco de plata. Luego de haber hecho esto, encontré una mesa en la esquina más silenciosa de la habitación y escondí mi laúd fuera de peligro debajo de mi banco. Luego me senté, los huesos cansados y me preguntaba qué podía hacer para conseguir que Dedan a dejará de actuar como un pequeño gallo fanfarrón.
Tal fue el giro distraído de mis pensamientos cuando la cena golpeó sobre la mesa delante de mí. Levanté la mirada para ver el rostro de una mujer y su bien anunciado pecho enmarcado por una caída de brillantes rizos rojos. Su piel era blanca como la crema con sólo la más ligera insinuación de pecas. Sus labios de un color rosa pálido, peligroso. Sus ojos de un verde brillante, peligroso.
—Gracias, —dije, con algo de retraso.
—De nada, amor. —Ella sonrió juguetonamente con los ojos y apartó el cabello de su espalda desnuda. —Parecía que te estabas durmiendo en tu asiento.
—Casi lo estaba. Un día largo y un largo camino.
—Eso es una lástima realmente, —dijo con alegre pesar mientras se frotaba la parte de atrás de su cuello. —Si pensara que todavía estarías sobre tus pies en una hora, te quitaría de sobre ellos. —Extendió la mano y entrelazó sus dedos ligeramente a través del cabello en la parte posterior de mi cabeza—. Los dos seriamos suficientes para iniciar una llama.
Me quedé inmóvil, como un ciervo asustado. No puedo decir por qué, excepto tal vez que yo estaba cansado de varios días en la carretera. Tal vez fue que nunca había sido abordado de manera directa antes. Tal vez…
Tal vez yo era joven e inexperto lamentablemente. Vamos a dejarlo así.
Me apresuré desesperadamente en busca de algo que  decir, pero antes del momento en que hubiera encontrado mi lengua ella había dado un medio paso y me había dado una mirada astuta. Sentí que mi rostro se calentaba, avergonzándome más. Sin pensarlo, mire a la mesa y la cena que había traído. Sopa de patatas, pensé, aturdido. Ella soltó una risa pequeña, tranquila y me tocó el hombro amablemente.
—Lo siento, chico. Parecía como si fueras un poco más… —Se interrumpió, como si reconsiderara sus palabras y luego comenzó de nuevo—. Me gustó tu mirada fresca, pero yo no pensé que fueras tan joven.
Aunque hablaba con suavidad, podía oír la sonrisa en su voz. Esto hizo que mi cara ardiera aún más caliente, hasta llegar a mis oídos. Finalmente, pareció darse cuenta cualquier cosa que ella dijera sólo me avergonzaría más, quitó su mano de mi hombro. —Voy a estar de vuelta para ver si necesitas algo más tarde.
Asentí con la cabeza tontamente y la vi alejarse. Su retirada fue agradable, pero fui distraído por los sonidos de risas dispersas. Miré para ver la diversión en los rostros de los hombres sentados en las largas mesas a mí alrededor. Un grupo levantó sus jarros en un saludo silencioso y burlón. Otro sujeto se inclinó para acariciar mi espalda en consuelo, diciendo, —No lo tomes personal, chico, ella convirtió a todos nosotros.
Sintiendo que todos en la sala me miraban, mantuve la mirada baja y empecé a comer mi cena. Cuando rompí trozos de pan y los bajé en mi sopa, escribí un catálogo mental de la extensión de mi estupidez. Furtivamente, vi a la camarera pelirroja entretener y rechazar las maniobras de una docena de hombres cuando llevaba las bebidas de mesa en mesa.
Había recuperado un poco de compostura en el momento en que Marten se deslizó en una silla junto a mí. —Has hecho un buen trabajo con Dedán ahí fuera, —dijo sin preámbulos.
Mi estado de ánimo se levantó un poco—.  ¿Lo hice?
Marten asintió ligeramente con la cabeza a medida que sus ojos afilados pasearon sobre la multitud que llenaba la habitación. —La mayoría de gente trata de intimidarlo, hacer que se sienta estúpido. Hubieras pagado de vuelta diez veces el problema si lo hubieras hecho de esa manera.
—Él estaba siendo estúpido, —señale—. Y cuando le haces frente, lo intimidas.
Era su turno de encogerse de hombros. —Pero lo has hecho inteligentemente, por lo que aun te escuchare. —Tomó un trago e hizo un pausa cambiando de tema—. Hespe se ofreció a compartir una habitación con él esta noche, — dijo con indiferencia.
— ¿De verdad? —dije, más que ligeramente sorprendido—. Se está poniendo más audaz. —El asintió lentamente.
— ¿Y? —Le solicite.
—Y nada. Dedán dijo que estaría condenado antes de que el gaste dinero en una habitación que debe tener de forma gratuita. —Deslizó sus ojos hacia mí y me levantó una ceja.
—No estas en serio, —dije monótonamente. —Él tiene que saber. Sólo se está haciendo el simplón porque no le gusta.
—No lo creo, —dijo Marten, volviéndose hacia mí y bajando la voz un poco—. Hace tres ciclos terminamos un trabajo de la caravana de Ralien. Fue un largo camino, y Dedán y yo teníamos una bolsa llena de monedas y nada en particular relacionado con eso, así que al final de la noche estábamos sentados en la pequeña y sucia taberna del muelle, demasiado borrachos como para levantarse y marcharse. Y empezó a hablar de ella.
Marten movió lentamente la cabeza. —Él continúo durante una hora y tú no habrías reconocido a la mujer que el estuvo describiendo como nuestra Hespe de mirada dura. Prácticamente cantó sobre ella. — Suspiró —. Él piensa que es demasiado buena para él. Y está convencido de que si la mirara mucho de lado acabaría con su brazo quebrado en tres lugares.
— ¿Por qué no le dijiste?
— ¿Decirle qué? Eso fue antes de que ella empezara a irse con ojos de vaca sobre él. Pensé que sus preocupaciones eran bastante razonables en el momento. ¿Qué crees que Hespe haría si tú fueras a darle una palmadita amistosa en cualquiera de sus partes más amigables?
Miré hacia donde estaba Hespe en el bar. Un pie repiqueteaba aproximadamente a tiempo al ritmo del violín. Aparte de eso, el conjunto de sus hombros, sus ojos, la línea de su mandíbula eran duros, casi beligerante. Había un hueco pequeño pero notable entre ella y los hombres de pie en cada lado de ella en el bar.
—Probablemente no arriesgaría mi brazo tampoco, —admití—. Pero él tiene que saberlo a estas alturas. No es ciego.
—No le va peor que el resto de nosotros. —Empecé a protestar, eché un vistazo a la chica de servicio pelirroja. —Podríamos decirle, —dije—. Tú podrías. Él confía en ti.
Marten chupó sus dientes con la lengua. —No, —dijo, poniendo su copa hacia abajo firmemente—. Podrían enturbiarse las cosas. O bien él lo ve o no lo hará. En su propio tiempo, a su manera. —Se encogió de hombros—. O no, y el sol todavía se levantara por la mañana.
Ninguno de los dos habló durante un buen rato. Marten vio la habitación llena de murmullos por encima de su taza, sus ojos cada vez más distantes. Dejé que el ruido del lugar perdiera intensidad a un bajo ronroneo reconfortante cuando me inclinaba contra la pared, dormitando.
Y como mis pensamientos desatendidos tienden a hacer, divagaron a Denna. Pensé en el olor de ella, el arco de su cuello, cerca de su oreja, la forma en que sus manos se movían cuando hablaba. Me pregunté dónde estaba esta noche, si ella estaba bien. Me pregunté sólo un poco si sus ideas alguna vez divagaron en reflexiones afectuosas sobre mí...


***

—...cazar bandidos no debe ser difícil. Además, va a ser bueno hacerlos saltar para variar, fuera de la ley bastardos malditos andrajosos.
Las palabras me sacaron de mi tibio dormitar como un pez de un tirón de una piscina. El músico había dejado de tocar para tomar una copa y en la relativa tranquilidad de la sala la voz de Dedán era fuerte como el rebuzno de un burro. Abrí los ojos y vi que Marten también estaba mirando a su alrededor en estado de alarma, sin duda despertó con las mismas palabras que habían captado mis oídos. Sólo me tomó un segundo detectar a Dedán. Estaba sentado dos mesas más allá, teniendo una conversación con un campesino borracho de cabellos grises. Marten ya estaba de pie. No queriendo llamar la atención sobre la situación, sisee. —Atrápalo. —Y me obligue a mí mismo a de vuelta a mi asiento.
Apreté los dientes cuando Marten se introdujo rápidamente a través de las mesas, tocó en el hombro Dedán y señaló con el pulgar hacia la mesa donde yo estaba. Dedán mascullo algo que me alegre de no escuchar y de mala gana se puso en pie.
Forcé mis ojos para pasear por la habitación en vez de seguir a Dedán. Tempi era fácil de descubrir en sus rojos de mercenario. Estaba mirando hacia la chimenea, observando al violinista afinar su instrumento. Había algunos vasos vacíos sobre la mesa en frente de él y había aflojado las correas de cuero de su camisa. Miró al violinista con una extraña intensidad.
Mientras observaba, una chica de servicio le trajo otra bebida. Él la miró, sus ojos claros se movieron deliberadamente arriba y abajo de su cuerpo. Ella dijo algo y él le besó el dorso de la mano tan suavemente como un cortesano. Ella se ruborizó y empujó su hombro juguetonamente. Una de sus manos se movió con suavidad a la curva de su cintura y descanso allí. A ella no parecía molestarle.
Dedán se acercó a mi mesa, eclipsando mi vista de Tempi justo cuando el violinista levantó su arco y comenzó a serruchar un baile. Una docena de personas se pusieron de pie, dispuestas a bailar.
— ¿Qué? —Dedán exigió cuando vino a estar de pie frente a mi mesa—. ¿Me has llamado para decirme que se está haciendo tarde? ¿Que tengo un largo día mañana y debo meter mi pequeño ser en la cama? —Se inclinó hacia delante sobre la mesa, poniendo sus ojos más al nivel de los míos. Capte un olor irritante en su aliento: dreg. Un licor barato y repugnante con el que se puede provocar incendios.
Me reí con desdén. —Caray, yo no soy tu madre. —En realidad, había estado a punto de decir eso mismo y mentalmente busque otra cosa para distraerlo. Mis ojos se posaron en la pelirroja que me había servido la cena esa misma tarde y me incliné hacia delante en mi asiento. —Me preguntaba si tu podrías decirme algo, —le dije con mi mejor tono de complicidad.
Su ceño fruncido dio lugar a la curiosidad y yo bajé la voz un poco más. —Has estado aquí antes, ¿cierto? —Él asintió con la cabeza inclinándose un poco más cerca—. ¿Conoces cuál es el nombre de esa chica? —Moví la cabeza en dirección a la pelirroja.
Dedán hecho una mirada excesivamente cuidadosa, por encima de su hombro, que seguramente habría llamado su atención si ella no hubiera estado de espaldas a nosotros.
— ¿La rubia a la que está manoseando al Adem? —preguntó Dedán.
—Pelirroja.
La frente amplia de Dedan se arrugó cuando miró al otro lado de la habitación enfocándola. — ¿Losine? — Preguntó en voz baja. Se volvió hacia mí, todavía entrecerrando los ojos. — ¿La pequeña Losi?
Me encogí de hombros y empecé a lamentar la elección de mi táctica de distracción.
Una risa explosiva estalló en el gran hombre y medio se cayó, medio deslizó en el banco frente a mí.
—Losi, —se rió un poco más fuerte de lo que hubiera querido—. Kvothe, te juzgué todo mal. —Golpeó la mesa con la palma de la mano y volvió a reír, casi se vuelca hacia atrás en el banco—. Ah, tienes un buen ojo, muchacho, pero no tienes ni una maldita oportunidad.
Mi orgullo maltratado se aguzó en esto. — ¿Por qué no? ¿No es ella, bien… —Fui apagándome, haciendo un ademan incapaz de expresarme.
Se las arregló para deducir mi significado de algún modo. — ¿Una puta? —preguntó incrédulamente—. ¡Dios mío! ¡Vaya!, no. Hay un par por aquí. —Hizo un amplio ademán sobre su cabeza y luego bajó la voz a un nivel más privado—. En realidad, no putas, claro está. Sólo las chocas a las que no les molesta un poco adicional por la noche. —Hizo una pausa, parpadeó—. Dinero. Dinero adicional. Y otras cosas adicionales. —Río entre dientes.
—Sólo pensé…—Empecé con voz débil.
—Ay, cualquier hombre que haya tenido ojos y bolas pensó eso. —Se inclinó un poco más cerca—. Ella es una pequeña lujuriosa. Ella se llevara a un hombre que capte su mirada, pero ella no puede ser convencida o comprada en la cama. Si pudiera, fuera rica como el rey de Vintas. —Miró en su dirección—. ¿Cuánto valdría enrollararse con ella? Daría…
Entrecerró los ojos en su dirección, moviendo los labios como si se fuera a través de algunas operaciones aritméticas complejas en silencio. Después de un momento se encogió de hombros. —Más de lo que tienes. —Volvió a mirar hacia mí, se encogió de hombros otra vez—. Sin embargo, es inútil desearla. Ahórrate el trabajo. Si tú quieres, conozco una dama que no es una vergüenza a la vista. Podría estar dispuesta a alegrarte la noche. —Empezó a mirar alrededor del cuarto.
—No. —Puse mi mano sobre su brazo para detenerlo—. Tenía curiosidad, eso es todo. —No soné sincero y lo sabía—. Gracias por contarme.
—Nada de eso. —Con mucho cuidado se puso en pie.
—Oh, —dije, como si una idea se me acabara de ocurrir—. ¿Podrías hacerme un favor? —Él asintió con la cabeza y le hice un gesto más de cerca—. Estoy preocupado de que Hespe pudiera terminar hablando de nuestro trabajo para el Maer. Si los bandidos escuchan que los estamos cazando, las cosas se pondrán diez veces más difíciles. —Un aire culpable cruzó su rostro—. Estoy bastante seguro de que ella no lo mencionaría, pero ya sabes cómo a las mujeres les gusta hablar.
 —Entiendo, —dijo rápidamente cuando se puso de pie—. Voy a hablar con ella. Es mejor tener cuidado.
El violinista con cara de halcón terminó su baile, y todos aplaudieron y patearon y martillaron con los jarros vacíos en sus mesas. Suspiré y me froté la cara en mis manos. Cuando miré hacia arriba vi a Marten en la mesa contigua a la mía. Se tocó con los dedos a la frente y asintió con la cabeza en un pequeño saludo. Me dio una leve inclinación de cabeza, sentado. Siempre es bueno tener un público agradecido.

lunes, 17 de octubre de 2011

Capitulo76


Hola! bueno este capitulo lo traduje yo, se que lo iba a subir ayer pero creo que tenia un poco de sueño atrasado por el evento que organize y cuando baje por leche me sente un momento en el sillon y me quede dormida jaja ahora tengo gripa por que me desperto mi mama hasta las tres de la mañana para que me subiera a mi cama XD
Bueno en fin dadas las fechas de la salida del libro llegaremos hasta el capitulo 90, hacen falta todos los capitulos siguientes para traducir, ahora si ya es la recta final asi que me gustaria que pidieran capitulos quienes de verdad se comprometan a no demorarse mucho, de otra manera no sera posible :D
Ademas esta parte que viene nose, creo que no se deveria leer con muchas pausas :)

Capitulo 76
Yesca


El sol comenzaba a ponerse para el momento en que encontramos un buen lugar para acampar en la segunda noche. Dedán fue a buscar de leña. Marten empezó a cortar las zanahorias y las patatas y envío a Hespe a llenar con agua el  cazo  para cocinar. Yo ocupaba la pequeña pala de Marten para cavar un hoyo para nuestro fuego.
Sin haberle preguntado, Tempi cogió una rama y ocupo su espada para rayar finas tiras de madera seca para usarlas de yesca. Desenvainada, su espada todavía no parecía muy impresionante. Sin embargo, dada la facilidad con que estaba pelando tiras de madera finas como el papel, debe haber estado afilada como una navaja de afeitar.
Terminé revistiendo el pozo con piedras. Sin decir palabra, Tempi me entregó un puñado de yesca.
Asentí con la cabeza. — ¿Te gustaría usar mi cuchillo? —Pregunté, con la esperanza de atraerlo a un poco de conversación. Apenas había compartido una docena de palabras con él en los últimos dos días.
Los ojos claros de color gris de Tempi miraron el cuchillo en mi cinturón y luego a su espada. Él negó con la cabeza, inquietud nerviosa.
— ¿No es malo para el borde? —Le pregunté.
El mercenario se encogió de hombros, evitando mi mirada.
Empecé a encender el fuego y fue entonces fue cuando cometí mi primer error.
Como he dicho, hubo un enfriamiento en el aire y todos nosotros estábamos cansados. Así que en lugar de pasar media hora poco a poco cuidando una chispa hasta volverla una fogata decente, arreglé ramas alrededor de la yesca de Tempi y luego apile palos cada vez más grandes a su alrededor, haciendo un apretado paquete de racimos de madera.
Dedán regresó con otra brazada de leña justo cuando estaba terminando. —Encantador, —se quejó, lo suficientemente quedo para que pudiera fingir que estaba hablando consigo mismo, pero lo suficientemente alto para que todos pudieran escuchar—. Y estas a cargo. Maravilloso.
— ¿Que tienes atrapado entre dientes ahora? —Preguntó Marten, con voz cansada.
—El muchacho está haciendo un pequeño fuerte de madera, no un fuego. —Dedán suspiró dramáticamente y luego asumió un tono que probablemente pensaba que era paternal, pero le salió como profundamente condescendiente—. Eh, te voy a ayudar. Una chispa nunca se mantendrá en eso. ¿Tienes pedernal y acero? Te voy a mostrar cómo utilizarlos.
A nadie le gusta que hablen haciéndolo menos, pero tengo una particular aversión a ello. Dedán fue dejando en claro por dos días que él pensaba que yo era un idiota.
Di un suspiro de cansancio. Mi más antiguo, más cansado que el mundo, suspiro. Así era como tenía que jugar. Él pensó en mí como joven e inútil. Tenía que sacar a relucir el punto de que yo no era nada de eso. —Dedan, —le pregunté— ¿Qué sabes tú de mí?
Me dio una mirada en blanco.
— Sabes una cosa sobre mí —Dije con calma—. Sabes que el Maer me puso a cargo. —Yo le miré a los ojos—. ¿Es el Maer un idiota?
Dedán hizo un gesto desdeñoso. —Por supuesto que no, yo estaba diciendo. . .
Me levanté y me arrepentí de ello, ya que sólo puso en contraste cuan más alto era él. — ¿El Maer me habria puesto a cargo si yo fuera un idiota?
Me dio una sonrisa sincera, tratando de hacer pasar dos días de murmullos despectivos como una especie de malentendido. —Ahora, no retuerzas así  las---
Yo levanté la mano. —Esto no es tu culpa. Tú simplemente no sabes nada de mí. Pero no perdamos tiempo con ello esta noche. Todos estamos cansados. Por el momento, ten la seguridad de que no soy un rico hijo de herrerillo, que esta fuera por diversión.
Tome una pisca de un de la fina yesca de Tempi entre mis dedos y me concentré. Saqué más calor de lo que necesitaba y sentí que mi brazo se enfriaba todo hasta el hombro. —Y ten la seguridad de que sé cómo encender un fuego.
Las peladas piezas de madera se prendieron fuego, quemándose ardientes y repentinamente, atrapando el resto de la yesca y haciendo saltar las llamas casi instantáneamente.
Yo quería que fuera un gesto dramático para que Dedán dejara de pensar en mí como un niño inútil. Sin embargo, el tiempo que pasé en la universidad me había entorpecido. Iniciar un fuego como ese era tan simple como ponerse las botas para un miembro del Arcano.
Dedán, por otra parte, nunca había conocido a un arcanista y probablemente no había estado nunca ni a ochocientos kilómetros de la Universidad. Todo lo que sabía acerca de la magia era de historias de hoguera.
Así que cuando el fuego ardió, se puso pálido como una hoja y dio varios pasos repentinos hacia atrás. Miro por todo el mundo como si de repente hubiera llamado a una rugiente flama de fuego como Táborlin el Grande.
Entonces vi a Marten y Hespe usando la misma expresión, la superstición nativa Vintica escrita claramente en sus rostros. Sus ojos se fueron vacilantes al fuego, luego de vuelta a mí. Yo era uno de esos. Me metía con los poderes oscuros. Llamaba a los demonios. Me comía el queso entero, incluyendo la corteza.
Mirando a sus caras atónitas, me di cuenta de que nada de lo que dijera los tranquilizaría con facilidad. No en este momento. Así que en vez de ello suspiré y comencé a arreglar mi saco de dormir para pasar la noche.
Aunque no hubo mucha conversación alegre alrededor del fuego esa noche, no hubo murmullos de Dedán tampoco. Me habría gustado respeto, pero en su defecto, un poco de sano miedo puede ser una manera larga de hacer que las cosas funcionen bien.


***

Dos días sin un nuevo dramatismo por mi parte ayudaron a que todos se relajaran. Dedán era todavía todos los faroles y bravuconadas, pero había dejado de llamarme "muchacho" y sólo se quejaba a medias por mucho, por lo que lo consideré una victoria.
Envalentonado con este tibio éxito, me decidí a hacer un esfuerzo activo para atraer a Tempi a una conversación. Si yo iba a estar a cargo de este pequeño grupo, necesitaba saber más sobre él. Lo que es más importante, necesitaba saber si podía hablar más de cinco palabras seguidas.
Así que me acerqué al mercenario Adem cuando nos detuvimos para la comida del mediodía. Estaba sentado un poco aparte del resto de nosotros. Él no estaba distante. Es sólo que el resto de nosotros nos sentábamos y hablamos mientras comíamos. Tempi, por el contrario, simplemente comió.
Pero hoy hice un punto en sentarme junto a él con mi almuerzo: un trozo de salchicha dura y unas patatas frías. —Hola, Tempi.
Levantó la mirada y asintió con la cabeza. Por un segundo alcancé a ver sus ojos de color gris pálido. Luego miró hacia otro lado, moviendose sin cesar. Se pasó la mano por el cabello y por un segundo me recordó a Simmon. Los dos tenían la misma complexión delgada y pelo rubio. Simmon no era tan tranquilo, aunque. A veces, apenas podía obtener una palabra en canto con Sim.
Había intentado hablar con Tempi antes, por supuesto. Una pequeña charla común: el tiempo, dolor en los pies después de caminar un largo día, la comida. Estas habían venido a terminar en nada. En el mejor de los casos, una o dos palabras. Más a menudo un guiño o un encogimiento de hombros. Pero lo más común era una mirada en blanco seguida de inquietud y una obstinada negativa a hacer tanto como mirarme a los ojos.
Así que hoy tenía una táctica de conversación. —He oído historias acerca del Lethani, —le dije—. Me gustaría saber más. ¿Me puedes decir al respecto?
Los ojos claros de Tempi se encontraron con los míos brevemente, su expresión siguió en blanco. Luego me miró de nuevo. Tiró de una de las correas de cuero rojo que sujetaba la camisa cerca de su cuerpo y jugueteó con la manga. —No. No voy a hablar sobre Lethani. No es para usted. No preguntes.
Apartó los ojos de mí otra vez, hacia el suelo.
Las conté en mi cabeza. Dieciséis palabras. Eso respondía a una de mis preguntas, al menos.

martes, 11 de octubre de 2011

Capitulo 75

Holaaaa Bueno aqui esta el capitulo 75! traducido por Laura Arrias! q anda de regreso por aqui :) 
De hecho me lo mando ayer pero lo vi hasta hoy en la mañana solo que hasta ahorita pude subirlo, tengo que terminar un proyecto para un evento de este mismo sabado, asi que no he podido encargarme de esos detallitos que hacen al blog funcionar como Dios manda estos ultimos dias , de todos modos me dare algun tiempo mañana y haber, bueno hemos estado teniendo capitulos y capitulos diario aun asi ultimamente asi que bueno pasando el sabado estare a su entera dispocicion otra vez :)
 
Capitulo 75
Los Jugadores

Durante las siguientes horas de caminata, hice mi mejor esfuerzo por conocer a los hombres que Alveron me había adjudicado. Hablo en sentido figurado, por supuesto, ya que uno de ellos era una mujer y los cinco en total estábamos en marcha.
Tempi fue el primero en llamarme la atención y en quien la mantuve por más tiempo, ya que era el primer mercenario Adem que había conocido. Lejos de ser el imponente, asesino de mirada dura que yo esperaba, Tempi era mejor dicho difícil de describir, ni particularmente alto ni corpulento. Él era de piel clara con cabello claro y tenía los ojos de un color gris pálido. Su expresión estaba en blanco como un papel nuevo. Extrañamente en blanco.  Meticulosamente en blanco.
Sabía que los mercenarios Adem vestían ropas de color rojo-sangre como una especie de distintivo. Pero el traje de Tempi era diferente de lo que esperaba. Su camisa estaba ajustada contra su cuerpo por una docena de correas de un suave cuero. Sus pantalones, también, estaban bien apretados en el muslo, pantorrilla y rodilla. Todo estaba teñido del mismo rojo brillante y sangriento y le ajustaba cómoda y abrigadamente como el guante de un caballero. Mientras el día se hacía más caluroso, noté que Tempi estaba empezando a sudar. Después de vivir en el aire frío y de montaña en Stormwal, el clima le debió haber parecido desproporcionadamente caliente. Una hora antes del mediodía, soltó las correas de cuero de su camisa y se la quitó, usándola para secar el sudor de su cara y los brazos. Ni siquiera pareció estar un poco cohibido por recorrer el Camino del Rey con el torso desnudo.
La piel de Tempi era tan pálida que era casi de color crema, y su cuerpo delgado y elegante como el de un sabueso de caza, con sus músculos moviéndose bajo su piel con una gracia animal. Traté de no mirar fijamente, pero mis ojos no podían dejar de divisar las delgadas y pálidas cicatrices que cruzaban sus brazos, pecho y espalda. Él nunca soltó una palabra de queja por el calor. Cualquier tipo de palabra parecía extraña viniendo de él y respondía la mayoría de las preguntas asintiendo o negando con la cabeza. Llevaba un macuto como el mío y su espada, lejos de ser intimidante, parecía más bien corta e insignificante.
Dedan era tan diferente de Tempi como un solo hombre puede ser del otro. Él era alto, ancho y grueso de pecho y cuello. Llevaba una pesada espada, un largo cuchillo y vestía un mal emparejado conjunto de armadura de cuero hervido, lo suficiente dura como para golpearla y a menudo remendarla. Si alguna vez has visto a un guardia de caravana, entonces  has visto a Dedan, o al menos a alguien cortado del mismo rollo de tela.
Él era el que más comía, el que más se quejaba, el que más maldecía y tenía una terquedad más gruesa que una ancha tabla de madera de roble. Pero para ser justos, también tenía una modo de ser amigable y se reía con facilidad. Tuve la tentación de creerlo un estúpido, debido a sus modales y a su tamaño, pero Dedan tenía un ágil ingenio cuando se molestaba en usarlo.
Hespe era una mujer mercenaria. No tan rara criatura como algunos piensan. En apariencia y equipamiento ella era el espejo de Dedan. El cuero, la pesada espada, la sabia actitud de mundo ligeramente gastada por el clima. Ella tenía anchos hombros, manos fuertes y un rostro orgulloso, con una mandíbula como un ladrillo. Su cabello era rubio y fino, pero corto, como un hombre.
Sin embargo, el verla como una versión femenina de Dedan fue un error. Ella era reservada en donde Dedan era todo un bravata. Y mientras Dedan era fácil de llevar cuando no estaba de mal genio, en Hespe había una vaga dureza, como si estuviera constantemente esperando a que alguien le causara problemas.
Marten era el mayor de todos nosotros, nuestro rastreador. Vestía poco cuero, más suave y mejor cuidado que el de Dedan o Hespe. Llevaba un cuchillo largo, otro corto y un arco de cazador.
Marten había trabajado como cazador antes de caer en desgracia con el baronet, cuyos bosques él había resguardado. El trabajo de mercenario era un trabajo muy pobre en comparación, pero le daba para comer. Su habilidad con el arco le hizo valioso a pesar del hecho de que él no estaba cerca de ser tan físicamente imponente como Dedan o Hespe.
Ellos tres habían formado una asociación libre hace unos meses y habían estado vendiendo sus servicios como un grupo desde entonces. Marten me dijo que habían hecho otros trabajos para el Maer, el más reciente de los cuales involucraba explorar algunas de las tierras alrededor de Tinuë.
Me tomó cerca de diez minutos el darme cuenta de que Marten debió ser el líder de esta expedición. Él tenía más conocimiento de la vida en el bosque que todo el resto de nosotros juntos e incluso, había cazado hombres por recompensas, una o dos veces. Cuando le comenté esto, negó con la cabeza y sonrió, diciéndome que el ser capaz de hacer algo y querer hacerlo en realidad eran dos cosas muy diferentes.
De último estaba yo: su valiente líder. En la carta de introducción del Maer me había descrito como "un joven perspicaz de buena educación y diversas cualidades útiles". Si bien esto era absolutamente cierto, también me hizo sonar como el más miserablemente inútil de la corte dandi existente.
No ayudando en el asunto el hecho de que yo era más joven que cualquiera de ellos por años y vistiendo ropa más adecuada para una cena que para el camino. Llevaba mi laúd y el bolso del Maer. No llevaba espada, ni armadura, ni cuchillo.
Me atrevo a decir que ellos no sabían muy bien qué pensar de mí.



***

El sol estaba a una hora de ponerse cuando pasamos a un calderero en el camino. Vestía la tradicional túnica marrón, atada con una larga cuerda. No tenía una carreta, pero guiaba a un burro tan cargado de paquetes de rarezas que parecía un hongo.
Se abrió camino lentamente hacia nosotros, cantando:

Si reparación no necesita y nada necesita atender
If you need no mending, and nothing needs tending.


Un hombre sabio aun verá el momento adecuado para gastar.
A wise man will still see the right time for spending.


Disfrute de la luz del sol,
Enjoy the sunshine,


Pero, aunque podría sentirse bien,
But though you might feel fine,


Si no se detiene ahora, se llenará de pesar.
If you don't stop now, you'll be filled with regret.


Es mejor simplemente pagar,
It's better to simply pay,


Y prepararse para un día lluvioso
And prepare for a rainy day


Que pensar en el calderero cuando estas chorreando empapado
Than think of the tinker when you're dripping wet



Me eché a reír y aplaudí. Los propiamente característicos caldereros viajeros son una raza de gente poco frecuente y yo siempre me alegré de ver a uno. Mi madre me dijo que traían suerte, y mi padre los había apreciado por sus novedades. El hecho de que estuviera desesperadamente necesitado de algunos objetos hizo que este encuentro fuera tres veces bienvenido.
 —Ho, Calderero —dijo Dedan, sonriendo—. Necesito fuego y una cerveza. ¿Cuánto tiempo falta antes de que encontremos  una posada?
El calderero señaló el camino por donde él había venido. —Ni veinte minutos de caminata. —Miró a Dedan—. Pero puedes decirme que no hay nada que necesites, —advirtió él—.Todo el mundo necesita algo.
Dedan negó cortésmente con la cabeza. —Le ruego me disculpe, Calderero. Mi bolso está  muy vacío.
— ¿Y qué me dice usted? —El calderero me miró de arriba abajo—. "Pareces un joven que quiere algo.
—Yo si necesito un par de cosas, —admití. Al ver a los demás mirando con nostalgia por el camino, les indiqué con un gesto—.Adelántense, —les dije—. Estaré con ustedes en unos minutos.
Mientras ellos se encaminaban, el calderero se frotó las manos, sonriendo. "—Ahora bien, ¿qué es lo que está buscando?
—Un poco de sal, para empezar.
—Y una caja en donde ponerla, —dijo mientras comenzaba a hurgar en los paquetes de su burro.
—También podría utilizar un cuchillo, si usted tiene uno que no sea muy difícil de llevar.
—Especialmente si se están dirigiendo al Norte, —dijo sin perder el ritmo—. Un camino peligroso ese. No se podría estar sin un cuchillo.
 — ¿Tuvo algún problema? —Pregunté, con la esperanza que él supiera algo que pudiera ayudarnos a encontrar a los bandidos.
—Oh no, —dijo mientras buscaba a través de sus paquetes—. Las cosas no están tan mal como para que a alguien se le ocurriera poner las manos sobre un calderero. Aun así, es un mal tramo de camino. —Sacó un largo y estrecho cuchillo en una funda de cuero y me lo entregó—. Acero de Ramston.
Lo saqué de su funda y le di a la hoja un vistazo de cerca. Era acero de Ramston. —No necesito algo tan fino, —dije, devolviéndoselo—. Lo estaré sometiendo al uso diario, para comer en su mayoría."
—El Ramston es excelente para el uso diario, —dijo el calderero colocándolo de nuevo en mis manos—. Puede usarlo para cortar leña y luego afeitarse con él si lo desea. Mantiene el filo por siempre.
—Podría tener que usarlo para trabajos duros, —aclaré—. Y el Ramston es frágil.
—Es eso, —admitió el calderero con facilidad—.Como mi padre siempre solía decir, "El mejor cuchillo que alguna vez tendrás hasta que se rompa". Pero lo mismo se podría decir de cualquier cuchillo. Y para decir verdad,  es el único cuchillo que tengo.
Suspiré. Yo sé cuando estoy siendo despellejado. —Y un yesquero.
Él me lo tendió casi antes de que terminara de decirlo. —No pude dejar de notar que tienes un poco de tinta de los dedos. —Señaló hacia mis manos—. Tengo un poco de papel aquí, de excelente calidad. Pluma y tinta también. No hay nada peor que tener una idea para una canción y no ser capaz de escribirla. —Me tendió un paquete de cuero que contenía papel, plumas y tinta.
Negué con la cabeza, sabiendo que el bolso del Maer sólo se vaciaría más. —Creo que he terminado de componer canciones por un tiempo, Calderero.
Se encogió de hombros, todavía resistiéndose. —Entonces para escribir cartas. Conozco a un tipo que se tuvo que cortar una vena una vez para escribirle una nota a su amada. Dramático, es verdad. Simbólico, sin duda. Pero también doloroso, antihigiénico y un poco más que  macabro. Ahora el lleva pluma y tinta con él donde quiera que vaya.
Sentí que la sangre abandonaba mi rostro cuando las palabras del calderero me recordaron algo más que había olvidado en mi apuro de abandonar Severen: Denna. Todos los pensamientos sobre ella habían sido forzados a salir de mi mente debido a mi conversación con el Maer sobre los bandidos, dos botellas de un fuerte vino y una noche sin dormir. Me había marchado sin decirle una palabra después de nuestra terrible pelea. ¿Qué pensaría ella si le hablé con tanta crueldad y luego simplemente desaparecí?
Yo ya estaba a un día completo de viaje lejos de Severen. No podía volver sólo para decirle que me marchaba, ¿verdad? Lo consideré por un momento. No. Además, la misma Denna había desaparecido durante días sin ningún aviso. Seguramente ella entendería si yo hiciera lo mismo…
Estúpido. Estúpido. Estúpido. Mis pensamientos giraban mientras trataba de decidir entre mis varias desagradables opciones.
El violento hee haa del burro del calderero me sobresaltó y me vino un pensamiento. —¿Se está dirigiendo hacia Severen, Calderero?
—Más a través que hacia Severen, —dijo—. Pero sí.
—Acabo de recordar que necesito enviar una carta. Si se la entrego a usted, ¿podría entregarla en una posada en particular?
Él asintió lentamente. —Pudiera, —dijo—. Teniendo en cuenta de que usted va a necesitar papel y tinta... —Él sonrió, agitando de nuevo el paquete.
Hice una mueca. —Los necesitaré, Calderero. Pero, ¿cuánto va a costarme este lote?"
El calderero miró los acumulados objetos. —La sal y la caja: cuatro sueldos. Cuchillo: quince sueldos. Papel, plumas y tinta: Dieciocho sueldos. Yesquero: Tres sueldos.
Y la entrega de la carta, le dije.
Una urgente entrega, —dijo el calderero sonriendo un poco—. Para una dama, a menos que equivoque la expresión de su rostro.Asentí.
—Bien, —se frotó la barbilla—. Por lo general, le diría unos treinta y cinco luego tendríamos un agradable y relajado regateo en el que me lo rebaja a treinta.
El precio era razonable, especialmente considerando lo difícil que era encontrar un buen papel. Aún así, era una tercera parte del dinero que el Maer me había dado. Necesitaríamos ese dinero para la comida, alojamiento y otros suministros.
Pero antes de que pudiera decir algo, el calderero continuó. —Ahora puedo decir que es demasiado para su tranquilidad, —dijo—. Y espero que no me crea muy atrevido por decir esto, pero esa que lleva puesta es una capa muy fina. Siempre estoy dispuesto a hacerle a un compañero un intercambio.
Conscientemente, tiré de mi preciosa capa color borgoña alrededor mío. —Supongo que estaría dispuesto a renunciar a ella, —le dije, sin tener que fingir pesar en mi voz—. Pero eso me dejaría sin capa. ¿Qué voy a hacer cuando llueva?
—No hay problema, —dijo el calderero. Sacó un bulto de tela de un paquete y lo levantó para que yo viera. La tela había sido negra alguna vez, pero el largo uso y las muchas lavadas la habían descolorido en un verde oscuro.
—Está un poco raída, —le dije, llevando un dedo a una costura deshilachada.
—Solo está rota de ahí, eso es todo, —dijo con facilidad, extendiéndola sobre mis hombros—. "Le ajusta bien. Un buen color para usted, resalta sus ojos. Además, no quiere mostrarse demasiado adinerado, no con todos esos bandidos en el camino."
Suspiré. — ¿Qué me darás a cambio? —Le pregunté, entregándole mi hermosa capa—. Esa capa no tiene ni un mes de uso, imagínese y nunca le ha caído una gota de lluvia.
El calderero pasó las manos sobre mi hermosa capa. — ¡Tiene todo tipo de pequeños bolsillos! —Dijo con admiración—. ¡Eso es simplemente encantador!
Toque la delgada tela de la capa del calderero. —Si añade aguja e hilo, le cambiaré mi capa por el lote, —le dije con repentina inspiración—. Además le daré un penique de hierro, un penique de cobre y un penique de plata.
Sonreí. Era una miseria. Pero eso es lo que los caldereros en las historias piden cuando intercambian alguna pieza fabulosa de magia a un ingenuo hijo de una viuda cuando éste se va para hacer su fortuna por el mundo.
El calderero echó la cabeza hacia atrás y rió. —Yo estaba a punto de sugerir lo mismo, —dijo. Luego arrojó mi capa sobre su brazo y estrechó mi mano con firmeza.
Busqué en mi bolso y le entregué un dabrín de hierro, dos medios peniques vinticos y, para mi agradable sorpresa, un penique Atur. Este último fue una suerte para mí, ya que sólo valía una fracción de una vintica moneda de plata. Vacié la docena de bolsillos de mi capa borgoña en mi macuto y recogí mis nuevas posesiones.
Entonces le escribí una rápida carta a Denna, explicándole que mi mecenas me había enviado lejos inesperadamente. Me disculpé por las imprudentes cosas que le había dicho y le dije que me reuniría con ella tan pronto como estuviera de vuelta en Severen. Me hubiera gustado tener más tiempo para redactarla. Me hubiera gustado dar una disculpa más sutil, una explicación más detallada, pero el calderero había terminado de empaquetar mi hermosa capa y obviamente estaba ansioso por continuar  su camino.
No teniendo lacre para sellar la carta, use un truco que había inventado mientras escribía notas en nombre del Maer. Doblé el pedazo de papel contra sí mismo, y luego lo metí junto entre sí de tal manera que sería necesario romper el papel con el fin de desdoblarlo de nuevo.
Se la entregué al calderero. —Es para una hermosa mujer de cabello oscuro con el nombre de Denna. Ella se está hospedando en "Las Cuatro Velas" en Severen Bajo.
—Eso me recuerda, —exclamó mientras se guardaba la carta en el bolsillo—. Velas. —Metió la mano en la alforja y sacó un puñado de velas de grasa de sebo—. Todo el mundo necesita velas.
Lo gracioso era, que si podría utilizar algunas, aunque no por las razones que él pensaba.
—También tengo un poco de cera para sus botas, —continuó, hurgando en sus paquetes—. Tenemos fuertes lluvias en esta época del año.
Levanté mis manos, riendo. —Te daré un sueldo por cuatro velas, pero no puedo permitirme pagar más. Si esto continua así tendré que comprar su burro sólo para llevar el lote conmigo.
—Como quiera, —dijo encogiéndose de hombros con facilidad—. Un placer hacer negocios con usted, joven señor.

lunes, 10 de octubre de 2011

Capitulo 74


Holaa! bueno aqui esta este capitulo traducido por Arispell!!! :) Vamos pidan capitulos! ya es el ultimo mes que estamos juntos awww! jeje ayy que sentimental se oye eso pero siiip xD

Capitulo 74
Rumores

El día después de que pelee con Denna, me desperté pasada la tarde, sintiéndome miserable por todas las obvias razones. Comí y me bañe, pero el orgullo me contuvo de ir hacia Severen Bajo a buscar a Denna. Envié un anillo a Bredon, pero el mensajero regreso con la noticia que el estaba aun lejos del palacio.
Así que abrí una botella de vino y comencé a hojear a través de la pila de historias que se iban acumulando lentamente en mi habitación. La mayoría de ellas eran escandalosas y malévolas. Pero su mezquinad mejoro mi humor y me ayudo a distraerme de mi propia miseria.

Así aprendí que el previo conde Banbride no había muerto de vejez, sino que de sífilis contraída de una mano amorosa estable. Lord Veston era adicto a la resina de Denner y el dinero recaudado para el mantenimiento del camino real había pagado su hábito.
El Barón Anso les había pagado a algunos oficiales para evitar un escándalo cuando su hija menor fue descubierta en un burdel. Había dos versiones de esta historia, una donde ella se estaba vendiendo y otra donde ella estaba comprando. Guarde esa información para un uso futuro.
Yo había comenzado una segunda botella de vino cuando leí que la joven Natalia Lackless había escapado con una trouppe de artistas viajeros. Sus padres la habían repudiado, por supuesto, dejando a Meluan como única heredera de las tierras de los Lackless. Eso explicaba el odio de Meluan hacia los Ruh y me hizo doblemente feliz el que no hubiese hecho pública mi sangre Edena acá en Severen.
Habían tres historias distintas del como el Duque de Cormisant montó en cólera, sobrepasando a quienquiera que estuviese cerca, incluyendo a su esposa, su hijo y algunos invitados a cenar. Había una breve nota explicativa de cómo el rey y la reina mantenían depravadas orgías en sus jardines privados, escondidos de los ojos de la corte real.

Incluso Bredon tenía una aparición. Se decía que guiaba rituales paganos en los espesos bosques fuera de sus tierras norteñas. Se les describía con tal extravagancia y meticulosos detalles que me pregunte si no los habían copiado directamente de las páginas de alguna vieja novela romántica Aturana.
Leí hasta bien entrada la noche, y solo había avanzado la mitad de la pila de historias cuando termine la botella de vino. Estaba a punto de enviar un mensajero por otra cuando escuche el suave flujo de aire desde la otra habitación que anunciaba la entrada de Alveron a mis habitaciones a través de su pasadizo secreto.
Yo pretendí verme sorprendido cuando entro a la habitación. —Buenas tardes, su merced —dije a medida que me levantaba.
—Siéntate si lo deseas —dijo brevemente.
Permanecí parado por deferencia, ya que había aprendido que es mejor errar por el lado de la formalidad con el Maer. — ¿Cómo van progresando las cosas con su dama? —pregunte. De los rumores excitados de Stapes yo sabía que las cosas rápidamente iban a llegar a un final.
—Hicimos un compromiso formal hoy —dijo distraídamente—. Firmamos papeles y todo eso. Esta hecho.
—Si me perdona por decirlo, su merced, no parece muy complacido.
El me dio una amarga sonrisa. —Yo supongo que has escuchado acerca del problema en los caminos últimamente.
—Solo rumores, su merced.
El resoplo. —Rumores que he intentado mantener acallados. Alguien ha estado acechando a mis recolectores de impuestos en el camino del norte.
Eso era serio. — ¿Recolectores, su merced? —pregunte, remarcando el plural—. ¿A cuántos han atacado?
El Maer me dio una dura mirada que me permitió apreciar lo impropio de mi pregunta. —Los suficientes. Más que suficientes. Este es el cuarto que he perdido. Cerca de la mitad de mis impuestos del norte han sido tomados por los asaltantes. —El me dio una seria mirada—. Las tierras de Lackless están en el norte, lo sabes.
— ¿Usted piensa que los Lackless están secuestrando a sus recaudadores?
El me dio una mirada atónito. — ¿Qué? No, no. Son bandidos en el páramo.
Me sonroje por vergüenza. — ¿Ha enviado a sus patrullas merced?
—Por supuesto que he enviado patrullas —rugió—. He enviado una docena. No han encontrado ni un campamento. —Se detuvo y me miro—. Sospecho que alguien en mi guardia esta coludido con ellos. —Su expresión era grave.
—Asumo que su merced le ha dado escoltas a sus recolectores.
—Dos por cabeza —dijo—. ¿Tú sabes cuánto cuesta reemplazar una docena de guardias? ¿Armaduras, armas, caballos? —El suspiro—. Y mas encima, solo una parte de los impuestos son míos, el resto pertenece al rey.
Yo asentí cuando entendí. —No creo que el este muy contento.
Alveron movió una mano despectivamente. —OH, Roderic tendrá su dinero sin contratiempos. El me hace personalmente responsable por sus impuestos. Así que estoy forzado a enviar recolectores de nuevo para reunir la parte de su majestad por segunda vez.
—No creo que eso le agrade mucho a la mayoría de las personas —dije.
—No lo hace. —Él se sentó en una suave silla y se froto la cansada cara—. Estoy corto de ingenio en el asunto. ¿Cómo mirare a Meluan si no puedo mantener mis propios caminos seguros?
Yo también me senté, de cara a el. — ¿Qué hay de Dagon? —pregunte—. ¿No podría el encontrarlos?
Alveron me dio un ladrido sin humor que recordaba una risa. —OH, Dagon los encontraría. El hubiese puesto sus cabezas en picas en diez días.
— ¿Entonces porque no lo envía? —pregunte, confundido.
—Porque Dagon es un hombre de líneas rectas. El arrasaría una docena de villas y prendería fuego a mil acres de paramos para encontrarlos. —El agito su cabeza seriamente—. Incluso pensé en asignarle esta tarea, pero el esta rastreando a Caudicus en este momento. Por otro lado, yo creo que debe haber magia trabajando en el páramo, y eso esta fuera del alcance de Dagon.
Yo sospechaba que única magia trabajando era la de media docena de los robustos arcos modeganos. Pero esta en la naturaleza de las personas gritar magia cuando se enfrentan con algo que no pueden fácilmente explicar, especialmente en Vintas.
Alveron se inclino en su asiento. — ¿Puedo confiar en tu ayuda con esto?
Había solo una respuesta a eso. —Por supuesto, su merced.
— ¿Sabes mucho de la vida en el bosque?
—Yo estudie con un pequeño terrateniente cuando era más joven —exagere, suponiendo que el estaba buscando a alguien para ayudar a otorgar una mejor defensa para sus recolectores—. Se lo suficiente para rastrear a un hombre y esconderme.
Alveron alzo una ceja. — ¿En serio? Eres poseedor de una educación diversa, ¿Cierto?
—He tenido una interesante vida, su merced. —La botella de vino que había bebido me hacia mas audaz que de costumbre, y agregue—. Tengo una idea o dos que podría encontrar de ayuda para tratar con su problema de bandidos.
El se adelanto en su silla. —Cuéntame.
—Yo podría poner alguna protección arcana para sus hombres. —Hice un movimiento con los largos dedos de mi mano derecha, esperando verme suficientemente místico. Hice malabares con números en mi cabeza y me pregunte cuanto tiempo tomaría crear un atrapa flechas usando solo el equipamiento de la torre de Caudicus.
Alveron asintió pensativamente. —Eso sería suficiente si solo me interesase la seguridad de mis recolectores. Pero este es el camino del rey, una arteria mayor de comercio. Necesito erradicar a los bandidos mismos.
—En ese caso —dije—, Reuniría un pequeño grupo que supiesen hacer su camino calladamente en un bosque. Ellos no tendrían muchos problemas en localizar sus bandidos. Cuando lo hagan, seria un asunto simple enviar su guardia a atraparlos.
— ¿Mas fácil aun poner una emboscada y matarlos, no quieres decir? —dijo Alveron lentamente, como si analizase mi reacción.
—O eso —admití—. Su merced es el brazo de la ley.
—La muerte es la pena para los bandidos. Especialmente en el camino del rey —dijo Alveron firmemente—. ¿Eso te parece muy cruel?
—Últimamente no —dije, mirándolo directamente a los ojos—. Los caminos seguros son los huesos de la civilización.
Alveron me sorprendió con una repentina sonrisa. —Tu plan es la misma imagen que el mío. He reunido un puñado de mercenarios para hacer justo lo que has sugerido. Me he tenido que mover en secreto, ya que no se quien puede estar enviando a esos bandidos las advertencias. Pero tengo cuatro buenos hombres listos para partir mañana, un rastreador, dos mercenarios con algo de habilidad en bosques y un mercenario de Adem. El último no salió barato que digamos.
Yo le di una inclinación de cabeza de felicitaciones. —Usted ya lo había planeado mejor de lo hubiese podido, su merced. Difícilmente parece como si necesitase de mi ayuda.
—Por el contrario —dijo—. Aun necesito a alguien con sentido común para liderarlos. —El me dio una mirada cargada de significado—. Alguien que entienda magia. Alguien en quien pueda confiar.
Sentí una repentina sensación de ahogo.
Alveron se levanto, sonriendo calidamente. —Dos veces me has servido más allá de toda expectativa. ¿Estas familiarizado con la expresión “la tercera es la vencida”?
De nuevo, había solamente una respuesta razonable a esa pregunta. —Si, su merced.

***

Alveron me llevo a sus habitaciones, y miramos los mapas del país donde sus hombres se habían perdido. Había un largo tramo del camino del rey que atravesaba los paramos que ya eran viejos cuando Vintas no era mas que un puñado de balbuceantes reyes marineros. Estaba a un poco más de trece kilómetros de distancia. Podíamos estar ahí en cuatro días de rápida caminata.
Stapes me otorgo un nueva bolsa de viajes y yo empaque tan bien como me fue posible. Tome unas pocas de las ropas más prácticas de mi guardarropa, aunque aun eran mas finas para un salón de bailes que para el camino. Empaque unas pocas cosas que había extraído del laboratorio de Caudicus el último tiempo y le di a Stapes una lista de cosas esenciales de las que carecía y el las obtuvo mas rápidamente que un tendedero en un almacén.
Finalmente, a la hora que solo los más desesperados y deshonestas personas están despiertas, Alveron me dio una bolsa que contenía cien monedas de plata. —Esta es una problematica forma de manejarlo. Dijo Alveron—. Normalmente te daría un pergamino para que muestres a los ciudadanos para que te ayuden y asistan. —Se encogió de hombros—. Pero usar algo así mientras viajas es tan bueno como hacer sonar una trompeta anunciando tu llegada.
Yo asentí. —Si son lo suficientemente inteligentes para tener un espía entre su guardia, es seguro asumir que tienen conexiones con la población local también, su merced.
—Ellos pueden ser la población local —dijo sobriamente.
Stapes me saco del palacio a través del mismo pasaje secreto que el Maer usaba para entrar a mis habitaciones. Portando  una lámpara de ladrón, me llevo a través de algunos pasajes retorcidos, entonces bajamos un largo trecho de oscuras escaleras que llegaban a lo profundo de las piedras del acantilado.
Entonces me encontre parado solo en una fría bodega de una tienda abandonada de Bajo Severen. Estaba en la sección de la ciudad que había sido arrasada por el fuego algunos años atrás y los pocos edificios que permanecían de pie se estiraban como oscuros huesos contra la pálida luz del amanecer.
Me aleje del refugio quemado del edificio. Además, el palacio del Maer colgaba del borde del acantilado como algún pájaro de presa.
Yo escupí, no muy cómodo con mi posición, reclutado-presionado al servicio mercenario. Mis ojos estaban grisáceos por mi noche sin dormir y mi largo viaje a través de los pasadizos retorcidos en el acantilado. El vino que había bebido no me estaba ayudando tampoco. En las últimas horas podía sentir como se me iba la borrachera y aumentaba la resaca lentamente. Nunca había estado despierto a través de todo el proceso antes y no era placentero. Me las arregle para mantener las apariencias frente a Alveron y Stapes, pero el hecho era que mi estomago estaba agrio y mis pensamientos eran densos y lentos.
El aire frió previo al amanecer aclaro mi cabeza un poco y al avanzar cien pasos comencé a pensar en las cosas que había olvidado incluir en la lista que le había dado a Stapes. El vino no me había favorecido ahí. No tenía pedernal, sal o un cuchillo…
Mi laúd. No lo había cogido de la tienda del laudista desde que había arreglado su clavija suelta. ¿Quién sabía cuanto tiempo cazaría bandidos para el Maer? ¿Cuánto tiempo estaría sin reclamarlo hasta que el hombre decidiera que lo había abandonado?
Me aleje tres kilómetros de mí camino, pero encontre la tienda del laudista oscura y sin vida.  Golpee en la puerta sin respuesta. Entonces, después de una indecisión momentánea, irrumpí y lo robe. Aunque difícilmente parecía ser un robo, dado que el laúd era mío para comenzar y ya había pagado las reparaciones.
Tuve que escalar un muro, forzar una ventana y abrir dos candados. Eran cosas simples, pero dada mi cabeza con sueño y abombada debido al vino, probablemente fuese afortunado por no caerme del techo y romperme el cuello. Pero a pesar de un pedazo flojo de teja que puso mi corazón a correr, las cosas iban suavemente y volví a mi camino en veinte minutos.
Los cuatro mercenarios que Alveron había reunido estaban esperando en una taberna dos millas al norte de Severen. Hicimos unas breves introducciones y nos marchamos inmediatamente, dirigiéndonos al norte por el camino del rey.
Mis pensamientos estaban tan lentos que estaba a kilómetros al norte de Severen antes de que comenzase a reconsiderar unas pocas cosas. Solamente entonces se me ocurrió que el Maer pudo haber sido menos que completamente honesto en todo lo que me había dicho la noche anterior.
¿Era ciertamente la mejor persona para liderar un puñado de rastreadores en un bosque desconocido para matar una banda de asalta caminos? ¿El Maer realmente pensaba eso de mí?
No. Por supuesto que no. Era halagador, pero simplemente no cierto. El Maer tenía acceso a mejores recursos que ese. La verdad era que el probablemente quería a su asistente de dulce lengua fuera del camino ahora que tenia a Lady Lackless en la mano. Fui un tonto por no notarlo antes.
Así que el me envió sobre el errando de un tonto para sacarme de su sombra. El esperaba que pasase un mes cazando esos gansos salvajes en lo profundo del bosque del páramo y entonces regresara con las manos vacías. La bolsa tenía más sentido también. Cien monedas nos mantendrían aprovisionados por un mes más o menos. Entonces, cuando se me acabara el dinero, me vería forzado a regresar a Severen donde el Maer chasquearía su lengua en desagrado y usaría mi fallo como una excusa para ignorar alguno de los favores que había acumulado.
Por otro lado, si yo tenia suerte y encontraba a los bandidos, todo mejor. Era exactamente el tipo de plan por el que le daba crédito al Maer. No importaba lo que sucediera, el tendría algo que quería.
Era irritante. Pero difícilmente podía volver a Severen y confrontarlo. Ahora que me había comprometido, no había nada que hacer excepto hacer lo mejor en mi situación.
A medida que caminaba hacia el norte, mi cabeza me zapateaba y mi boca se resecaba, decidí que sorprendería al Maer de nuevo. Cazaría a sus bandidos.
Entonces la tercera vez seria la vencida, y el Maer Alveron bien y ciertamente estaría en deuda conmigo.

sábado, 8 de octubre de 2011

Capitulo 73

Este capitulo fue traducido por Marcelo, realmente se esforso muchisimo en hacerlo perfecto y tambien me pidio que mencionara a su amiga Raquel Villón que le ayudo mucho en la traduccion!!
Bueno pues aqui esta, si si quiera dire como es el capitulo por que no se como describirselos.
Okay rapidamente en otras cosas estoy preparando una entrada que sea como una pequeña clase sobre las reglas mas basicas para usar guiones ya que me lo an pedido.
 
Capitulo 73
Sangre y Tinta

En la Teofanía, Teccam escribe sobre los secretos, llamándolos dolorosos  tesoros de la mente. Explica que lo que la mayoría de las personas  conoce como secretos realmente no es nada por el estilo. Los misterios,  por ejemplo, no son secretos. Tampoco son los hechos poco conocidos o  las verdades olvidadas. Un secreto, Teccam explica, es el verdadero  conocimiento oculto activamente.
Los  filósofos han hecho objeciones acerca de su definición por siglos.  Apuntan a los problemas lógicos con él, las lagunas, las excepciones.  Pero en todo este tiempo ninguno de ellos se las ha arreglado para  tener una mejor definición. Eso, quizá, nos dice más que todas las  sutilezas combinadas.
En  otro capítulo posterior, menos discutido y menos conocido, Teccam explica  que hay dos tipos de secretos. Hay secretos de la boca y secretos  del corazón.
La  mayoría de los secretos son secretos de la boca. Chismes compartidos y  escándalos pequeños murmurados. Estos secretos anhelan ser dejados  sueltos sobre el mundo. Un secreto de la boca es como una piedra en la  bota. Al principio uno apenas es consciente de que la tiene. Luego crece irritante y se vuelve intolerable. Los secretos de la boca crecen aún más grandes cuanto más tiempo se los guarda, hinchándose hasta que presionan contra los labios. Luchan por ser liberados.
Los  secretos del corazón son diferentes. Son privados y dolorosos y no queremos nada más que ocultarlos al mundo entero. No se hinchan y presionan contra la boca. Viven en el corazón y cuanto más tiempo se guardan, más pesados se vuelven.
Teccam  afirma que es mejor tener la boca llena de veneno que un secreto del corazón. Cualquier tonto escupirá veneno, dice, pero acumulamos estos tesoros dolorosos. Tragamos duro contra ellos todos los días,  forzándolos hacia lo profundo dentro de nosotros. Allí se sientan, cada  vez más pesados, supurando. Con suficiente tiempo, no pueden evitar aplastar el corazón que los sostiene.
Los  filósofos modernos desprecian a Teccam, pero son buitres hurgando en  los huesos de un gigante. Objeta todo lo que quieras, Teccam comprendía  la forma del mundo.

***

El  día después que había seguido Denna a través de la ciudad, ella me envió una nota y la encontré fuera de Las Cuatro Velas. Nos habíamos  encontrado docenas de veces allí en el último ciclo, pero hoy algo era  diferente. Hoy Denna llevaba un vestido largo y elegante, no en capas y  cuello alto como en la moda actual, sino ajustado y abierto en el cuello. Era  de un azul intenso y cuando dio un paso pude vislumbrar un largo tramo  de su pierna desnuda debajo.
El  estuche de su arpa se inclinaba contra la pared detrás de ella y tenía  una expresión expectante en sus ojos. Su oscuro cabello era brillante en  la luz del sol, sin adornos a excepción de tres trenzas atadas con una  estrecha cuerda azul. Estaba descalza y sus pies estaban manchados de  hierba. Ella sonrió.
—Esta lista, —dijo, la emoción repiqueteo a través de su voz como un trueno  distante. —Lista lo suficiente como para tocarte una parte de cualquier modo.  ¿Quieres oírla?— Noté un poco de timidez bien escondida en su voz.
Como  ambos estábamos trabajando para mecenas que valoraban su privacidad,  Denna y yo no solíamos hablar de nuestro trabajo. Comparamos nuestros dedos manchados de tinta y lamentamos nuestros apuros, pero  sólo de manera vaga.
—Nada me gustaría más que escucharte, —le dije mientras Denna cogía el  estuche de su arpa y empezó a bajar la calle. Eche a andar a su lado—.  ¿Pero a tu mecenas no le molestará?
Denna  se encogió de hombros demasiado casual. —Dice que quiere que mi primera  canción sea algo que los hombres canten durante cien años, así  que dudo que quiera que se mantenga para siempre embotellada. —Ella me  dio una mirada de reojo—. Vamos a ir a un lugar privado y te dejaré  escucharla. Siempre y cuando no vayas gritándola desde los tejados, Debería ser segura.
Nos  pusimos en marcha hacia la puerta occidental por acuerdo tácito. —Me  habría traído a mi laúd, —dije—, pero finalmente encontré un reparador de laudes en  el que confío. He mandado a arreglar esa clavija suelta.
—Me  servirías mejor como audiencia hoy, —dijo ella—. Siéntate extasiado de  admiración mientras toco. Mañana te miraré yo, toda con ojos llorosos con el asombro.  Me maravillaré de tu destreza, ingenio y encanto. —Ella movió su arpa a  su otro hombro y me sonrió—. Siempre que no los dejaras para que los arreglen en la  tienda.
—Siempre estoy para un dueto, —le sugerí—. Arpa y laúd es raro pero no imposible.
—Eso está finamente formulado. —Ella me miró de reojo—. Pensare sobre eso.
Como me había sucedido una docena de veces antes, luché contra el impulso de  decirle que había recuperado su anillo de Ambrose. Quería contarle la  historia de la misma, con errores y todo. Pero estaba bastante seguro de  que el impacto romántico de mi gesto se vería disminuido por el final  de la historia, donde efectivamente había empeñado el anillo antes de que dejara Imre. Es mejor mantenerlo en secreto por ahora, pensé y  sorprenderla con el propio anillo.
—Así que ¿qué pensarías, —le pregunté, —de contar con el Maer Alveron como tu mecenas?
Denna se detuvo y se volvió a mirarme. — ¿Qué?
—Actualmente estoy en su favor, —le dije—. Y me debe un favor o dos. Sé que has estado buscando un mecenas.
—Yo tengo un mecenas, —dijo con firmeza—. Uno que me he ganado por mi propia cuenta.
—Tú tienes un medio mecenas, —protesté—. ¿Dónde está el escrito de  patrocinio? Tu Maestro Fresno podría ser capaz de darte algún apoyo  financiero, pero la mitad más importante de un patrón es su nombre. Es  como una armadura. Es como una llave que abre…
—Yo sé cómo funciona un mecenazgo, —dijo Denna, cortándome.
—Entonces  sabes que el tuyo te está estafando, —le dije. —Si el Maer hubiera  sido tu mecenas cuando las cosas iban mal en la boda, nadie en ese pequeño pueblo se hubiera atrevido a alzar la voz contra ti, por no  hablar de su mano. Incluso a un millar de kilómetros de distancia el  nombre del Maer te habría protegido. El té hubiera mantenido a salvo. 
Un  mecenas puede ofrecer más que un nombre y dinero, —dijo Denna con un  filo en su voz. —Estoy bien, sin el amparo de un título y honestamente,  me irrita que alguien quisiera vestirme con sus colores. Mi mecenas me da otras  cosas. Él sabe las cosas que necesito saber. —Ella me dio una mirada  irritada cuando sacudió su cabello sobre su hombro. —Te he dicho todo  esto antes. Estoy contento con él por el momento.
—  ¿Por qué no tener ambos? —le sugerí—. El Maer en público y tu Maestro Fresno en secreto. Seguramente no podía oponerse a eso. Alveron  probablemente podría aun mirar a este otro tipo por ti, asegurarse de que no está tratando de ganarte con falsas…
Denna  me miró horrorizada. —No. Dios no. —Se volvió hacia mí, su expresión  seria—. Prométeme que no trataras de averiguar nada sobre él. Podría  arruinarlo todo. Tú eres el único al que se lo he dicho en todo el mundo, pero estaría furioso si supiera que lo había mencionado a  alguien. 
Sentí un extraño brillo del orgullo en esto. —Si realmente lo prefirieres yo no...
Denna  se detuvo y se puso el estuche de su arpa abajo en el pavimento donde  hizo un ruido hueco. Su expresión era muy seria. —Prométemelo.
Probablemente no habría estado de acuerdo si no hubiera pasado la mitad de la noche anterior siguiéndola por la ciudad con la esperanza de descubrir esto  mismo. Pero tuve que. Luego la había escuchado a escondidas, también.  Así que hoy estaba prácticamente sudando con la culpa. 
—Te  lo prometo, —le dije. Cuando su expresión de ansiedad no se evaporó  añadí, — ¿no confías en mí? Lo juraré, Si eso te deja más tranquila.
—  ¿Sobre qué lo jurarías? —Preguntó, empezando a sonreír otra vez—. ¿Qué  es lo suficientemente importante que te hará sujetarte a tu palabra? —
— ¿Mi nombre y mi poder? —le dije.
—Eres muchas cosas, —dijo secamente—. Pero tú no eres Táborlin el Grande.
— ¿Mi buena mano derecha? —le sugerí.
— ¿Sólo una mano? —preguntó ella, la alegría arrastrándose vuelta a su  tono. Estiró la mano y tomó mis manos entre las suyas, dándoles la  vuelta y haciendo un espectáculo de inspeccionarlas de cerca. —Me gusta  la de la izquierda mejor, —decidió—. Jura por esta.
— ¿Mi buena mano izquierda? —le pregunté dubitativamente.
—Muy bien, —dijo—. La derecha. Eres un tradicionalista.
—Juro  que no tratare de descubrir a tu mecenas, —dije con amargura. —Lo juro  sobre mi nombre y mi poder. Lo juro por mi buena mano izquierda. Lo juro  por la luna siempre en movimiento.
Denna  me miró de cerca, como si no estuviera segura si me estaba burlando de  ella. —Muy bien, —dijo con un encogimiento de hombros, recogiendo su  arpa—. Considérame tranquilizada.
Empezamos  a caminar de nuevo, moviéndonos a través de las puertas occidentales  hacia el campo. El silencio entre nosotros se extendía, comenzando a  crecer incómodo.
El silencio puede tornarse incomodo, dije la primera cosa que me  vino a la mente. —Así que, ¿hay nuevos hombres en tu vida?
Denna  se rió entre dientes bajo en su garganta. —Hablas como el Maestro Fresno.  Él siempre está preguntando por ellos. No creo que ninguno de mis  pretendientes sean lo suficientemente buenos para mí.
No podría estar más de acuerdo, pero decidí que no sería prudente decirlo. —Y ¿qué piensa de mí?
— ¿Qué? —me preguntó, confusa—. Oh. Él no sabe de ti, —dijo. ¿Por qué habría de hacerlo?
Traté  de dar un encogimiento de hombros indiferente, pero no pude haber sido  muy convincente cuando ella se echó a reír. —Pobre Kvothe. Te estoy  tomando el pelo. Yo sólo le digo acerca de los que vienen rondando  alrededor, jadeando y olfateando como perros. Tú no eres como ellos. Siempre has sido diferente.
—Siempre me he enorgullecido de mi falta de jadeos y olfateos.
Denna  giró su espalda y dejó que su arpa balanceándose me golpeara en broma. —Tú  sabes lo que quiero decir. Van y vienen con poca ganancia o pérdida. Tú  eres el oro detrás de la escoria arrastrada por el viento. El Maestro  Ash podría pensar que tiene derecho a saber sobre mis asuntos  personales, mis idas y venidas. —Ella frunció el ceño un poco—. Pero no  lo tiene. Estoy dispuesta a concederle un poco de eso, por ahora…
Extendió la mano y se apoderó de mi brazo posesivamente. —Pero tú no eres parte  del acuerdo, —dijo, su voz casi feroz—. Tú eres mío. Sólo mío. Yo no tengo la intención de compartirte.
La  tensión momentánea pasó y nos fuimos de la amplia carretera al oeste lejos de Severen, riendo y hablando de cosas pequeñas. Media milla más  allá la última posada de la ciudad era un parche en la tranquilidad de los árboles con una sola piedra gris alta situada en el centro. La habíamos encontrado mientras buscábamos fresas silvestres y se había convertido en uno de  nuestros lugares favoritos para escapar del ruido y el olor de la  ciudad.
Denna se sentó a la base de la piedra gris y puso su espalda contra ella.  Luego saco su arpa fuera de su estuche y la puso cerca de su pecho, haciendo que su vestido se recogiera y expusiera una cantidad escandalosa de la pierna. Ella arqueó una ceja y me sonrió como si supiera exactamente  lo que estaba pensando.
—Linda arpa, —dije con toda tranquilidad.
Resopló sin delicadeza alguna.
Me senté donde me encontraba, extendiéndome cómodamente sobre la hierba  larga y fresca. Tiré de algunas hebras fuera de la tierra y empecé a  retorcerlas en una trenza distraídamente.
Honestamente,  yo estaba nervioso. A pesar de que habíamos pasado mucho tiempo juntos  en el último mes, yo nunca había escuchado a Denna tocar algo de su propia creación. Habíamos cantado juntos y sabía que tenía una voz como la  miel sobre pan caliente. Sabía que sus dedos estaban seguros y tenía el cronometraje de un músico...
Pero escribir una canción no es lo mismo que tocar una. ¿Qué pasaría si la suya no era buena? ¿Qué le diría?
Denna extendió sus dedos a las cuerdas y mis preocupaciones se desvanecieron con el fondo. Siempre me ha parecido algo poderosamente erótico la  forma en que una mujer pone sus manos en un arpa. Ella comenzó un  glisseo rodando por los hilos de mayor a menor. El sonido de eso era  como martillos sobre campanas, como el agua sobre las piedras, como el  canto de los pájaros en el aire.
Paró  y afinó una cuerda. Tiró, afinó. Ella tocó la fibra fuerte, una cuerda  dura, un acorde prolongado, luego se volvió a mirarme, flexionando los  dedos nerviosamente. — ¿Estás listo?
—Eres increíble, —dije.
La vi sonrojarse un poco y después cepillar su cabello para ocultar su reacción. —Bobo. No he tocado nada aun. 
—Eres increíble a pesar de todo.
—Silencio.  —Ella tocó fuerte una cuerda y dejó que se desvaneciera en una  silenciosa melodía. A medida que subía y bajaba, habló de la introducción de su canción. Me sorprendió con una apertura tradicional.  Sorprendido, pero contento. Las viejas costumbres son las mejores.

Acérquense y escuchen bien, 
Porque tengo una historia de tragedia que contar. 
Yo canto de la propagación de una sombra sutil,
A través de una tierra y del hombre,
Quién le dio la mano a un fin que pocos podrían soportar. 
Buen Lanre: despojado de su esposa, de la vida, del orgullo.
Sin embargo nunca de su propósito se alejó.
Que luchó contra la marea y, cayó y fue traicionado.


Al  principio fue su voz lo que captó mi respiración, luego fue la música. Pero antes de que diez líneas hubieran salido de sus labios  estaba pasmado por razones diferentes. Ella cantó la historia de la caída de Myr Tariniel. De la traición de Lanre. Era la historia que  había oído de Skarpi en Tarbean.
Pero  la versión de Denna era diferente. En su canción, Lanre fue pintado en tonos trágicos, un héroe usado injustamente. Las palabras de Selitos eran crueles y mordaces, Myr Tariniel una madriguera que fue mejor para  el fuego purificador. Lanre no era traidor, sino un héroe caído.
Así  que mucho depende de donde se deja una historia, y ella terminó cuando Lanre fue maldecido por Selitos. Fue el final perfecto para una  tragedia. En su historia Lanre fue tratado injustamente, incomprendido.  Selitos era un tirano, un monstruo loco que arrancó su propio ojo con  furia ante el engaño ingenioso de Lanre. Estaba terriblemente,  dolorosamente mal.
A  pesar de esto, tenía los primeros atisbos de la belleza de ella. Los  acordes bien elegidos. La rima sutil y fuerte. La canción era muy fresca  y había partes ásperas en abundancia, pero podía sentir la forma de la  misma. Vi lo que podría llegar a ser. Que convertiría, las mentes de los hombres. Lo cantarían durante cien años.
Probablemente  la has escuchado, a decir verdad. Mucha gente lo ha hecho. Ella termino llamándola “El Cantar de los Siete Dolores”. Sí. Denna la compuso y yo era la primera persona en escucharla tocarla entera. 
Cuando las últimas notas se desvanecieron en el aire, Denna bajó las manos, dispuesta a encontrarse con mi mirada.
Estaba sentado, inmóvil y en silencio sobre la hierba.
Para  que esto tenga sentido, tienes que comprender algo que cada músico sabe. Cantar una nueva canción es una cosa nerviosa. Más que eso. Es  terrorífico. Es como desvestirse por primera vez en frente de un nuevo  amante. Es un momento delicado.
Necesitaba decir algo. Un elogio. Un comentario. Una broma. Una mentira. Cualquier cosa era mejor que el silencio.
Pero  yo no podría haber estado más sorprendido si ella hubiera escrito un  himno alabando al duque de Gibea. El choque fue simplemente demasiado  para mí. Me sentía crudo como el pergamino reutilizado, como si cada  nota de su canción hubiera sido otro golpe rápido de un cuchillo, raspando  hasta que estuve completamente en blanco y sin palabras.
Miré  hacia abajo calladamente a mis manos. Todavía sujetaban el semicírculo  formado de hierba verde que había estado tejiendo cuando la canción  comenzó. Era una trenza ancha y plana que ya empezaba a curvarse en  forma de un anillo.
Sin  dejar de mirar hacia abajo, oí el rumor de las faldas de Denna mientras  ella se movía. Tenía que decir algo. Yo ya había esperado demasiado  tiempo. Había demasiado silencio en el aire.
—El  nombre de la ciudad no era Mirinitel —dije sin levantar la vista. No era la peor cosa que podría haber dicho. Pero no era la cosa correcta para decir. Hubo una pausa—.
— ¿Qué?
—No  Mirinitel, —repetí—. La ciudad que Lanre quemó era Myr Tariniel.  Perdona que te lo diga. Cambiar un nombre es un trabajo duro. Se  arruinará la métrica en una tercera parte de tus versos. —Me sorprendió  lo tranquilo de mi voz, la forma plana y lo muerta que sonaba en mis  oídos.
La oí tomar aliento sorprendida. — ¿Tú has oído la historia antes?
Miré  a Denna, su expresión emocionada. Asentí con la cabeza, todavía me sentía curiosamente en blanco. Vacío. Hueco como una calabaza seca. —  ¿Qué te hizo escoger esta canción? —le pregunté.
Tampoco  era lo correcto para decir, o bien. No puedo evitar sentir que si  hubiera dicho la cosa correcta a ese momento, todo habría resultado de manera diferente. Pero incluso ahora, después de muchos años de pensar,  no puedo imaginar lo que podría haber dicho que podría haber hecho las cosas bien.
Su  entusiasmo se desvaneció un poco. —He encontrado una versión de la misma en un libro viejo cuando estaba haciendo investigación genealógica para mi mecenas, —dijo—. Casi nadie la recuerda, así que es perfecta  para una canción. No es que el mundo necesite otra historia acerca de  Oren Velciter. Nunca voy a dejar mi huella repitiendo lo que otros  músicos ya han hecho antes más de un centenar de veces.
Denna  me miró con curiosidad. —Pensé que iba a ser capaz de sorprenderte con algo nuevo. Nunca me hubiera imaginado que ya habrías oído hablar de  Lanre.
—La escuché hace muchos años, —dije aturdido. —De un viejo narrador de cuentos en Tarbean.
—Si  yo tuviera la mitad de tu suerte... — Denna movió la cabeza con  desaliento. —Tuve que armarla de un centenar de pequeños desechos. —Hizo un gesto conciliador—. Yo y mi mecenas, debería decir. Él esta ayudado.
—Tu  mecenas, —dije. Sentí una chispa de emoción cuando lo mencionó. Hueco como estaba, fue sorprendente cuán rápidamente la amargura se extendió a  través de mis entrañas, como si alguien hubiera encendido un fuego  dentro de mí.
Denna  asintió con la cabeza. —El fantacea consigo mismo con ser un poco de un historiador, —dijo—. Creo que está pescando para una cita en la corte. No sería el primero en congraciarse dirigiendo una luz sobre el antepasado heroico perdido hace mucho tiempo de alguien. O tal vez él está tratando de inventar un antepasado heroico para sí mismo. Eso  explicaría la investigación que hemos estado haciendo en las genealogías antiguas.
Vaciló por un momento, mordiéndose los labios. —La verdad es, —dijo, como si  confesara algo—. Casi sospecho que el tema es para el mismo Alveron. El  Maestro fresno ha insinuado que ha tenido negocios con el Maer. —Ella me dio una sonrisa pícara—. ¿Quién sabe? Manejándote en los círculos en los que estas. Podrías ya haber conocido a mi mecenas y ni siquiera lo sabes.
Mi  mente pasó sobre los cientos de nobles y cortesanos a quienes había  conocido de paso durante el último mes, pero era difícil concentrarse en sus caras. El fuego en mi interior se extendía hasta mi pecho entero estaba lleno de él.
—Pero  basta de esto, —dijo Denna, agitando las manos con impaciencia. Empujó  su arpa y cruzó sus piernas para sentarse con las piernas cruzadas sobre  la hierba. —Me estas tomando el pelo. ¿Qué te parece?
Bajé  la vista hacia mis manos y ociosamente acaricie la trenza plana de  verde hierba que había tejido. Era suave y fría entre mis dedos. No  podía recordar cómo había planeado unir los extremos para formar un  anillo.
—Sé  que tiene algunas partes ásperas, —escuché decir a Denna, su voz llena de  excitación nerviosa. —Voy a tener que arreglar ese nombre que tú has  mencionado, si estás seguro de que es el correcto. El inicio es áspero y el séptimo verso es un desastre, lo sé. Tengo que ampliar las batallas y su relación con Lyra. El final necesita ajuste. Pero en general, ¿qué  te parece?
Una vez que ella la alisara, sería brillante. Una canción tan buena como las que mis padres podrían haber escrito, pero eso sólo empeoró las cosas.
Me  temblaban las manos y me quedé sorprendido por lo difícil que era hacer que se detuvieran. Aparté la mirada de ellas, hasta Denna. Su nerviosa excitación se desvaneció cuando vio mi cara.
—Vas a tener que rehacer algo más que el nombre. —Traté de mantener mi voz tranquila—. Lanre no era un héroe.
Ella me miró extrañamente, como si no pudiera decir si le estaba haciendo una broma. — ¿Qué?
—Tienes todo el asunto mal, —dije—. Lanre era un monstruo. Un traidor. Es necesario que lo cambies. —
Denna echó hacia atrás su cabeza y se rió. Cuando no me uní a ella, inclinó su cabeza, perpleja. — ¿Hablas en serio? —
Asentí con la cabeza.
El  rostro de Denna fue duro. Sus ojos se estrecharon y su boca formuló una  delgada línea. —Tienes que estar bromeando. —Su boca se movía en  silencio por un momento y luego sacudió la cabeza. —No tendría ningún  sentido. Toda la historia se cae a pedazos si Lanre no es el héroe.
—No es sobre lo que hace una buena historia —dije—. Es acerca de lo que es verdad.
—  ¿Verdad? —Ella me miró con incredulidad—. Esto es sólo un viejo cuento  popular. Ninguno de los lugares son reales. Ninguna de las personas son reales. Es lo mismo que te ofendieras conmigo por hacer una nueva estrofa para "Calderero Curtidor".
Podía  sentir palabras crecientes en mi garganta, calientes como un fuego de  chimenea. Me las tragué hacia el fondo fuertemente en contra ellas. —Algunas historias son sólo  historias, —estuve de acuerdo—. Pero no ésta. No es tu culpa. No hay  manera de que pudieras haber…
—Oh bien, gracias, —dijo mordazmente—. Estoy tan contenta de que esto no es mi culpa.
—Muy bien, —dije bruscamente—. Es tu culpa. Deberías haber hecho más investigación.
—  ¿Qué sabes tú acerca de la investigación que hice? —preguntó ella—. ¡No tienes la menor idea! ¡He estado por todo el mundo desenterrando las  piezas de esta historia!
Fue lo mismo que mi padre había hecho. Había comenzado a escribir una  canción sobre Lanre, pero su investigación lo llevó a los Chandrian.  Había pasado años persiguiendo medio olvidadas historias y desenterrando rumores. Él quería que su canción dijera la verdad sobre ellos y ellos habían matado a mi troupe entera para ponerle fin.
Miré  hacia abajo a la hierba y pensé acerca del secreto que había guardado  durante tanto tiempo. Pensé en el olor de la sangre y el pelo quemado. Pensé en el óxido y el fuego azul y los cuerpos destrozados de mis  padres. ¿Cómo podría explicarle algo tan grande y horrible? ¿Dónde podría empezar? Podía sentir el secreto en lo profundo de mí, enorme y  pesado como una piedra.
—En  la versión de la historia que escuché, —dije, tocando el borde lejano  del secreto—. Lanre llegó a ser uno de los Chandrian. Debes tener  cuidado. Algunas historias son peligrosas.
Denna  me miró durante un momento largo. — ¿Los Chandrian? —Dijo con  incredulidad. Entonces se echó a reír. No era su risa encantadora de  costumbre. Esta era aguda y llena de burla. ¿Qué clase de niño eres?
Sabía  exactamente lo infantil que me hizo parecer. Sentí que me sofocaba de  vergüenza, todo mi cuerpo de repente sentía pinchazos de sudor. Abrí la  boca para hablar y sentía como grietas al abrir la puerta de un horno. —  ¿Yo Soy como un niño? —Escupí—. Qué sabes tú de algo, tu estúpida... —Casi  mordí hasta cortarme la punta de mi lengua para no gritar la palabra puta.
—Crees saberlo todo, ¿no es así? —ella exigió. —Tú has estado en la Universidad por lo que crees que el resto de nosotros…
— ¡Deja de buscar excusas para estar molesta y escúchame! —la espete. Las palabras salían de mí como el hierro fundido—. ¡Estás teniendo un  arranque de cólera como una pequeña niña mimada!
—No  te atrevas. —Me pinchó con un dedo—. No me hables como si yo fuera  algún tipo de chica de campo estúpida. ¡Sé cosas que no enseñan en tu preciosa Universidad! ¡Cosas secretas! ¡No soy una idiota!
—  ¡Estás actuando como una idiota! —Grite con tanta fuerza que las  palabras hirieron mi garganta—. ¡No te callas el tiempo suficiente para  escucharme! ¡Estoy tratando de ayudarte!
Denna se sentó en el centro de un silencio frío. Sus ojos eran duros y  planos. —De eso se trata, ¿no es así? —Dijo con  frialdad—. Sus dedos se movían en su cabello, cada movimiento de sus  dedos rígidos con irritación. Desató sus trenzas, las alisó hacia fuera,  y luego distraídamente las ató con un patrón diferente. —Odias que yo  no acepte tu ayuda. No puedes soportar que no te permita corregir cada pequeña cosa en mi vida, ¿es eso?
—Bueno quizás alguien tiene que arreglar tu vida. —Le espete—. Has hecho un buen lío de ella hasta ahora, ¿no?
Ella seguía sentada, muy quieta, sus ojos furiosos. — ¿Que te hace pensar que sabes algo sobre mi vida?
—Sé  que tienes tanto miedo de acercarte a cualquier persona que no puedes  permanecer en la misma cama cuatro días seguidos, —dije, casi sin saber lo que estaba diciendo de todas formas. Palabras de enojo salieron de mí como la  sangre de una herida—. Yo sé que vives toda tu vida quemando puentes detrás de ti. Sé que resuelves tus problemas corriendo…
— ¿Que te hace pensar que tu consejo vale un fino trozo de una maldición, de todos modos? —Denna estalló—. Hace  medio año tú tenías un pie en una zanja. El cabello todo desgreñado y sólo tres camisas harapientas. No había un noble en un centenar de  kilómetros de Imre que meara sobre ti si estuvieras en llamas. Tuviste  que correr miles de kilómetros para tener la oportunidad de un mecenas.
Mi  cara ardía de vergüenza por su mención de mis tres camisas y sentí mi cólera encenderse ardiente otra vez. —Tienes razón, por supuesto, —le  dije sarcásticamente—. Tu estas mucho mejor. Estoy seguro de que tu  mecenas estaría perfectamente feliz de mear sobre ti…
—Ahora  llegamos al corazón de esto, —dijo levantando sus manos al aire—. No  te gusta mi mecenas, ya que me podrías conseguir uno mejor. No te gusta  mi canción, porque es diferente de la que conoces. —Cogió el estuche de  su arpa, sus movimientos eran rígidos y enojados—. Eres igual que todos los  demás.
— ¡Estoy tratando de ayudarte!
—Estás tratando de arreglarme, —dijo Denna resueltamente cuando guardaba su arpa. —Estás tratando de comprarme. Para organizar mi vida. Quieres  retenerme como si fuera tu mascota. Como si fuera tu perro fiel.
—Yo nunca pensaría en ti como un perro, —dije, dándole una sonrisa  brillante y frágil. —Un perro sabe escuchar. Un perro tiene suficiente  sentido común para no morder la mano que está tratando de ayudarle.
Nuestra conversación descendió en espiral desde allí.

***

En  este punto de la historia estoy tentado a mentir. Para decir que hablé de estas cosas en una rabia incontrolable. Que me sentí abrumado por el  dolor de la memoria de mi familia asesinada. Estoy tentado a decir que sentí el sabor de ciruela y nuez moscada. Entonces tendría una excusa…
Denna respondió del mismo modo, herida y furiosa y mordaz como yo. Los dos  estábamos orgullosos y llenos de ira y con la certeza inquebrantable de la juventud. Nos dijimos las cosas que nunca habríamos dicho de otra  manera, y cuando nos marchamos, no partimos juntos.
Mi  temperamento estaba caliente y amargo como una barra de hierro fundido.  Se quemó mientras caminé todo el camino de regreso a Severen. Se  quemó cuando me abrí paso por la ciudad y esperé los elevadores de  mercadería. Ardió sin llama cuando anduve con paso majestuoso a través  de las propiedades del Maer y cerré de golpe la puerta a mis  habitaciones detrás de mí.
No fue sino horas después que se enfrió lo suficiente para lamentar mis  palabras. Pensé en lo que podría haberle dicho a Denna. Pensé en decirle cómo mi troupe fue asesinada, sobre los Chandrian.
Decidí  que le escribiría una carta. Yo lo explicaría todo, no importaría cuán absurdo o increíble pareciera. Saqué pluma y tinta y coloqué una  hoja de papel blanca y fina sobre el escritorio.
Bajé la pluma y traté de pensar cómo podría empezar.
Mis  padres habían muerto cuando yo tenía once años. Fue un evento tan  grande y terrible que me había conducido casi a la locura. En los años posteriores, nunca había contado a nadie esos eventos. Nunca los había susurrado en una habitación vacía. Era un secreto al que me había  agarrado con tanta fuerza durante tanto tiempo que cuando me atreví a  pensar en él, estaba tan pesado en mi pecho que apenas podía respirar.
Mojé  la pluma otra vez, pero ninguna palabra vino. Abrí una botella de vino,  pensando que podría soltar el secreto dentro de mí. Dadme algo que puedan sostener mis manos para poder rezar. Bebí hasta que la  habitación giró y la punta de la pluma estaba cubierta de la tinta seca.
Horas  más tarde, la hoja en blanco aún se me quedó mirando y golpeé mi puño contra la mesa con furia y frustración, golpeando con tanta fuerza que mi mano sangraba. Así es como un secreto pesado puede llegar a ser. Puede hacer que fluya la sangre más fácil que la tinta.